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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Quién es Mariano Dahlman, el nuevo titular de AEFIP Capital

Es el flamante secretario general de la seccional más poderosa del gremio de la AFIP. Su militancia, el presente y futuro del sindicato y la esperanza por el cambio de gestión en el organismo.

Mundo Gremial

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El gremio que representa a los trabajadores de la AFIP transita un proceso de renovación dirigencial en su Mesa Directiva Nacional, ratificado en septiembre cuando Pablo Flores fue electo para conducir los destinos de la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (AEFIP) por los próximos cuatro años, en reemplazo de Guillermo Imbrogno.

Pero el camino a la transformación del sindicato comenzó meses atrás con la elección de autoridades en las Seccionales de la organización que decretaron el posicionamiento de Flores a nivel nacional.

El 6 de junio de 2019 quedará como una fecha clave en la historia de la AEFIP. Aquella jornada, los afiliados, en una jornada ejemplo de democracia y participación, eligieron a las nuevas conducciones seccionales, y en la Seccional Capital se determinó gran parte del futuro del sindicato.

Dahlman, Flores y González, en los festejos tras el triunfo en la Seccional Capital

Ese día se impuso el Frente de Unidad “Azul y Blanco” liderado por Flores como primer candidato a Consejero Nacional de AEFIP y Mariano Dahlman como candidato a Secretario General de la Seccional Capital y Área Metropolitana.

Dahlman será la continuidad de Flores en la seccional y se iniciará un proceso que los trabajadores esperaban desde hace tiempo en la organización: habrá “una sola política” entre la conducción nacional y la jurisdicción capital, la más numerosa del gremio.

¿Quién es Mariano Dahlman?

Es trabajador de la AFIP desde hace casi 25 años. Ingresó al organismo el 5 de junio de 1994, cuando tenía 19 años. En su primer día de trabajo se afilió al sindicato y comenzó a participar de las luchas de la organización contra las políticas que perjudicaban al organismo y a los trabajadores.

“Los 90 fueron momentos muy duros, tuvimos que salir a la calle muchísimas veces”, rememora Dahlman al recordar las peleas que tuvieron que dar junto a compañeros y compañeras de la organización.

La primera parte como trabajador la hizo bajo la modalidad de contratado, y una de las primeras luchas fue por la permanencia y efectivización en los puestos de empleo.

También enfrentó junto al gremio las rebajas salariales en la época de José Luis Machinea -exministro de Economía 1999-2001-, las políticas del gobierno del expresidente Fernando De la Rúa con intentos de cierre del organismo y privatización en distintas áreas.

“Éramos un gremio no quizá con la envergadura que tiene hoy, ni la cantidad de participación, pero que salíamos muchos a la calle y desde esa época recuerdo estar siempre al lado de mis compañeros, acompañando a los delegados que tenía en el área”, subraya.

“En AEFIP Capital somos una continuidad de la gestión de Pablo Flores”

Después comenzó a comprometerse con la representación gremial de sus compañeros, hasta llegar a obtener lugar en la dirigencia del sindicato, que lo encuentra hoy como nuevo secretario general de la Seccional, tras encabezar durante años la Secretaría de Asuntos Sindicales.

En una entrevista a Mundo Gremial, el flamante titular de AEFIP Capital explicó cuál será el posicionamiento de la Seccional, evaluó las gestiones del gobierno macrista en la AFIP y se mostró entusiasmado con el accionar en conjunto con la Mesa Directiva Nacional.

“En la Seccional somos una continuidad de la gestión de Pablo Flores, y a nivel nacional, entendemos que hay que cambiar la política que viene teniendo el sindicato por sobre todas las cosas, tener más injerencia en las decisiones, no solo en aquellas decisiones internas sino en lo externo. Debemos lograr tener más injerencia en las Legislaturas, en, si se puede, en el Ejecutivo; para que nuestros equipos técnicos también puedan tener oportunidad de ser parte de ese tipo de decisiones, sobre todo teniendo en cuenta que somos un organismo muy capacitado, muy técnico y de los más importantes o el más importante a nivel País.

Con lo cual, desde ese lugar, e insistiendo con el tema de la política, venimos a transformar y cambiar una política que estaba totalmente agotada también para con nuestros compañeros. Así que desde ese lugar entiendo que, tanto Pablo como todos los compañeros que van a estar en la Mesa Nacional lo van a poder llevar a cabo”.

