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ANÁLISIS Y OPINIÓN

“Con la reforma laboral, casi un millón de brasileños perdieron sus empleos”

EXCLUSIVO | Entrevista a Antonio Lisboa, secretario general de la Central Única de Trabajadores de Brasil.

Pablo Maradei

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Antonio Lisboa es, desde 2014, secretario general de la CGT brasileña: se la conoce con las siglas CUT y significa: Central Única de los Trabajadores. Este dirigente sindical, de 62 años, llegó a la máxima representación obrera siendo un trabajador del sector público ya que es profesor universitario. En el país vecino coexisten aproximadamente 11.000 sindicatos de los cuales 3.806 están enrolados en la CUT, lo que se traduce que sobre sus espaldas tiene la representación de un 45% de los trabajadores brasileños siendo la población activa cercana a las 80 millones de personas. Esto es apenas una muestreo estadístico del gigante latinoamericano que desde hace décadas tiene su lugar en el podio de las principales economías del mundo.

Comparando, y como contó Mundo Gremial, en la Argentina hay 3.261 sindicatos, 109 federaciones y 19 confederaciones. Y una población activa de 20 millones de personas.

Mundo Gremial compartió una extensa entrevista con el dirigente sindical en estos tiempos de caída de la economía, rediscusión del mundo laboral, sumado al acuerdo “Unión Europea – Mercosur” y reformas, tanto laboral como previsional.

MG: Este mes se cumplieron dos años desde que el Senado brasileño aprobara la reforma laboral en Brasil. Consulta: ¿se replicó en más inversión productiva privada? Y si no fuera así, ¿aunque sea las empresas contrataron más personal?

AL: En los dos años posteriores a la aprobación de la reforma laboral en Brasil, en términos de generación de empleo, el desempleo aumentó del 11.8% al 12.5%; es decir que desde la implementación de la reforma laboral en Brasil cerca de un millón de brasileños perdieron sus empleos. Por lo tanto, no hubo generación de empleo sino que por el contrario aumentó el desempleo. Además, según estudios de la Universidad de São Paulo (USP) los niveles de firma de acuerdos y Convenios Colectivos han disminuido a alrededor del 45%.

MG: Mencionó todos puntos que impactaron negativamente en el mundo del trabajo; insisto: ¿no hay ningún punto a favor de la Reforma Laboral?

AL: Lamentablemente no hay puntos a favor; sino todo lo contrario como te mencioné en la pregunta anterior.

MG: La reforma brasileña puso los acuerdos entre partes por encima de los convenios colectivos: ¿sirvió para un mayor entendimiento a la hora de acordar mejoras laborales, derechos laborales o aumentos salariales?

AL: Lo negociado por sobre la ley solo sirvió para eliminar derechos. En ningún caso ha habido una mejora en las condiciones de trabajo o en la negociación colectiva. La reforma laboral se implementó solo para retirar los derechos a un nivel inferior al nivel establecido por la ley. Ninguna universidad o instituto de investigación ha indicado mejoras en la creación de empleos, el reajuste salarial, los convenios colectivos y las convenciones más allá del piso establecido; por el contrario, lo que sucedió fue la retirada de derechos. Tuvimos algunos casos, por ejemplo, de una universidad privada que, días después de la promulgación de la Ley, despidió a más de 1.200 docentes para que los volvieran a contratar bajo las condiciones que tenían anteriormente. A principios de este año, las aerolíneas propusieron reducir los salarios y las condiciones de trabajo de sus pilotos, lo que no sucedió porque el Tribunal de Trabajo lo impidió.

MG: Por definición, los sindicatos se oponen a cualquier reforma laboral y a la vez piden más trabajo, cosa que cada vez ocurre menos. ¿Qué proponen para generar trabajo? ¿O por dónde podría venir la generación de nuevos trabajos?

