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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Sandro Taricco: “Hay que reordenar el sistema de salud para sanearlo y que sea viable”

El ex superintendente de Salud respondió a una extensa entrevista que le realizó Mundo Gremial a raíz de la escalada mediática que alcanzó el tema sanitario luego del discurso de CFK.

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Las recientes declaraciones de Cristina Kirchner sacudiendo nuevamente desde lo verbal el sistema de salud tuvieron repercusiones de magnitud en el sector: desde Unión Argentina de Salud salieron a cruzarla diciéndole que va por la estatización del sistema privado. Acosados por la paritaria de Sanidad que está en la vía muerta y vence a fin de mes el tema escaló en la agenda pública porque el país atraviesa un fulminante avance del coronavirus con hospitales fatigados y personal colapsado.

Mundo Gremial entrevistó a Sandro Taricco, ex superintendente de servicios de salud durante la era Cambiemos, entre los años 2017 y 2018. Pero su historial en la función pública data de 1989. De hecho, fue gerente de administración de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS) durante todo el primer gobierno de Cristina Kirchner bajo las presidencias de Juan Rinaldi, Ricardo Belaggio y Liliana Korenfeld. En 2012 dejó esa función y fue convocado en 2015 como gerente general bajo la conducción de Luis Scervino. De profesión contador, se define como “un técnico, lejos de las cuestiones partidarias”. Considera que “hay que ordenar el sistema de salud para que funcione”.

¿Qué reflexión te merecen las palabras de Cristina Kirchner?

Me parecen poco oportuno porque, como se dice en el campo: no se cambia el caballo en la mitad del río: estamos transitando un momento complicado en el tema salud, y sobre todo en las prepagas porque son las que más sufrieron. Si tomamos las prepagas vemos que no tuvieron aumentos en 2020 y por solo tomar un ejemplo: los insumos Covid aumentaron un 200 por ciento. En la prepandemia estaban con un promedio de uso de las camas de terapia intensiva de un 60% y hoy están al 110%; y con el mismo personal que está colapsado. Todo con la misma tarifa.

¿Por qué pisan los aumentos?

La ley que fija los aumentos está mal. Vos tenés cientos de prepagas en el país que son privados y deberían poner el precio que ellos quisieran; en cualquier caso, competirían que es lo más natural. Cualquier conciudadano puede elegir a cuál pagarle. Si no puede pagarlo, puede asociarse a un hospital de Comunidad (NdR: refiere a los hospitales, entre otros, Británico, Alemán o Italiano), que son planes cerrados y más económicos. Si tampoco puede acceder a ello, tiene las obras sociales sindicales que son las de base de cualquier trabajador. Y luego está el sistema público. Hay un crisol de alternativas. Y te digo más: ¿por qué el costo político de los aumentos a prepagas se lo tiene que comer el gobierno de turno y no las prestadoras? Si son privados que dan un servicio. Si compitiesen, ¿vos pensás que aumentarían mucho? Yo no creo, corren un serio riesgo de disminuir su padrón.

Vuelvo a Cristina. Entiendo lo de los tiempos, pero ¿coincidís en que hay que modificar el sistema?

Sí. Pero no es tirar todo abajo. El sistema está atado con alambres, hay que retirarlos y volver a poner los bulones. Hay que ordenar las cosas.

¿A la cuestión política le sumás una cuestión ideológica? Digo porque siempre es la lucha con el campo, los ricos, empresarios y la clase media…

Mirá, yo lo echo la culpa a todos; ni al kirchnerismo, ni al macrismo: esto viene de hace varias décadas. Te doy un ejemplo del desorden, en la época de Silvani, hablamos de los noventa. Para ese entonces se crea la figura del “monotributista” para reemplazar a los “Responsables no inscriptos” como una cuestión meramente fiscal con el fin de recaudar IVA y Ganancias. En aquel entonces eran 200.000 inscriptos y ahora son millones; pero a la misma cuota le colgaron la jubilación y la obra social. ¿Qué pasa hoy? El monotributista aporta tan poco al sistema jubilatorio como al de salud que termina desfinanciando ambas cajas. Y eso trae como consecuencia que las obras sociales no quieran a los monotributistas. Lo mismo pasa con los jubilados: si vos tenés a un jubilado que no quiere el PAMI y se va a OSECAC -o adonde sea- no se lleva su aporte porque ese dinero sigue yendo al PAMI. Y el PAMI, vía ANSES, le da esa obra social que eligió el jubilado 200 pesos. Y esta es otra desviación que desfinancia el sistema de salud. Esta anomalía data de mucho más tiempo que la del monotributo. Vamos de nuevo: hay que reordenar el sistema.

¿Qué otras desviaciones tiene el sistema?