Dahlman estará acompañado por Patricia González como secretaria adjunta, siendo la primera mujer en ocupar ese cargo desde la creación del sindicato. “Es un hecho histórico”, remarcó el dirigente, quien revalorizó el rol de la mujer en la vida de la organización.

“La presencia de Patricia en la secretaría adjunta parecería ser una transformación, pero creo que es también un rol que se fue ganando con mucho tiempo de trabajo; no solo el caso de Patricia, hay muchísimas compañeras que vienen trabajando en el gremio hace muchos años y creo que en realidad es una situación que iba a decantar en algún momento”, señaló.

Y agregó: “No es una cuestión de cupo solamente, acá es una cuestión de capacidad, de compromiso, de militancia, de pertenencia a los lugares de trabajo; con lo cual, más allá de lo de Patricia, que es lo que en este caso estamos mencionando, hay muchísimas compañeras tanto acá en Capital como en la Mesa que se han ganado este lugar, con lo cual, es una transformación, pero sin duda es algo que se venía dando y se iba a dar en cualquier momento porque es lo que fueron buscando. El papel de la mujer, el protagonismo y la transformación que ha tenido la mujer, en el rol, no solamente en un sindicato, al contrario, en todos lo que tiene que ver con la vida social y política de nuestro país”.

-¿Cuáles son las mayores problemáticas que atraviesa el trabajador de la AFIP?
-Lo veníamos diciendo y lo dije el otro día en el discurso de asunción de autoridades, hay montón de conflictos que uno tiene con los compañeros permanentemente, desde lo salarial, desde lo convencional, pero hoy hay una cuestión que preocupa mucho a los compañeros. Es el tema de llámese persecución o esta cuestión que está pasando con el tema de los sumarios y causas que están dando vueltas, no solamente en lo interno nuestro como sumarios, sino también con causas penales en los juzgados. Y ese es el mayor desafío también, digamos, de entender que el enemigo no está adentro, de entender que nuestros compañeros y compañeras, por el hecho de hacer su trabajo como tienen que realizarlo no pueden ser juzgados el día de mañana, por tomar esa responsabilidad, y quizá ese sea el mayor problema, temor o circunstancia que pueda estar preocupando a nuestros compañeros.

Después obviamente, hay problemas estructurales, de fondo como de marco normativo, hay mucha normativa que no está hoy en día clara y los compañeros tienen que hacer determinadas tareas y no tiene claro cuál es la legalidad de lo que están realizando. Ni hablar de la cuestión edilicia, hay un déficit importantísimo en todo el país y en Capital sobre todo. Nosotros en la gestión anterior, desde la Secretaría de Asuntos Sindicales impulsamos más de 40 relevamientos de Seguridad e Higiene, junto con la paritaria del gremio, y esos problemas continúan. Con lo cual los problemas son varios, y siempre lo salarial está vigente porque nosotros sufrimos en el último año, en el 2018, una rebaja salarial, que por supuesto, también es un desafío volver a recuperar lo que nos quitaron.

-¿Con qué tipo de Secretario General se van a encontrar los afiliados de la AEFIP Capital?
-Lo único que puedo creer o pensar es en lo que siempre traté de hacer acá adentro. Si hay algo en lo que me reconozco como gremialista, como compañero acá adentro, es que todo me costó, nadie me regaló nada, por supuesto que tuve compañeros que me acompañaron, gente que colaboró conmigo. Estoy acá, particularmente, por un compañero como Fabián Borello que fue el que me fue formando y que me dio su generosidad, hizo también que yo pueda llegar a este lugar y el consenso de todos mis compañeros, desde Pablo, Javier (León) y todos los que formamos parte del frente.

Pero bueno, lo que puedo prometer, si esa es la palabra, es trabajo, es gestión, es compañerismo, es participación. Soy una persona de puertas abiertas, todos mis compañeros y compañeras saben que pueden hablar absolutamente de todo y obviamente mejorar lo que se venía haciendo, y tratar de brindar cada día una mejor calidad en lo que tiene que ver con la política o con el tratamiento gremial de nuestros compañeros y también con todo lo que tenga que ver con beneficios, con cuestiones sociales, culturales, de capacitación. Pero bueno, insisto desde el punto de vista personal soy una persona que intento ser solidaria, darle lugar a los demás, darle protagonismo al resto y bueno, esa es mi forma de trabajar”.