AL: Lo que aumenta la capacidad para generar más empleo es, sustancialmente, la generación de más inversiones públicas. Solo así la economía crece y esto lo podemos demostrar en los gobiernos de los presidentes Lula y Dilma Rousseff. Durante sus gestiones hubo aumento del salario mínimo lo que generó más consumo y, en consecuencia, más producción y más empleos. Todo esto sucedió hasta cierto punto, en 2014, cuando nos encontramos prácticamente en una situación de pleno empleo.

MG: La superpoblación mundial y la generación de riquezas en un entorno de capitalismo voraz como el que estamos viviendo y que deja a millones afuera del sistema, ¿solamente es una reforma laboral lo que puede torcer este destino sombrío para los trabajadores o hay que complementarlo con otras medidas de Estado?

AL: Esta nueva fase del capitalismo, que tu llamas “capitalismo voraz”, es lo que ha generado más desigualdad, desempleo y concentración de riquezas. Para combatir esta nueva realidad, al generar una mayor distribución de la riqueza, debemos, ante todo, hacer tributar a las grandes fortunas, a la especulación financiera y a las transferencias internacionales. Además de imponer impuestos a las empresas de nueva tecnología que operan en todo el mundo y no pagan impuestos. De esta manera, generaremos más recursos públicos que, cuando se invierta en la economía, generará más y mejores empleos. Las nuevas tecnologías, en la forma en que se están utilizando, principalmente a través de la digitalización y la robotización, están expulsando a millones de trabajadores del mercado laboral. Es necesario tener inversión y regulación del poder público y, obviamente, transferir parte de los beneficios de las nuevas tecnologías a la humanidad. Por ejemplo, reducir el tiempo de trabajo, como se hizo en otras fases del capitalismo en el siglo pasado.

MG: Argentina depende mucho de la actividad económica de Brasil, ya que es el principal motor de la región: ¿cómo ve la relación comercial en estos tiempos donde Macri y Bolsonaro son presidentes?

AL: El gobierno brasileño tiene una mirada mucho más cercana a los Estados Unidos que a la integración de nuestra región y también a los otros países latinoamericanos. De esta manera, el mercado bilateral entre Brasil y Argentina, así como las transacciones comerciales entre los otros miembros de Mercosur, están perdiendo relevancia. También porque tanto el gobierno brasileño como el argentino no tienen interés en fortalecer el mercado regional y en una asociación efectiva entre Brasil y Argentina. Un ejemplo de esto es que recientemente el presidente brasileño celebró la venta de solo tres camiones de aguacate a Argentina, como si fuera una gran victoria.

MG: Hablando de Mercosur y mercados extranjeros, ¿qué opinión tienen del reciente acuerdo firmado entre el Mercosur y la Unión Europea? En nuestro país es difícil encontrar a alguien que explique cabalmente de qué se trata.

AL: En nuestra opinión, el acuerdo Mercosur-Unión Europea tiene varios problemas serios. El primero de ellos es la forma en que se construyó: sin transparencia y sin participación efectiva. En definitiva como usted mismo dijo: sin escuchar a los sindicatos y a la sociedad civil de los dos bloques. El segundo problema es el desequilibrio desde el punto de vista del capítulo sobre derechos democráticos y civiles entre el bloque Mercosur y el de la Unión Europea. Sabemos que tanto Brasil, como yo diría especialmente Brasil, pero también Argentina y Paraguay, viven en una situación de poca transparencia y falta de democracia y participación de la sociedad civil en las decisiones del gobierno.
Es muy delicado para usted llegar a un acuerdo en el que el país más grande del Bloque, en este caso Brasil, vive un proceso de regresión democrática extrema. Otra cuestión, desde el punto de vista económico, es que de alguna manera el acuerdo se remonta a los procesos de colonización: porque lo que se ve claramente aquí es que la Unión Europea ofrecerá productos industrializados de alta tecnología y, a cambio, recibirá productos básicos. Además, al mismo tiempo no hay contraparte en el sentido de que también ofrece transferencia de tecnología.
De esta manera, podemos decir que es un acuerdo extremadamente malo para nuestro bloque porque fortalecerá el proceso de desindustrialización en la región y abrirá mercados para la exportación de productos a la Unión Europea. Por último, no tenemos garantía de que se respeten los problemas ambientales, especialmente en Brasil. En resumen, el acuerdo es terrible porque nos quita la capacidad de los países del Mercosur, de desarrollar sus tecnologías, de desarrollar su Parque Industrial. Nos convertiremos en un centro dependiente únicamente de la producción de mercancías.

