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ANÁLISIS Y OPINIÓN

¿Represión en Buenos Aires algo esta cambiando en la Argentina?

Comunicado de Prensa

Mundo Gremial

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La CGT repudia la represión de que fueran víctima los veteranos de la Guerra de Malvinas que permanecieron movilizados en el Continente, quienes reclamaban por lo que consideran legítimos derechos que los asisten por la legislación internacional. Sin entrar a considerar el fondo de la cuestión preocupa a la CGT este aparente cambio de política, antes patrimonio del Gobierno de CABA reprimiendo indigentes a través de la UCEP o a los manteros de Florida con la policía Metropolitana.

A las represiones a los trabajadores camioneros en Chubut, al pueblo catamarqueño que protestaba contra las minas a cielo abierto, ahora se suma este nuevo hecho reñido con el respeto a los Derechos Humanos y con las políticas implementadas por el Gobierno nacional desde el año 2003. Por ello la CGT manifiesta su rechazo y su preocupación frente a una escalada que esperamos no sea un cambio en la política de persuasión y de respeto irrestricto a los Derechos Humanos que pretendemos siga siendo una política de estado.

Por ello, hacemos un llamado a las autoridades responsables para que retomen el ejercicio del diálogo social como fórmula de encauzar cualquier tipo de conflicto y despeje las dudas despertadas por estas acciones respecto a un cambio en la conducta del Estado en el tratamiento de los reclamos que formulen los trabajadores u otros sectores sociales en defensa de sus legítimos derechos Buenos Aires febrero 14 de 2012

JULIO PIUMATO                               HUGO MOYANO

Somos una agencia de noticias sindicales. Nuestra misión es dar un espacio de encuentro e información a todos los sectores de la actividad, sin discriminar su capacidad y potencial

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Empoderadas: Un sindicato fundado y conducido por mujeres

APTS, un caso disruptivo: Desde sus inicios, hace más de una década, la Asociación de Profesionales y Técnicos de la Salud en San Luis, es conducido por mujeres.

Mundo Gremial

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“Te queda linda la pollera corta”, le dijo el director del hospital. Aunque no le gustó el piropo de aquel hombre, Ana le sonrió, en ese momento ella pensaba que era necesario ser aceptada por simpática más que por inteligente.

Ese episodio en la vida de Ana Lía Trifiró, médica tocoginecóloga y Secretaria General de la Asociación de Profesionales y Técnicos de la Salud (APTS) de la provincia de San Luis, no pasó desapercibido, le recordaría que en determinados ámbitos la violencia se disfraza de halago, que nunca más se dejaría intimidar y ellos la empezarían a tomar en serio, no solo por ella, sino por todas las y los trabajadores que representa.

A partir de la Ley 25.674 de cupo gremial, sancionada en 2002, se estableció que el 30% de las listas en elecciones gremiales debe ser ocupado por mujeres. Pero según un estudio realizado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), las asociaciones a cargo de mujeres en el país representan menos del 5%, y el porcentaje de mujeres en comisiones directivas es de 20% en sindicatos y 12% en federaciones.

Si bien existen determinadas ramas del movimiento obrero como construcción, transporte y autopartismo, donde la mayoría de los trabajadores son hombres y ello explicaría que sus representantes sindicales también lo sean, en áreas como salud, alimentación y docencia, en las que la presencia de trabajadoras mujeres es mayor, la conducción de los sindicatos sigue, en su mayoría, a cargo de hombres.

En la actualidad, alrededor de 1.300 millones de mujeres forman parte de la fuerza laboral global, el 40% del total. En Argentina constituyen el 42% de la población que trabaja. No obstante, en el imaginario colectivo, la imagen del sindicalismo es la de un grupo de hombres que conducen a otros hombres en la consecución de sus derechos laborales. Rara vez en esa foto están presentes las mujeres.

En un ámbito donde las estructuras organizacionales son sustancialmente masculinas, y donde las constantes desigualdades que atraviesan las mujeres en el mercado laboral, se extrapolan a una desigualdad representativa y política en las organizaciones gremiales, APTS es un caso disruptivo: desde sus inicios, hace más de una década, es conducido por mujeres.