-¿Cómo será en la acción la nueva relación entre la Seccional y la Mesa Nacional?
-Este quizá es el cambio más importante que tenemos a nivel gremio. Nuestro eje de campaña fue la renovación en la Mesa Nacional. Y no es que es una cuestión personalista, pero sí teníamos en cuenta el cambio de política. Sin duda que en los últimos años tuvimos bastantes diferencias, sobre todo en el contexto político, y hoy obviamente creemos y entendemos que este Frente que hemos armado de unidad Azul y Blanco.

Entendemos que va a haber una sola política, que esa misma política es la que va a bajar de la Mesa va a ser la que va a orientar y ordenar, no solo a Capital sino al resto de las seccionales que eso es lo más importante. No tenemos que tener cuestiones individuales, o arrestos desde alguna de las seccionales, que son estériles que no tienen ningún sentido y no nos llevan a ningún lado. Tiene que haber una sola política y entendemos que eso va a ocurrir, tenemos que todos trabajar para eso, y bueno, ojalá que lo podamos lograr, creo que es el mayor de los desafíos que tenemos.

-Se viene un cambio de Gobierno, y en consecuencia la gestión de AFIP, ¿qué perfil de Administrador o Administradora esperan para el organismo?
-Está sonando muy fuerte el nombre de Mercedes Marcó del Pont, creo que es un cuadro técnico muy importante, fue presidenta del Banco Central. Pero principalmente lo que pretendemos es que venga una persona técnica que se ocupe del organismo y de las cosas que realmente hay que ocuparse, de que venga con una planificación estratégica, donde el impulso sea volver a buscar la recaudación y no inmiscuirse en cuestiones internas que lo único que hacen es generar un mal clima laboral y generar internas dentro del organismo y entre los mismos funcionarios, con lo cual nosotros entendemos que queremos una persona orientada estratégicamente a seguir capacitando compañeros, seguir fortaleciendo el organismo, y, por sobre todas las cosas, insisto, hacer planes estratégicos para poder fortalecer la recaudación, buscar la evasión y ese tiene que ser el objetivo, más allá que por supuesto esperamos tener una buena relación y que podamos entendernos tanto el gremio, como la persona que venga del Ejecutivo, para beneficio de todos, y para beneficio también del país, porque si nosotros estamos bien, si nos va bien a nosotros, va a haber más recursos para seguridad, para educación, para salud…

-¿Cómo evaluás la gestión de Abad primero y de Cuccoli en la AFIP?
-Es muy difícil evaluar la gestión de un Administrador sin tomar en cuenta la política económica que tiene un país, ¿no? O un ejecutivo en este caso, desde el 2015 a la fecha. Creo que en un primer momento, y algunos compañeros vinieron esperanzados porque cuando (Alberto) Abad estuvo con Néstor (Kirchner) y después en la primera etapa de Cristina (Fernández), pudimos avanzar en conquistas, en derechos, en lo salarial, en muchas cosas. Costó también, no digo que fue fácil, pero pudimos avanzar.

Lamentablemente no fue este caso cuando vino Abad (bajo el gobierno de Mauricio Macri), y yo creo, esta es una opinión más personal, que el momento en donde más debía venir el ajuste creo que el sintió que no era la persona indicada o que él no estaba dispuesto a hacerlo, por llamarlo de alguna manera, por eso hubo una modificación, vino (Leandro) Cuccioli, que vino de un lugar, de afuera, digamos donde no había un conocimiento de quién era la persona y bueno, la verdad que entiendo que le costó muchísimo, no tenía un acabado conocimiento de lo que era la organización, el organismo, el monstruo que es esto, no es fácil llevar adelante este organismo; y bueno, después desde el punto de vista con la gente, el tratamiento, quiso dar una imagen de estar en contacto con los compañeros, armó comidas, armó una especie de esto, nosotros lo llamábamos esta cosa del tupper, del picnic, no sé qué hacía, pero rápidamente la gente se dio cuenta que eso era un acting, un couching, y, lamentablemente no tuvimos la mejor de las relaciones, tuvimos determinados conflictos que el determinante fue la rebaja salarial del 2018, donde además nos engañó diciendo que ese dinero era para aplicarlo a políticas de financiamiento en cuanto a lo que era lo edilicio, lo informático, y que nos iba a aumentar un montón de otras cosas, y de todas esas cosas no pasó absolutamente nada, así que indudablemente las dos gestiones fueron negativas para nosotros.