MG: Luego de la última conferencia de la OIT que se hizo el mes pasado en Ginebra, ¿cómo está a su entender la balanza al comparar los avances tecnológicos que conllevan pérdidas de puestos de trabajo versus la generación de nuevos empleos?

AL: En la cuarta revolución industrial o revolución tecnológica actual, diría que, a diferencia de las otras revoluciones capitalistas, tenemos una revolución en la revolución tecnológica de una manera extremadamente acelerada, pero sin una gobernanza global adecuada como ocurrió a principios de la segunda mitad del siglo XX, como en la llamada Tercera Revolución Industrial.
La gran diferencia, desde la llamada “4° Revolución Industrial”, en relación con las otras fases del capitalismo, es que en estas otras fases existió una gobernanza global que se formó e impactó, al menos una parte, en beneficios para mejorar el bienestar. Hoy en día tenemos una disminución en los empleos a una velocidad inmensa y, al mismo tiempo, el control de las nuevas tecnologías no sucede por parte de la gobernanza global, los gobiernos nacionales o las organizaciones multilaterales, sino por el propio sistema financiero.
En nuestra opinión tendremos, en un futuro próximo, una concentración creciente de riqueza en manos de pocas personas y también una concentración de riqueza desde el punto de vista regional. Los países que tienen tecnología son cada vez más ricos y países como los del bloque del Mercosur estarán obligados, junto con los de África y el resto de América Latina, a buscar alternativas para la creación de empleos.

MG: ¿Vamos camino a un nuevo paradigma laboral en el que es necesario replantearse desde las condiciones de trabajo hasta los métodos de contratación y que acaso todo pase porque cada uno de nosotros sea su propio empleador?

AL: En primer lugar, debemos combatir estas nuevas formas de empleo en la medida en que son solo una nueva modalidad de precariedad del trabajo y desvinculación total del trabajador con la empresa y, en consecuencia, de la falta de respeto por los derechos laborales. De hecho, necesitamos mejores condiciones de trabajo, menores horas de trabajo, mejores salarios, respeto por los derechos laborales y una distribución equitativa de las ganancias del cambio tecnológico, generando así una distribución de ingresos y riqueza. Una sociedad más democrática y socialmente justa.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

La CGT: entre la desinformación y la no información

La Confederación General del Trabajo no cuenta con canales oficiales de información, algo que deja al desnudo no solo la desidia sino el desprecio por la institucionalidad.

Pablo Maradei

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En la edición del domingo 23 de mayo de “El cohete a la luna”, Horacio Verbitsky publicó su columna dominical llamada “Los 100 de Macrì”. Arrancaba así: “Hace una semana El Cohete a la Luna informó sobre el Top Ten de la fuga de capitales durante el gobierno de Maurizio Macrì. Se ve que hay demasiados temas importantes, porque nadie en la prensa comercial se dio por enterado”. Realidad más ironía.

Hace una semana Mundo Gremial publicaba: “¿La CGT no tiene página web?: La CGT no tiene página web”. En este caso la repercusión que tuvo de lecturas no se condijo con una reacción de parte de la conducción de la CGT: si uno entra a nic.ar y se dirige al buscador de dominios va a encontrar que tanto “cgt.org.ar” como “cgtra.org.ar” continúan liberados.

A saber: cualquier organismo, ONG, Fundación que tenga las mismas siglas se lo puede quedar presentando los papeles correspondientes en Cancillería. Convengamos que si uno escucha o piensa en las siglas CGT la ligazón racional y conceptual se direcciona al sindicalismo y no a otra institución.