Ana, como parte de una minoría de mujeres que conducen organizaciones gremiales, podrías contarnos tu experiencia.
-Bueno nosotras somos un gremio muy nuevo en la provincia, apenas cumplimos 12 años. La experiencia ha sido dura. Empezamos un grupo de personas, de mujeres y varones, pero a la hora de determinar quién iba a llevar adelante la lucha, quedamos en el foco dos mujeres, la doctora (Nora) Sánchez (NdR: primera Secretaria General de APTS) y yo. Nos costó muchísimo que nos tomaran en serio porque era diferente cuando los directores del hospital hablaban con los varones a cuando hablaban con nosotras. Recuerdo una experiencia que tuve cuando fui a hablar con un director; me dijo ´te queda linda la pollera corta´ y yo le tuve que sonreír porque no sé, parecía que tenía que caerle en gracia, porque también yo -o sea estamos hablando de muchos años atrás- creía que era necesario caerle en gracia antes que caerle inteligente.

-¿Cómo hicieron para ser tomadas en serio?
-En un momento no teníamos en San Luis uniformes para el quirófano que fuesen impermeables, entonces vos operabas a un paciente y de repente toda tu ropa quedaba manchada de sangre, así se podían contraer muchas infecciones. Para que el ministro de Salud me diera bola, porque él no entendía la importancia del uso de esa prenda porque en realidad era periodista y no tenía por qué entender, un día lo miré y le dije ´sabe qué me pasa con usted ministro, con usted me pasa que es cómo hacer el sexo tántrico, empiezo, empiezo, pero nunca acabo´. A partir de ese momento nos empezó a dar bola, a partir de esa anécdota nos empezó a prestar atención y referirse a nosotras como señoras dirigentes de APTS.

-¿Cómo es la relación con los compañeros en el gremio?
-No hemos tenido problemas con los afiliados, por ahí sí han sido más escépticos. Pero la verdad es que la gente nos recontra apoyó. Sí solemos tener problemas hasta hoy con algunos directores de Programas.

-¿Qué tipo de problemas?
-Problemas como cuando nos dicen algo de contenido misógino y nosotras les aclaramos que les hablamos con respeto, y nos responden que ellos son de otra época, gente que tiene nuestra misma edad. Nosotras le paramos el carro, porque, así como yo crecí y me hago cargo, crecé y hacete cargo. Hay que bajarles el copete por así decirlo.

-¿Existen diferencias en la forma de conducir una organización entre mujeres y hombres?
-Noto diferencias, sí. Las mujeres en los gremios como formamos parte de una minoría en este momento, comprendemos un poco más el problema o la situación que atraviesa una persona. Nada más que por formar parte de una minoría, no por ser más sensible o menos sensible, más femenina o menos femenina. Es como que estamos más atentas a lo que les pasa a los demás.

-¿Y la relación con otros líderes gremiales cómo es?
-En el mundo gremial hasta ahora es absolutamente difícil meternos seriamente.Por supuesto intentamos y nos metemos y tenemos muy buenos amigos y gente que nos trata como iguales, pero hay otras personas que le decís, ´soy dirigente ‘y te miran como diciendo ´a mí qué me importa´.Por ejemplo, cuando hay reuniones entre gremios siempre la mayoría son varones, es increíble como en los grandes gremios siempre los dirigentes son varones.

-¿Creés que los estereotipos de género determinan la asignación de roles en los gremios?
-Creo que nos consideran inferiores y creen que nosotras no podemos tener semejante responsabilidad de conducir. No les entra en la cabeza que tenemos igualdad de conocimiento,y no pasa solamente con los varones, pasa con nuestras afiliadas, también tienen desconfianza, no es lo mismo que les hablé yo a que les hablé un hombre, no es lo mismo.

-APTS fue una de las organizaciones en San Luis que se manifestó a favor del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo ¿La organización incorporó la perspectiva de género?
-Al interior de la organización están las mujeres y hombres que están a favor y las mujeres y hombres que están en contra de la despenalización. Cuando pusimos el tema en el tapete, la gente que estaba en contra de la despenalización por poco no me lincha en la plaza pública
(risas). A mí casi me costó la dirigencia del gremio, tuve que lucharla. Nosotras con el proyecto de ley tratamos de ver más allá de la despenalización, es nada más y nada menos que el derecho a decidir: por el aborto, por si me pinto, por si me depilo, por si me caso, por si tengo hijos o por si no. Es el derecho a decidir lo que está en juego, y eso las mujeres no lo entendemos todavía, no lo entendemos porque estamos atravesadas y son muchos años de patriarcado. Estamos a favor del derecho a decidir.