Sigo con el PAMI porque te lo cuento con conocimiento de causa porque trabajé allí. ¿Por qué tiene que repartir bolsas de comida, atender hogares de ancianos o hacer turismo? Los alimentos hacen a la salud, pero no es una prestación sanitaria. Estas que te menciono tienen que ver más con asistencia social que con salud. Si le sobrara dinero, bárbaro; pero el PAMI no le paga a prestadores, debería utilizar el dinero para darle salud de calidad a sus afiliados y si sobra bueno asistir. El PAMI fue bien administrado en la época de Graciela Ocaña que dejó plata en plazo fijo; yo no sé cómo está hoy.

Otro ejemplo: no sé porque les hacen pagar a las prepagas y obras sociales prestaciones por discapacidad por la parte de integración, como son el transporte y la escolaridad: esto tiene que ver poco con la salud. Otra: en los últimos años se le cargaron varias leyes al sistema como la de celiaquía, de obesidad, aborto, etcétera… donde se suman prestaciones a la misma tarifa de las prepagas o las obras sociales sindicales.

Concluyo: cada vez se le agregan más obligaciones de cobertura y no se modifican los ingresos. Habría que ver, si hoy volviéramos a las bases y ordenáramos el sistema, tal vez éste quedaría saneado y financiable.

¿Cómo y cuánto tiempo puede llevar sanear este sistema?

El problema es la politización de la salud. Previo a las elecciones que consagro a Cambiemos, se había creado el grupo Medeos conformado por sanitaristas con los que se consensuó un plan; entre otros estaban los ex ministros del Salud, Alberto Mazza y Jorge Lemus, directivos de OSDE, CEMIC; además de referentes del sindicalismo. En ese entonces se concibió un documento con lo que deberían ser las políticas de salud para los próximos diez años. Este dossier lo suscribieron Scioli, Massa y el macrismo y tenía que ver con la creación de la Agencia de Tecnología para contener el gasto; la creación de los médicos de cabecera para estar alineado con la OMS; y la actualización del PMO; entre otras medidas.

¿Por qué decís que se politizó?

Porque la Agencia llegó al Congreso y nunca salió convertido en ley. ISALUD, de Ginés González García; y el IECS, de Alberto Rubinstein, tuvieron a su cargo la tarea de actualizar y adecuar el PMO a la realidad, el trabajo de concluyó y aunque los dos fueron ministros a posterior, ninguno de ellos lo promulgó.

Siempre se habla del PMO y su atraso…

El PMO es como el seguro; es lo que vos debés recibir del sistema, la máxima prestación posible y financiable. Si vos quisieras una prestación superior deberías pagar una sobretasa a un privado para que te cubra. El PMO está desactualizado desde hace más de veinte años: por eso los amparos.

Estas son las anomalías y el lo atamos con alambre que te decía antes: arreglamos una deficiencia con un parche y seguimos adelante. Hoy el sistema está todo emparchado y desvirtuado.

En la prepandemia ya era habitual escuchar a sindicalistas decir que su obra social da pérdida; lo que se agravó, siempre según los dirigentes, por el efecto del coronavirus. Ahora bien, yo nunca vi a ningún sindicalista anunciar que cierra su obra social…

Esa misma pregunta me hice yo porque los sindicatos, sobre todo los más chicos, terminan financiando la obra social. Siempre está la creencia popular de que los sindicatos se financian de la obra social; sin embargo, desde mi experiencia hace 10 años que eso no es así, sino al revés. Lo veo como parte del ADN de los sindicatos: todo sindicato quiere tener su obra social para darle cobertura a su sindicato. Solamente conozco al SUPARA (Sindicato Único del Personal Aduanero de la República Argentina) que no quiso tener obra social propia; acaso por todo esto que te menciono y por no fallarle a sus afiliados.

Durante la era Cambiemos se hablaba mucho de las fusiones de obras sociales para bajar los costos; pero nada de eso pasó.

En lo personal creo que los sindicatos deben fusionarse para tener menos obras sociales en el sistema. Mirá, Marcelo Peretta, de Farmacéuticos, armó un grupo de obras sociales pequeñas para hacer compras consolidadas para adquirir medicamentos a menor precio y lograr acuerdos con prestadores. Esa iniciativa tiene sentido.

Te cuento otro caso, el de Israel. Tenía muy abierto ese espectro de obras sociales y las concentró en solamente en cuatro. La más grande, que es Clalit, tiene el 50 por ciento de la población; algo así como 5 millones de personas. Pero lo que te quiero decir es que esto ordenó el sistema y lo hizo más eficiente. Otro ejemplo: ellos cuando quieren actualizar su PMO, supongamos, consecuencia de innovación tecnológica, se reúnen los cuatro directivos de las obras sociales con los ministros de Salud y Economía. Ahí deciden si incluir algún esta tecnología, no solo considerando el punto de vista médico, sino financiero como para que el sistema lo soporte.

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