Todo lo contrario, pero para mal, pasa en la dirección de Facebook: “CGT RA Organización”. Esa cuenta la maneja Camioneros. En la foto de portada se lo ve a Pablo Moyano como si hubiera concluido un acto para empezar a responder las preguntas de la prensa. El último posteo es del 27 de mayo y muestra una actividad del gremio bajo el Hashtag “cruzada solidaria” en la que se ve una larga cola de compatriotas esperando recibir un plato de comida. Y así podríamos seguir cada uno de los posteos que hace Camioneros en la página web de la CGT RA. Cosa de guapos.

En Twitter si uno busca CGT, lo más parecido a una cuenta oficial es “C.G.T. Oficial” básicamente porque allí está el clásico logo de la Confederación General del Trabajo argentina. El último posteo es de diciembre de 2017: avisan de un paro.

En este crisol virtual que nos da el sindicalismo tradicional quedan al desnudo, no solo la desidia sino el desprecio por la institucionalidad; una arista más del ADN argentino: no nos gusta estar a raya con las normas. Eso sí, si viajamos al extranjero nos maravillamos de ver cómo funcionan las cosas.

Cuentan las malas lenguas, aunque es algo que desde Camioneros desmintieron para esta nota, que es que cuando existían las tres centrales obreras (época que precedió al triunvirato formado en agosto de 2016 y que tenían de titulares a Caló, Moyano y Barrionuevo) la CGT de Moyano tenía activa la web de la CGTRA.ORG, pero la URL (la dirección virtual) estaba en manos de los metalúrgicos con las rencillas del caso.

También es cierto que mantener activas las redes es un arma de doble filo: si se lanza un espacio de comunicación virtual es necesario tenerlo vivo con información; y si una entidad no publica nada desde hace más de 2 años como pasa con el Twitter de la CGT lo que termina mostrando es una foto de abandono.

A contramano nos encontramos con que la mayoría de los gremios informan de sus actividades no solo en las páginas webs sino también en sus redes sociales. Las más pobretonas por lo menos informan del horario del camping junto a los teléfonos y fotos de los hoteles: recordar que el afiliado paga por eso.

El secretismo y lo inorgánico son dos herramientas históricas del sindicalismo; permiten la divergencia de criterios, definiciones según quien te las diga; pero por sobre todo permiten la maleabilidad en cualquiera de los temas. Algún distraído podría pensar que estamos hablando de democracia. Pensar que la ex SIDE, que vive del secretismo, tiene página web: no van enumerar los espías ni las operaciones que hagan pero informan de cuestiones institucionales.

Estamos en el siglo XXI y con un futuro incierto y plagado por la tecnología, con una discusión permanente que nos indaga como sociedad mundial respecto a los cambios de paradigmas laborales. A eso le sumamos la Co-Vid-19. La CGT no podría encargar informes a especialistas; coordinar acciones conjuntas con otras centrales obreras e informar. Pareciera no estar a la altura de las circunstancias.

El tema es infinito como una página web bien armada: en el Conversatorio que propone Mundo Gremial para este martes 2 de junio a las 18 horas continuaremos indagando sobre este tema de la mano del periodista Francisco Basualdo y de Pablo Pérez Paladino, politólogo y docente universitario, además de ser consultor en comunicación política y asuntos públicos.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Teletrabajo: ¿El futuro del trabajo que queremos?

Por Oscar Cuartango y Raúl Ferrara (*)

Mundo Gremial

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Uno de los grandes debates que ha instalado la pandemia de COVID19 es el de “la nueva normalidad”. Esta figura -que puede parecer una abstracción- se empieza a consolidar como una realidad inminente a partir de algunos discursos que naturalizan situaciones otrora excepcionales.

Desde una mirada positiva, la postpandemia se avizora como una oportunidad para revalorizar el rol de los Estados que intervienen con políticas públicas para modificar la realidad en contraposición con los que dejan librada al mercado el abordaje de la política social y sanitaria de la pandemia.