Somos una agencia de noticias sindicales. Nuestra misión es dar un espacio de encuentro e información a todos los sectores de la actividad, sin discriminar su capacidad y potencial

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

La CGT: entre la desinformación y la no información

La Confederación General del Trabajo no cuenta con canales oficiales de información, algo que deja al desnudo no solo la desidia sino el desprecio por la institucionalidad.

Pablo Maradei

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En la edición del domingo 23 de mayo de “El cohete a la luna”, Horacio Verbitsky publicó su columna dominical llamada “Los 100 de Macrì”. Arrancaba así: “Hace una semana El Cohete a la Luna informó sobre el Top Ten de la fuga de capitales durante el gobierno de Maurizio Macrì. Se ve que hay demasiados temas importantes, porque nadie en la prensa comercial se dio por enterado”. Realidad más ironía.

Hace una semana Mundo Gremial publicaba: “¿La CGT no tiene página web?: La CGT no tiene página web”. En este caso la repercusión que tuvo de lecturas no se condijo con una reacción de parte de la conducción de la CGT: si uno entra a nic.ar y se dirige al buscador de dominios va a encontrar que tanto “cgt.org.ar” como “cgtra.org.ar” continúan liberados.

A saber: cualquier organismo, ONG, Fundación que tenga las mismas siglas se lo puede quedar presentando los papeles correspondientes en Cancillería. Convengamos que si uno escucha o piensa en las siglas CGT la ligazón racional y conceptual se direcciona al sindicalismo y no a otra institución.

Todo lo contrario, pero para mal, pasa en la dirección de Facebook: “CGT RA Organización”. Esa cuenta la maneja Camioneros. En la foto de portada se lo ve a Pablo Moyano como si hubiera concluido un acto para empezar a responder las preguntas de la prensa. El último posteo es del 27 de mayo y muestra una actividad del gremio bajo el Hashtag “cruzada solidaria” en la que se ve una larga cola de compatriotas esperando recibir un plato de comida. Y así podríamos seguir cada uno de los posteos que hace Camioneros en la página web de la CGT RA. Cosa de guapos.

En Twitter si uno busca CGT, lo más parecido a una cuenta oficial es “C.G.T. Oficial” básicamente porque allí está el clásico logo de la Confederación General del Trabajo argentina. El último posteo es de diciembre de 2017: avisan de un paro.

En este crisol virtual que nos da el sindicalismo tradicional quedan al desnudo, no solo la desidia sino el desprecio por la institucionalidad; una arista más del ADN argentino: no nos gusta estar a raya con las normas. Eso sí, si viajamos al extranjero nos maravillamos de ver cómo funcionan las cosas.

Cuentan las malas lenguas, aunque es algo que desde Camioneros desmintieron para esta nota, que es que cuando existían las tres centrales obreras (época que precedió al triunvirato formado en agosto de 2016 y que tenían de titulares a Caló, Moyano y Barrionuevo) la CGT de Moyano tenía activa la web de la CGTRA.ORG, pero la URL (la dirección virtual) estaba en manos de los metalúrgicos con las rencillas del caso.

También es cierto que mantener activas las redes es un arma de doble filo: si se lanza un espacio de comunicación virtual es necesario tenerlo vivo con información; y si una entidad no publica nada desde hace más de 2 años como pasa con el Twitter de la CGT lo que termina mostrando es una foto de abandono.

A contramano nos encontramos con que la mayoría de los gremios informan de sus actividades no solo en las páginas webs sino también en sus redes sociales. Las más pobretonas por lo menos informan del horario del camping junto a los teléfonos y fotos de los hoteles: recordar que el afiliado paga por eso.

El secretismo y lo inorgánico son dos herramientas históricas del sindicalismo; permiten la divergencia de criterios, definiciones según quien te las diga; pero por sobre todo permiten la maleabilidad en cualquiera de los temas. Algún distraído podría pensar que estamos hablando de democracia. Pensar que la ex SIDE, que vive del secretismo, tiene página web: no van enumerar los espías ni las operaciones que hagan pero informan de cuestiones institucionales.

