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INTERNACIONAL

La esclavitud moderna en América Latina y el aumento de la vulnerabilidad económica

Por Leopoldo Sosa, columnista de Mundo Gremial

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Este viernes 10 de diciembre se conmemoró como todos los años el Día Internacional de los Derechos Humanos y en las primeras horas del día se anunció el resultado de la operación Turquesa III.

Está operación fue liderada por Interpol y apoyada por la Agencia Caribeña de Implementación para el Crimen y la Seguridad (IMPACS) con la que participaron 20 países de Latinoamérica y el Caribe.

En el marco del operativo los países participantes hicieron más de 65.000 comprobaciones con la base de datos de Interpol en puntos de control aéreos, terrestres y fronterizos.

El resultado general fue la detención de 216 traficantes de personas y el rescate de 127 víctimas de trabajo esclavo y explotación sexual, muchos de ellos menores.

En El Salvador fueron arrestados 14 sospechosos de traficar con inmigrantes, a los que cobraban entre 8.000 y 12.000 dólares para llegar hasta Estados Unidos.

En Bogotá se desmanteló una organización de trata de menores conocida como «Casa Inglesa». Los niños eran captados en Venezuela y se les llevaba a Colombia, como paso previo para enviarlos a Ecuador.

En Ecuador, se detuvo a sospechosos de pertenecer a la mafia del «Tren de Aragua», que trabaja con un grupo armado en Colombia que transporta inmigrantes haitianos. Por las mismas causas hubo arrestos en Chile, Bolivia, Brasil y Belice.

La operación Turquesa III se presenta como una excelente introducción al tema que nos convoca, la llamada esclavitud moderna y como se pontenciaria por las condiciones económicas previas y posteriores a la pandemia de covid.

El pasado 2 de diciembre la OIT reiteró su llamado a la erradicación total de la esclavitud y el trabajo forzoso enn el marco del Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud.

En el documento emitido expresó “Aunque no está definida en la ley, la esclavitud moderna se utiliza como un término general que abarca prácticas como el trabajo forzoso y el matrimonio forzado.

Con ella, se hace referencia a situaciones de explotación en las que una persona no puede rechazar o abandonar debido a amenazas, violencia, coerción, engaño o abuso de poder”.

Si bien dentro de las formas contemporáneas de esclavitud se encuentran varias formas de explotación nos interesan principalmente la trata de personas, donde la pobreza extrema es su principal caldo de cultivo junto a las migraciones forzadas o irregulares y el trabajo infantil.

En su análisis más reciente la ONG Global Human Rights Defence (GHRD) sobre la trata de personas en América Latina, describe los hombres normalmente son objeto de trata para trabajos forzados en talleres clandestinos, venta ambulante, fábricas y agricultura.

A las mujeres se las trafica para el servicio doméstico y las industrias del sexo y los niños, por otra parte, se les destina al comercio sexual, la mendicidad, minas, fábricas, mano de obra agrícola, matrimonios tempranos y adopción, entre otros.

Según mediciones del Indice Global de Esclavitud y GSI y OIT en América habría al menos 1.9 millones de víctimas de esclavitud moderna de los cuales más de 410 mil son niños pero está información responde a publicaciones del 2018 y de relevamientos realizados en 2016.

El índice destaca una mayor proporción de casos en Venezuela (con 174.000 víctimas, 5,6 por cada mil personas). Haití (59.000 víctimas, 5,6 por cada mil) y República Dominicana (42.000 víctimas, 4 por cada mil). En términos absolutos, los países con más casos de esclavitud moderna serían Estados Unidos (403.000), Brasil (369.000) y México (341.000).

Ahora bien pese al rebote de las economías de varios países de los últimos meses, las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la OIT han destacado repetidamente el aumento de la pobreza (en 7 puntos porcentuales), el empleo informal, la desigualdad y la desprotección social que se han producido debido a la pandemia en la región.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), casi 60 millones de personas padecieron hambre en 2020 en América Latina y el Caribe (un 30 por ciento más que en 2019 y el mayor nivel en 20 años).

En los últimos días el economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, William F.Maloney, estimó que el crecimiento de la región será más lento de lo esperado, con una previsión del 2,8% para 2022 y del 2,6% para 2023.

Latinoamérica ha sido una de las más afectadas por el Covid-19 en todo el mundo, lo que ha provocado una caída importante del empleo. «Por lo general, las tasas de crecimiento del PIB han sido robustas en la mayoría de los territorios», según el economista, aunque no lo suficiente como para compensar las pérdidas experimentadas durante 2020″

Por último y a manera de epílogo citamos a Tomoya Obokata, Relator Especial de la ONU sobre formas contemporáneas de esclavitud que decía «Las graves consecuencias socio-económicas de la pandemia de COVID-19″, en la que el mundo lleva sumido casi dos años, hacen suponer un notable aumento del problema»

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