Sin embargo, existe también una mirada que merece un llamado de atención desde el mundo del trabajo y que no podemos soslayar. En estas últimas semanas hemos escuchado hasta el hartazgo que el “teletrabajo”, “home office” o “trabajo remoto” ha llegado para quedarse, resaltando las bondades de esta modalidad laboral como “beneficio” para los trabajadores y trabajadoras, reduciendo la importancia del trabajo presencial a un mero costo laboral adicional y, por lo tanto, ajustable. Ese relato, parte de una construcción ideológica que -aprovechando la emergencia sanitaria- vuelve a introducir solapadamente la vocación de los mismos sectores que claman por el “libre mercado” de flexibilizar las condiciones de trabajo.

Todos hemos escuchado como se destacan las virtudes de esa modalidad laboral, que justificarían su extensión masiva tanto en el sector privado como en el sector público. La primera reflexión que nos permitimos es que no puede calificarse como “teletrabajo” a las tareas que actualmente realizan desde sus hogares millones de trabajadores: no ha existido una planificación, diseño e implementación de esos puestos de trabajo para ser realizados en esas condiciones. Tampoco ha habido un acuerdo de voluntades previo: los trabajadores que hoy realizan esa modalidad de trabajo no fueran contratados bajo esas condiciones y tampoco fueron consultados sobre la aceptación de la misma. Por ello, queda claro que se trata de una implementación nacida de la necesidad urgente de adoptar una medida de emergencia frente a una situación sanitaria que puso en riesgo la vida y la salud de los 45 millones de habitantes de nuestro país.

A pesar de ello, la figura y el debate se han instalado, y pretendemos arrimar una mirada crítica sobre la modalidad, pero sin caer en una posición arcaica o anti tecnológica. Ser crítico no implica negarse en forma dogmática, sino plantear reservas fundadas sobre una extensión masiva y apresurada y sin un profundo estudio y un adecuado marco regulatorio.

La Organización Internacional del Trabajo ya en 2016 en el “Foro de diálogo mundial sobre las dificultades y oportunidades del teletrabajo para los trabajadores y empleadores en los sectores de servicios de TIC y financieros” elaboró un documento que señalaba que los teletrabajadores “están expuestos a numerosos riesgos, entre otros, la pérdida de autonomía cuando los empleadores tratan de aplicar nuevas modalidades de supervisión del trabajo; una creciente sensación de aislamiento y otros problemas de orden psicosocial; la falta de protección de las condiciones de trabajo debido a que no se realizan inspecciones del trabajo; y, en el caso de las mujeres que trabajan a domicilio, el riesgo de afrontar una doble carga de trabajo al tener que compaginar su actividad profesional con las responsabilidades familiares”.

A aquellas dificultades que -4 años antes de la pandemia- planteaba la OIT, podría agregarse que la deslocalización del trabajo y el aislamiento del teletrabajador rompen el pensamiento colectivo debilitando su posición como trabajadores: en muchos casos no se conocerán entre sí y ni siquiera sabrán de la existencia de otros pares. Ello genera, además, la desaparición de horarios o jornada de trabajo, con una tendencia a extender la misma para alcanzar nuevos estándares impuestos unilateralmente; el teletrabajador podría convertirse en un trabajador a destajo e incluso incorporar a su propia familia a la realización de tele tareas para aumentar su productividad. Se agrega también la potencial falta de provisión de elementos de trabajo que implica, en los hechos, que es el trabajador quien asume costos de la explotación; la difuminación de los límites entre la vida personal y la actividad laboral y la inexistencia o desconocimiento del derecho a la desconexión, importarían, en muchos casos, que el teletrabajo sea una verdadera trampa: bajo la apariencia de “el trabajo del futuro” podría esconderse una peligrosa nueva forma de explotación laboral.