Estamos en el siglo XXI y con un futuro incierto y plagado por la tecnología, con una discusión permanente que nos indaga como sociedad mundial respecto a los cambios de paradigmas laborales. A eso le sumamos la Co-Vid-19. La CGT no podría encargar informes a especialistas; coordinar acciones conjuntas con otras centrales obreras e informar. Pareciera no estar a la altura de las circunstancias.

El tema es infinito como una página web bien armada: en el Conversatorio que propone Mundo Gremial para este martes 2 de junio a las 18 horas continuaremos indagando sobre este tema de la mano del periodista Francisco Basualdo y de Pablo Pérez Paladino, politólogo y docente universitario, además de ser consultor en comunicación política y asuntos públicos.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Teletrabajo: ¿El futuro del trabajo que queremos?

Por Oscar Cuartango y Raúl Ferrara (*)

Mundo Gremial

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Uno de los grandes debates que ha instalado la pandemia de COVID19 es el de “la nueva normalidad”. Esta figura -que puede parecer una abstracción- se empieza a consolidar como una realidad inminente a partir de algunos discursos que naturalizan situaciones otrora excepcionales.

Desde una mirada positiva, la postpandemia se avizora como una oportunidad para revalorizar el rol de los Estados que intervienen con políticas públicas para modificar la realidad en contraposición con los que dejan librada al mercado el abordaje de la política social y sanitaria de la pandemia.

Sin embargo, existe también una mirada que merece un llamado de atención desde el mundo del trabajo y que no podemos soslayar. En estas últimas semanas hemos escuchado hasta el hartazgo que el “teletrabajo”, “home office” o “trabajo remoto” ha llegado para quedarse, resaltando las bondades de esta modalidad laboral como “beneficio” para los trabajadores y trabajadoras, reduciendo la importancia del trabajo presencial a un mero costo laboral adicional y, por lo tanto, ajustable. Ese relato, parte de una construcción ideológica que -aprovechando la emergencia sanitaria- vuelve a introducir solapadamente la vocación de los mismos sectores que claman por el “libre mercado” de flexibilizar las condiciones de trabajo.

Todos hemos escuchado como se destacan las virtudes de esa modalidad laboral, que justificarían su extensión masiva tanto en el sector privado como en el sector público. La primera reflexión que nos permitimos es que no puede calificarse como “teletrabajo” a las tareas que actualmente realizan desde sus hogares millones de trabajadores: no ha existido una planificación, diseño e implementación de esos puestos de trabajo para ser realizados en esas condiciones. Tampoco ha habido un acuerdo de voluntades previo: los trabajadores que hoy realizan esa modalidad de trabajo no fueran contratados bajo esas condiciones y tampoco fueron consultados sobre la aceptación de la misma. Por ello, queda claro que se trata de una implementación nacida de la necesidad urgente de adoptar una medida de emergencia frente a una situación sanitaria que puso en riesgo la vida y la salud de los 45 millones de habitantes de nuestro país.

A pesar de ello, la figura y el debate se han instalado, y pretendemos arrimar una mirada crítica sobre la modalidad, pero sin caer en una posición arcaica o anti tecnológica. Ser crítico no implica negarse en forma dogmática, sino plantear reservas fundadas sobre una extensión masiva y apresurada y sin un profundo estudio y un adecuado marco regulatorio.

La Organización Internacional del Trabajo ya en 2016 en el “Foro de diálogo mundial sobre las dificultades y oportunidades del teletrabajo para los trabajadores y empleadores en los sectores de servicios de TIC y financieros” elaboró un documento que señalaba que los teletrabajadores “están expuestos a numerosos riesgos, entre otros, la pérdida de autonomía cuando los empleadores tratan de aplicar nuevas modalidades de supervisión del trabajo; una creciente sensación de aislamiento y otros problemas de orden psicosocial; la falta de protección de las condiciones de trabajo debido a que no se realizan inspecciones del trabajo; y, en el caso de las mujeres que trabajan a domicilio, el riesgo de afrontar una doble carga de trabajo al tener que compaginar su actividad profesional con las responsabilidades familiares”.

