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ANÁLISIS Y OPINIÓN

El regreso del exilio y un paraguas protector

Por Emanuel Bonforti *

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El 17 de noviembre como símbolo de paz.

A partir de septiembre el almanaque de efemérides del movimiento obrero se enciende de manera particular, fundamentalmente en lo que tiene que ver con su relación con el peronismo. Y entre octubre y noviembre se identifican sucesos muy caros al pueblo trabajador. En este artículo intentaremos brevemente dar cuenta del regreso del General Perón luego de su exilio pero sobre todas las cosas recuperar el pasado histórico del movimiento obrero y su aporte a la gesta del regreso del mencionado conductor.

Para parte de la historiografía el 17 de noviembre de 1972 comienza a cerrarse un ciclo asignado por la violencia política impulsada tanto por sectores liberales del Ejército como también por espacios políticos que bajo la fachada de demócratas avalaron el clima de proscripción del partido mayoritario, el peronismo.

 El 17 de noviembre bajo una lluvia copiosa aterriza en Ezeiza el personaje más importante de la historia política del siglo XX en Argentina. El vuelo será acompañado por 153 tripulantes entre los que figuraban deportistas, personajes de la cultura, científicos, dirigentes sociales y sindicalistas.  En ese regreso de forma figurativa también traía el recuerdo del golpe de estado de 1955, el exilio en la cañonera, el encierro, las torturas.

Durante los meses previos serán recordadas las negociaciones, las idas y vueltas y las chicanas con el gobierno de Lanusse, el cual asediado por la presión popular debió ceder el regreso de Perón. El regreso de éste último se daba en el marco del Gran Acuerdo Nacional impulsado por Lanusse que tenía como objetivo final la convocatoria a elecciones libres en marzo de 1973. Ese acuerdo tenía como motivación ganar tiempo, frenar el conflicto social de una dictadura sin rumbo económico y social.

Así la figura de Perón para 1972 era una última carta de consenso en un país asignado por una crisis profunda. De ahí también que ese vuelo y todo lo que había detrás del mismo era un reaseguro y una apuesta por la paz.

En paralelo, el regreso también se palpaba en las calles.  Las multitudes desbordaban los principales caminos que conducían a Ezeiza y las fuerzas de seguridad de la dictadura quedaban ampliamente superadas en número y organización.  A pesar del esfuerzo de aquellas, el pueblo trabajador logró llegar por diferentes medios a recibir a su conductor.  En definitiva, el 17 de noviembre significó una jornada catártica y de liberación para la mayoría del pueblo argentino, el cual fue el gran perjudicado a partir de 1955.

 

Incongruencias acerca del sujeto histórico y el regreso de Perón.

Quienes se dedican a analizar estos sucesos y a producir historia señalan de manera hegemónica que el regreso de Perón deriva fundamentalmente del papel de la juventud, en tanto sujeto de cambio de un orden vetusto.  Incluso, identifican el 17 de noviembre como un acto impulsado por y para la juventud en homenaje al conductor que volvía del exilio.  Existe entonces todo un aparato cultural que respalda esta lectura, que se observa en un recorte de la realidad que acude a consignas simples y cantos parcializados.

Desde diferentes ámbitos se suele identificar a “la militancia” como un grupo juvenil que logró de manera voluntaria el regreso de Perón del exilio. Dicha lectura emana también de interpretaciones que vinculan al ascenso de una Nueva Izquierda y su relación con el peronismo en pos de la construcción de una patria socialista. Sin embargo, existen deslices epistemológicos a la hora de recurrir a estas interpretaciones. En este esquema erroneo el escenario político signado por el enfrentamiento entre izquierdas y derechas deriva de un análisis concebido para comprender el conflicto social y político al estilo europeo pero discutiblemente para la comprensión en el plano doméstico. Así el nuevo perfil ideológico de intelectuales fubistas traslada, mecánicamente, categorías de procedencia europea a la compresión de fenómenos en un país semicolonial.

Estos errores de interpretación tienen anclaje en la revalorización de los sucesos del Mayo francés de 1968, en la primavera de Praga, en las jornadas universitarias de Tlatelolco donde se intentaba por todos los medios vincular la relación entre el mundo del trabajo y el movimiento juvenil, siendo este último una variable independiente para la comprensión de cambios progresivos en las estructuras sociales.

En estas lecturas surge la idea de la juventud como sujeto político. Este sector vendría a completar tareas inconclusas por parte de las generaciones precedentes y la cualidad biológica determinaría el cambio y la correlación de fuerzas en los conflictos sociales. De esta manera, algunos sectores intencionalmente intentaban eclipsar la lucha del movimiento obrero durante los primeros años de la Resistencia. Claro está que estás líneas no buscan profundizar el abismo entre interpretaciones sino por el contrario, señalar que lo que determina el rumbo y el cambio es el sujeto trabajador, más allá de su condición biológica.  Siguiendo con este razonamiento el movimiento obrero organizado para el regreso de Perón contaba con un espacio de juventud vigorizada y motivado por la tradición oral construida al interior de cada espacio gremial. De estas líneas se desprenden que un Movimiento Nacional tendrá asidero en la medida que dialogue y se fortalezca con diferentes experiencias de la comunidad.

17 de noviembre para el Movimiento Obrero.

El pueblo trabajador fue clave durante los 18 años que duró el exilio de Perón pero también lo fue para el regreso del viejo conductor.  En el accionar de la clase trabajadora se encontraban los que habían tomado fábricas, los que había protagonizado huelgas eternas, los que propusieron programas de gobierno alternativos a la entrega del patrimonio nacional, los que impulsaron el voto en blanco ante la falsa libertad de comicios, los que cantaban la marcha a pesar de estar prohibida, los que colgaban en su camisa una flor “no me olvides”, los que se ensuciaban las manos con cal y carbón pintando por la vuelta de Perón en algún paredón de ferrocarril cercano a una zona industrial.

En ese regreso también se expresaba la lealtad al hombre que le cambió la vida a la clase trabajadora, el hombre que volvía en ese avión luego de 17 años.  Fue éste quien otorgó el aguinaldo por primera vez, el que con sus políticas permitió que muchos conocieran el mar, que se formaran largas colas para ingresar al cine o en un restaurant; algo tan sencillo pero a la vez tan profundo, el viejo conductor y sus políticas laborales posibilitaron la democratización del goce.

Es por eso que el paraguas que protegía a Perón en aquella copiosa lluvia de noviembre fuera el de José Rucci, la primera imagen de Perón pisando suelo argentino luego de 17 años es junto al Secretario General de la CGT. Esa imagen es la síntesis de un simbolismo que supera cualquier interpretación ideológica acerca del regreso de Perón.  Al fin y al cabo, es la expresión de lealtad de un sector social mayoritario, el movimiento obrero. El cual dimensionó y actúo en consecuencia durante 17 años para el regreso de su conductor.

* Columnista de Mundo Gremial. Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

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