Frente a esos problemas, deben necesariamente adoptarse medidas de resguardo: un marco regulatorio adecuado, pensado estratégicamente y, preferentemente, emanado del diálogo social tripartito. Algunas de las herramientas a implementarse para evitar que el teletrabajo sea sinónimo de precarización y abusos podrían ser desde la reversibilidad de la modalidad a la alternancia con la modalidad presencial; un derecho de desconexión efectivo con medidas técnicas y organizacionales que garanticen un límite real a la jornada de trabajo y los descansos; acciones positivas para garantizar la actividad sindical como una cantidad determinada de jornadas u horas presenciales obligatorias destinadas a la interacción entre trabajadores y sus representantes; la determinación de los costes que serán solventados por el empleador por el uso de la infraestructura y servicios del domicilio del trabajador; la determinación legal de las condiciones de salud y seguridad en las que se prestarán las tareas contemplando también los costos que sean necesarios. En igual sentido, creemos que, debería ponerse especial énfasis en la atención de los riesgos psicosociales de esta modalidad, reforzando los sistemas de prevención y atención dentro del sistema general de riesgos del trabajo. Otro factor para considerar es el de implementar mecanismos que posibiliten el ejercicio del poder de policía estatal: la realización de tareas en domicilios particulares podría ser el instrumento para mantener en la clandestinidad a teletrabajadores o para asegurar que la violación del eventual marco regulatorio quede impune. Un registro público de empresas que empleen teletrabajadores y de sus teletrabajadores sumado a sistemas informáticos seguros pero que permitan a las administraciones del trabajo el acceso y monitoreo de la trazabilidad de las tareas remotas podría resultar indispensable para evitar la vulneración de derechos.

Más allá de las reservas y posibles soluciones que hemos planteado, también existen otros interrogantes relacionados con el potencial de extensión del teletrabajo en nuestro país. El reciente informe de Ramiro Albrieu para CIPPEC concluye que “el porcentaje de trabajos que tiene el potencial para realizarse desde el hogar se encuentra entre un 27% y un 29% de los trabajos totales, ratio que se reduce sensiblemente si corregimos la estimación por el uso efectivo de TIC en los hogares, llegando a una estimación de piso de 18% en el caso de uso de computadoras”.

Es decir, con el actual estado de situación menos de 1 de cada 5 trabajos podría -potencialmente- realizarse en forma remota. Ello pone en evidencia que, además de los problemas regulatorios, nuestro país debería, para incorporar al teletrabajo como modalidad laboral masiva, resolver el retraso tecnológico del entramado productivo, efectuar una reingeniería de procesos pensando al teletrabajo como un eslabón más del mismo y resolver las necesidades de conectividad hogareña y de mejora en las aptitudes de los potenciales teletrabajadores.

Creemos entonces que, ante este cuadro de situación, una mirada prudente es indispensable para evitar que, en la “nueva normalidad”, el teletrabajo sea la excusa para convencernos que, deslocalizando el trabajo, atomizando y ocultando en sus domicilios a trabajadores y trabajadoras, trasladando costos y sobrecargando la jornada de trabajo vamos caminando hacia el futuro cuando en realidad podríamos estar entregando mansamente conquistas de más de 100 años de luchas obreras.

El desafío es enorme y, por ello no debemos caer en el facilismo de creer que el primer día de la postpandemia nos encontrará a todos teletrabajando ni en el obstruccionismo de prohibirlo.

* Oscar Cuartango es abogado laboralista y fue Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires (2007-2015)

* Raúl Ferrara es abogado laboralista, asesor del Ministerio de Transporte y fue Director Nacional de Fiscalización del MTEySS, Director Provincial de Asuntos Legales y Director Provincial de Inspecciones del MTBA, consultor externo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Docente en Diplomatura en Actividad Sindical de la UNLZ

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

¿La CGT no tiene página web?: La CGT no tiene página web

Año 2020. Una institución del peso en la economía y las características de la CGT no tiene “espacio de referencia” en el mundo virtual. Un problema de fondo que la pandemia expone.