A aquellas dificultades que -4 años antes de la pandemia- planteaba la OIT, podría agregarse que la deslocalización del trabajo y el aislamiento del teletrabajador rompen el pensamiento colectivo debilitando su posición como trabajadores: en muchos casos no se conocerán entre sí y ni siquiera sabrán de la existencia de otros pares. Ello genera, además, la desaparición de horarios o jornada de trabajo, con una tendencia a extender la misma para alcanzar nuevos estándares impuestos unilateralmente; el teletrabajador podría convertirse en un trabajador a destajo e incluso incorporar a su propia familia a la realización de tele tareas para aumentar su productividad. Se agrega también la potencial falta de provisión de elementos de trabajo que implica, en los hechos, que es el trabajador quien asume costos de la explotación; la difuminación de los límites entre la vida personal y la actividad laboral y la inexistencia o desconocimiento del derecho a la desconexión, importarían, en muchos casos, que el teletrabajo sea una verdadera trampa: bajo la apariencia de “el trabajo del futuro” podría esconderse una peligrosa nueva forma de explotación laboral.

Frente a esos problemas, deben necesariamente adoptarse medidas de resguardo: un marco regulatorio adecuado, pensado estratégicamente y, preferentemente, emanado del diálogo social tripartito. Algunas de las herramientas a implementarse para evitar que el teletrabajo sea sinónimo de precarización y abusos podrían ser desde la reversibilidad de la modalidad a la alternancia con la modalidad presencial; un derecho de desconexión efectivo con medidas técnicas y organizacionales que garanticen un límite real a la jornada de trabajo y los descansos; acciones positivas para garantizar la actividad sindical como una cantidad determinada de jornadas u horas presenciales obligatorias destinadas a la interacción entre trabajadores y sus representantes; la determinación de los costes que serán solventados por el empleador por el uso de la infraestructura y servicios del domicilio del trabajador; la determinación legal de las condiciones de salud y seguridad en las que se prestarán las tareas contemplando también los costos que sean necesarios. En igual sentido, creemos que, debería ponerse especial énfasis en la atención de los riesgos psicosociales de esta modalidad, reforzando los sistemas de prevención y atención dentro del sistema general de riesgos del trabajo. Otro factor para considerar es el de implementar mecanismos que posibiliten el ejercicio del poder de policía estatal: la realización de tareas en domicilios particulares podría ser el instrumento para mantener en la clandestinidad a teletrabajadores o para asegurar que la violación del eventual marco regulatorio quede impune. Un registro público de empresas que empleen teletrabajadores y de sus teletrabajadores sumado a sistemas informáticos seguros pero que permitan a las administraciones del trabajo el acceso y monitoreo de la trazabilidad de las tareas remotas podría resultar indispensable para evitar la vulneración de derechos.

Más allá de las reservas y posibles soluciones que hemos planteado, también existen otros interrogantes relacionados con el potencial de extensión del teletrabajo en nuestro país. El reciente informe de Ramiro Albrieu para CIPPEC concluye que “el porcentaje de trabajos que tiene el potencial para realizarse desde el hogar se encuentra entre un 27% y un 29% de los trabajos totales, ratio que se reduce sensiblemente si corregimos la estimación por el uso efectivo de TIC en los hogares, llegando a una estimación de piso de 18% en el caso de uso de computadoras”.

Es decir, con el actual estado de situación menos de 1 de cada 5 trabajos podría -potencialmente- realizarse en forma remota. Ello pone en evidencia que, además de los problemas regulatorios, nuestro país debería, para incorporar al teletrabajo como modalidad laboral masiva, resolver el retraso tecnológico del entramado productivo, efectuar una reingeniería de procesos pensando al teletrabajo como un eslabón más del mismo y resolver las necesidades de conectividad hogareña y de mejora en las aptitudes de los potenciales teletrabajadores.

Creemos entonces que, ante este cuadro de situación, una mirada prudente es indispensable para evitar que, en la “nueva normalidad”, el teletrabajo sea la excusa para convencernos que, deslocalizando el trabajo, atomizando y ocultando en sus domicilios a trabajadores y trabajadoras, trasladando costos y sobrecargando la jornada de trabajo vamos caminando hacia el futuro cuando en realidad podríamos estar entregando mansamente conquistas de más de 100 años de luchas obreras.

El desafío es enorme y, por ello no debemos caer en el facilismo de creer que el primer día de la postpandemia nos encontrará a todos teletrabajando ni en el obstruccionismo de prohibirlo.

