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ANÁLISIS Y OPINIÓN

“No se puede resolver la economía laboral porque la agenda política está cooptada por empresas y sindicalistas clase A”

La definición es de Leo Bilanski, presidente de la Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC) y Director del sitio web “Mundo Empresarial”.

Pablo Maradei

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En una entrevista con este medio analizó el rol de los sindicatos, habló de empleo y de cómo generarlo, y también expuso las desigualdades empresarias. “Hay tres tipos de empresarios: los de las multinacionales, los de las Pymes y las cooperativas de la economía popular. Excepto los primeros, el resto somos el relleno de la economía. Por eso nos maltratan de esa manera”, asegura.

¿Cuál es tu mirada de los sindicatos?

—Coexisten tres tipos de organizaciones gremiales: la CGT de Héctor Daer que representa a los sindicatos clase A; después tenés a los periféricos nucleados en la Corriente Federal. Y finalmente a la UTEP con los trabajadores de la economía popular. Cada uno puja como puede desde su lugar: unos por sobrevivir; y otros por sostener privilegios. Los clase A están sosteniendo la agenda de cuarta categoría (NdR: la discusión por Ganancias), mientras que los de clase B no llegan a fin de mes. No digo que no sea genuino, pero fíjate por ejemplo los bancarios: ganan más ingresos por el Día de su Actividad que lo que gana un trabajador clase C que labura seis meses corridos. A mi me parece insensible: me genera una profunda injusticia social; más aún me genera una profunda injusticia social la falta de solidaridad entre los propios trabajadores. Ahí hay que sentarse y encontrar la casa común porque no son justas esas situaciones. No digo que no sean legales, pero ¿qué le podemos dar a otros si nosotros no damos el ejemplo?

Te llevo al terreno del empleo y el rol de los sindicatos que pareciera no estar a la altura: está a la vista que cada vez son más los que se caen del sistema “Clase A” puesto en tus términos. ¿Por dónde debería ir la solución para reactivar el trabajo?

—No se puede resolver la economía laboral porque desde hace años que la agenda política está cooptada por las empresas y los sindicalistas clase A que quieren inventar la calesita: siempre gira en círculos, pero quieren ver si puede girar de otra manera con alguna alquimia. Pero la única manera de generar empleo de manera masiva es a través de las pequeñas y medianas empresas; y esto es lo que no se discute.

—En los hechos, ¿cómo sería?

—Primero darnos lugar en la mesa de discusión porque tanto la UIA como AEA o el Coloquio de IDEA y la Mesa de Enlace no nos representan. En segundo término si no creás Pymes, no creás empleos: con la pandemia de Macri perdimos 25.000 empresas y con el CoVid otras 21.000; lo que implica 500.000 puestos de trabajo menos. Y no recuperas eso bajando los impuestos patronales al norte grande porque el 50% está en el conurbano y CABA. Tercero: crear empresas dándoles mercados. Te pongo un ejemplo con el rubro cervezas: existen dos empresas extranjeras que tienen el 97% del mercado nacional y hay 600 Pymes que operan en el 3%. Si bajás del 97 al 94 por ciento la participación de esas dos empresas, creás 600 nuevas Pymes.

—Pero, ¿cómo lo bajás? La gente consume lo que desea consumir…

—Con la Ley de Góndolas. El tema es que desde hace un año que está en el Ejecutivo parada. Y ahí está el tema: al no haber voz de nosotros no está el condicionamiento natural por lo tanto el Poder Ejecutivo se toma la atribución de tomarse una tolerancia porque esto debió haber salido a los tres meses de haberse convertido en ley. Y esto a su vez tiene consecuencias reales en la economía: la inflación fue del 36% cuando debió haber sido del 30 por ciento.

—Ahora bien, los movimientos sociales, que fueron promotores de la misma, ¿por qué no salen a la calle frente a este año de retraso? ¿Porque ahora son parte del Gobierno?

—Porque el Gobierno no quieren que salga la ley. Es una cuestión de los equilibrios de la República. El Gobierno habla todos los días con AEA y el G6; no así con las Pymes; y son justamente los que no quieren que haya Ley de Góndola.

—Tomo a Juan Grabois que representa a cooperativistas que son Pymes y en algunos casos a productores chicos que podrían abastecer supermercados y es escuchado en el Gobierno…

—Coincidimos en que el espacio político es parte de la alianza del Frente de Todos, el Movimiento Evita está en el Gobierno. Grabois puede decir lo que quiera, pero es parte del Gobierno. Yo estoy como empresario en el mercado y él está en el Estado; además es un dirigente partidario.

—¿Considerás que el Consejo Económico y Social traerá una solución a esto sabiendo que Marcelo Fernández, de CGERA, participa en nombre de las Pymes?