Juan Manuel Morena

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Discutamos el teletrabajo, la nueva revolución industrial, rompamos los nuevos paradigmas de la educación con las nuevas herramientas, con una institución que no tiene ni página web ni redes sociales.

Hoy los presidentes y líderes mundiales comunican medidas por Twitter o en un video de Instagram. Y de eso podemos hablar toda la nota, o escribir varios artículos con especialistas.

Pero que en el año 2020 una institución del peso en la economía y las características de la CGT, no tenga su página web, habla a las claras de un problema de fondo. Y este contexto de pandemia, lo expone.

No estamos hablando de un canal de comunicación. Estamos hablando de un espacio de referencia, donde se encuentran las acciones, estudios, posiciones y muchos elementos centrales para la vida de las instituciones en este siglo.

En el aspecto comunicacional, la CGT queda a la merced del funcionamiento inorgánico. Pero cuando se quejan del maltrato en algunos medios, tienen que recordar la buena imagen empieza por casa. Si los canales, redes y distintas herramientas comunicacionales de la central fuesen oficiales, podrían ellos tener mejor tratamiento.

Que la CGT comunique bien tiene que ser una responsabilidad social. Cuando este tema en alguna oportunidad lo debatí en Twitter, los defensores del estado actual me decían que ellos se enteran por sus sindicatos de base de lo que comunica la central. Lo que ellos no entienden, y lo que la conducción debe contemplar, es que la CGT representa al universo de los trabajadores, no solo a los sindicatos y a sus afiliados. Y eso lo tiene que hacer valer.

Cuando uno googlea CGT sale en primera posición la página web de la secretaría que coordina Gerardo Martínez (Internacional) y después aparece Wikipedia, el Consejo Económico y Social, Facebook (una página extraña que le da 1,7 de valoración sobre 5 puntos), la Izquierda Diario, diario La Nación y, por último, Infobae. Esto es en la primera página de resultados de búsqueda, la que los especialistas en posicionamiento SEO marcan como la importante.

Si regalás el espacio y no lo ocupás en el motor de búsqueda, no te quejes de lo que pasa en los medios. Porque en ese espacio aparece lo que vos querés comunicar.

Y cuando se pregunta porque sucede esto en la CGT, la respuesta es: “la página web no figura en el estatuto, entonces nadie se quiere hacer responsable”. Traducción: nadie tiene la responsabilidad y el que quiere hacerlo tiene que asumir el costo de financiamiento y la responsabilidad del funcionamiento. Por lógica, entendiendo la antigüedad del propio estatuto, la secretaría de prensa debería ser la responsable. Pero en los pasillos dicen que Jorge Sola no es afecto a trabajar.

Cuando uno observa lo que Martínez hace en su sindicato (UOCRA) y en la secretaría de Relaciones Internacionales en materia de comunicación, o el aparato de prensa y cultural que tiene desarrollado Víctor Santa María (SUTERH), se da cuenta que capacidad para poder desarrollarlo sobra.

Hay un principio griego en filosofía que dice quien no puede lo menos, no puede lo más. Podríamos decir en este caso quien no quiere lo menos, no quiere lo más. Como puede la CGT en este contexto discutir temas de teletrabajo y plataformas si no puede desarrollar su espacio virtual. Si no habilita canales de consulta para trabajadores en contextos aislados. En esencial que la central de trabajadores más poderosa de Latinoamérica se fortalezca en estos temas.

Una página web no resuelve nada en sí mismo. Pero mejorar estos canales puede ayudar mucho a mejorar la imagen (Responsabilidad social sindical, RSS), conectar a muchos trabajadores, mejorar la información a periodistas no especializados. A transparentar cuestiones que exceden a los gremios confederados, como las resoluciones del comité arbitral, órgano que resuelve cuestiones fundamentales de agremiación.

Hay que fortalecer las instituciones y hay que hacerlas más poderosas, una CGT que comunique mejor, va a ser más poderosa.

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