* Oscar Cuartango es abogado laboralista y fue Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires (2007-2015)

* Raúl Ferrara es abogado laboralista, asesor del Ministerio de Transporte y fue Director Nacional de Fiscalización del MTEySS, Director Provincial de Asuntos Legales y Director Provincial de Inspecciones del MTBA, consultor externo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Docente en Diplomatura en Actividad Sindical de la UNLZ

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

¿La CGT no tiene página web?: La CGT no tiene página web

Año 2020. Una institución del peso en la economía y las características de la CGT no tiene “espacio de referencia” en el mundo virtual. Un problema de fondo que la pandemia expone.

Juan Manuel Morena

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Discutamos el teletrabajo, la nueva revolución industrial, rompamos los nuevos paradigmas de la educación con las nuevas herramientas, con una institución que no tiene ni página web ni redes sociales.

Hoy los presidentes y líderes mundiales comunican medidas por Twitter o en un video de Instagram. Y de eso podemos hablar toda la nota, o escribir varios artículos con especialistas.

Pero que en el año 2020 una institución del peso en la economía y las características de la CGT, no tenga su página web, habla a las claras de un problema de fondo. Y este contexto de pandemia, lo expone.

No estamos hablando de un canal de comunicación. Estamos hablando de un espacio de referencia, donde se encuentran las acciones, estudios, posiciones y muchos elementos centrales para la vida de las instituciones en este siglo.

En el aspecto comunicacional, la CGT queda a la merced del funcionamiento inorgánico. Pero cuando se quejan del maltrato en algunos medios, tienen que recordar la buena imagen empieza por casa. Si los canales, redes y distintas herramientas comunicacionales de la central fuesen oficiales, podrían ellos tener mejor tratamiento.

Que la CGT comunique bien tiene que ser una responsabilidad social. Cuando este tema en alguna oportunidad lo debatí en Twitter, los defensores del estado actual me decían que ellos se enteran por sus sindicatos de base de lo que comunica la central. Lo que ellos no entienden, y lo que la conducción debe contemplar, es que la CGT representa al universo de los trabajadores, no solo a los sindicatos y a sus afiliados. Y eso lo tiene que hacer valer.

Cuando uno googlea CGT sale en primera posición la página web de la secretaría que coordina Gerardo Martínez (Internacional) y después aparece Wikipedia, el Consejo Económico y Social, Facebook (una página extraña que le da 1,7 de valoración sobre 5 puntos), la Izquierda Diario, diario La Nación y, por último, Infobae. Esto es en la primera página de resultados de búsqueda, la que los especialistas en posicionamiento SEO marcan como la importante.

Si regalás el espacio y no lo ocupás en el motor de búsqueda, no te quejes de lo que pasa en los medios. Porque en ese espacio aparece lo que vos querés comunicar.

Y cuando se pregunta porque sucede esto en la CGT, la respuesta es: “la página web no figura en el estatuto, entonces nadie se quiere hacer responsable”. Traducción: nadie tiene la responsabilidad y el que quiere hacerlo tiene que asumir el costo de financiamiento y la responsabilidad del funcionamiento. Por lógica, entendiendo la antigüedad del propio estatuto, la secretaría de prensa debería ser la responsable. Pero en los pasillos dicen que Jorge Sola no es afecto a trabajar.

Cuando uno observa lo que Martínez hace en su sindicato (UOCRA) y en la secretaría de Relaciones Internacionales en materia de comunicación, o el aparato de prensa y cultural que tiene desarrollado Víctor Santa María (SUTERH), se da cuenta que capacidad para poder desarrollarlo sobra.

Hay un principio griego en filosofía que dice quien no puede lo menos, no puede lo más. Podríamos decir en este caso quien no quiere lo menos, no quiere lo más. Como puede la CGT en este contexto discutir temas de teletrabajo y plataformas si no puede desarrollar su espacio virtual. Si no habilita canales de consulta para trabajadores en contextos aislados. En esencial que la central de trabajadores más poderosa de Latinoamérica se fortalezca en estos temas.

Una página web no resuelve nada en sí mismo. Pero mejorar estos canales puede ayudar mucho a mejorar la imagen (Responsabilidad social sindical, RSS), conectar a muchos trabajadores, mejorar la información a periodistas no especializados. A transparentar cuestiones que exceden a los gremios confederados, como las resoluciones del comité arbitral, órgano que resuelve cuestiones fundamentales de agremiación.

Hay que fortalecer las instituciones y hay que hacerlas más poderosas, una CGT que comunique mejor, va a ser más poderosa.

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