—A nosotros (NdR: Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino, ENAC), nos convocaron, pero no somos consejeros. Pero no pueden tener a las Pymes en cuenta si de 10 empresarios consejeros solo uno participa como consejero en su nombre. Está Accenture, hay tres dirigentes de la UIA de los cuales dos fueron ex funcionarios macristas y de cada 10 empresas en Argentina una sola es industrial; luego hay dos representantes del campo, uno de la Mesa de Enlace y otro del lobby agroexportador. Tres de comercio y servicios. Están de la CAME, en nombre de las Pymes, pero es una cámara macrista que no representa a nadie. Todos estos sectores trabajan para pervertir el sistema económico. La UIA no nos represente a las Pymes y se afirma como la entidad de la industria nacional. Por eso fundamos la Asociación de Empresarios Nacionales: para transformar estos tipos de relacionamientos

—Condenados al fracaso entonces…

—El futuro no lo sé; te cuento el pasado y el presente. Cuando los gobiernos ya no pueden argumentar a los que designan a dedo caen en otra falacia: decir que las Pymes somos muchas, pero nosotros no tenemos la culpa de que seamos el 99,4% de las empresas de la Argentina.

Y un dato más para que se entienda: este fin de semana, con el tema del Teletrabajo pasó lo mismo: (el ministro de Trabajo, Claudio) Moroni salió a decir que se suspende la aplicación de esta ley -que también apoyamos- porque por la pandemia no se puede decir que todos los que trabajan con una computadora desde su casa son teletrabajadores. Ahí hay una concesión que se está haciendo hacia los empresarios más grandes que estuvieron en contra en todo el proceso legislativo. En definitiva, están haciendo una interpretación que no es la que hizo el Congreso cuando legisló. Esta situación resta; estamos ayudando a los muchachos que no pasan hambre todos los días.

—Retomo el tema sindical, ¿hay que rediscutir Convenios Colectivos de Trabajo (CCT)?

—El tema de los Convenios está vinculado a una discusión, incluso más grande que es la mirada que tiene el modelo de desarrollo económico productivo en la Argentina. Como te decía en nuestro país hay trabajadores clase A, clase B y clase C. Respectivamente y promedio, un trabajador de una multinacional cobra 96.000 pesos cuando el de una Pyme percibe 36.000 y otro de la economía popular, 18.000. Y no todos los estratos tienen derechos. Las convenciones colectivas tienden a garantizar los derechos de los trabajadores de clase A que son 2 millones de trabajadores versus los de clase B, que son 4 millones; y los C, otros 5 millones.

Lo que necesitamos, en virtud de la Constitución, es a igual trabajo igual remuneración. Tenemos que pensar un esquema que sea justo para todos. Hoy hay una hipocresía de la política en su conjunto de no discutir este tema.

El trabajo como lo conocemos nosotros va mutando de una manera acelerada, en ese sentido los Convenios se deben ir aggiornando, pero no se pueden dejar librado a las propuestas de las corporaciones. La discusión debe ser multidimensional. Estamos viendo un proceso de uberización de la economía; espasmódico y brutal y que eso no sería un faro hacia donde hay que apuntar y es ahí hacia donde nos quieren llevar esas agendas de modernización de trabajo.

—¿Uberización en el concepto de precarizar?

—Argentina está profundamente colonizada por empresas extranjeras y grandes. De las 500 más grande, 302 son extranjeras: manejan entre un cuarto y un tercio del mercado nacional. Si a eso le sumás el esquema de proveedores y empresas satélites que dominan influyen en la dinámica económica nacional permanente. Siempre buscan a través de las nuevas filosofías económicas y globalización siempre buscan maximizar la utilidad. En ese sentido digo que el que quiere usufructuar los beneficios de nuestro mercado se tiene que adaptar, sino es una fantasía la administración de nuestra economía nacional.

—Pero si los empresarios fueran todos argentinos, ¿no pasaría lo mismo? ¿Monopolios u oligopolios que manejan discrecionalmente los precios buscando maximizar rentas?

—No. No es así. El 85% de las empleadoras privadas del país tienen menos de 10 trabajadores y quienes montan esos negocios o empresitas viven del flujo: si no facturan no viven, no comen; tienen una idiosincrasia más parecida a un trabajador que a un capitalista inversor que vive del stock. En definitiva, el empresario tipo argentino es un trabajador que quiere ganar el doble de lo que ganás vos como trabajador.

—Pero ese flujo debe ser virtuoso para cualquiera que invierta o desarrolle un negocio porque si no se funde…

—Es que las empresas extranjeras no piensan en esos términos, piensan en extraer la mayor cantidad de recursos del mercado y llevarlo a la casa matriz. Virtuoso nada.

—Corre por mi cuenta, pero para que haya pasado y siga pasando lo que pasa, lo único que saco en limpio es que desde siempre nuestros gobernantes fueron corruptos en nombre de quien la ponga y por lo general son esos grupos concentrados a los que te referís…

—Es que sí, uno de los factores preponderantes es la corrupción. Es que hay 1.500 empresas que corrompen el sistema ejecutivo, legislativo, judicial y comunicacional para apropiarse de mercados para carterizarlo o corporizarlo. Esto genera una distorsión estructural del capitalismo en la que el resto se tiene que acomodar a esa realidad que nos queda. Nuestra economía está profundamente pervertida.

Como te planteaba que hay tres tipos de trabajadores, hay tres tipos de empresarios: los de las multinacionales, los de las Pymes y las cooperativas de la economía popular. Excepto los primeros, el resto somos el relleno de la economía. Por eso nos maltratan de esa manera.

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