-¿Consideran que el suyo es un liderazgo diferente?
-Es un liderazgo diferente. Varias veces muchos dirigentes nos preguntan de dónde sacamos la plata. APTS tiene una sede propia en San Luis,otra en Villa Mercedes, un auto acá y otro en Villa Mercedes; estamos construyendo un salón, compramos un departamento en la Costa para que puedan vacacionar los afiliados y las afiliadas; construimos 90 viviendas junto con el Gobierno de la Provincia y hemos comprado terrenos. Cuando nos preguntan cómo hacemos, y la verdad no sé qué responderles, hacemos lo que deberían hacer todos. El dinero del afiliado tiene que volver al afiliado. Cuándo nos preguntan cómo hacemos, contesto que lo hacemos así, ad honorem.

-Con esto de tener las cuentas claras ¿qué pensás de la transparencia institucional y el gobierno abierto?
-Para mí es fantástico. La gente tiene que dejar de pensar que porque somos gremialistas robamos, a mí me duele tanto qué se piense que van de la mano esas dos cosas. Pensar que, porque una es gremialista el gremio te paga, no a mí el gremio no me paga. Por ejemplo, tengo compañeros en mi trabajo que se van de vacaciones, todos tus compañeros y compañeras si pueden viajan en sus vacaciones, ahora un gremialista se va de vacaciones y lo pagó con la plata gremio. Con esto no quiero decir que todos los gremialistas sean santos, seguro hay gremialistas que se han enriquecido con la gestión gremial, pero también hay muchísimos que no lo hacemos. Así que a mí esto de transparentar me parece fantástico, de hecho lo voy a hacer, no para que sepan lo que uno tiene sino para que sepan lo que uno hace.

-¿Veremos en un futuro más sindicatos como APTS?
-Los cambios llevan tiempo tal vez nosotros seamos una muestra y dentro de unos años tengamos el placer de ver muchos gremios dirigidos por mujeres, pero lleva su tiempo. El patriarcado ha sido muy fuerte en todos los aspectos. Por ejemplo, en una reunión si están hablando de algo que yo no entiendo o no sé, no tengo problema en decir que no lo sé, un dirigente varón jamás lo hace, a mí no me da vergüenza reconocer que no tengo idea en algunas cuestiones porque es parte del crecimiento. Pero bueno al varón siempre lo hemos obligado a que siempre tiene que saber.

-¿Te limito para ejercer la actividad gremial la división de las tareas domésticas en tu hogar, tu rol como madre o la relación con tu pareja?
-Te voy a contar una anécdota matrimonial, una vez mi ex marido que hacía política me dice, voy a ir a verlo a Julio, tengo una reunión con Julio, y con Julio vamos hacer esto y lo otro, y le pregunto ¿qué Julio? Me miró como si fuese una bestia, Julio Cobos el gobernador de Mendoza, me dijo con soberbia. Bueno pasaron unos días y le digo, tengo que ir a hablar con Daniel, porque tengo que hablar con él, porque con Daniel pensamos hacer esto y lo otro, y mi ex me pregunta ¿qué Daniel?, Daniel Gozaini el director del colegio de tu hija eso tendrías que saber y no quien m***** es Julio Cobos.

 

* Por ONG Quiero Saber Iniciativa Ciudadana.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Cuatro propuestas para mejorar el empleo y combatir la pobreza

Por Gerardo Juara – Columnista de Mundo Gremial

Mundo Gremial

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En los días recientes, el INDEC comunicó que la pobreza por ingresos alcanza al 25,4% de los hogares y al 35,4% de la población, es decir, que más de uno de cada tres trabajadores tiene ingresos inferiores a 33.013 pesos para julio del 2019, es decir poco más de 7 millones de trabajadores.

Con anterioridad nos había informado que el desempleo durante el mismo período, primer semestre del 2019, había sido del 10,6% de esa misma población.

Me permito jugar, con la imprecisión propia de escribir al vuelo de la lectura, con esos difíciles números:

Si ambas cifras operan sobre el mismo universo poblacional, y efectivamente así lo hacen, podemos decir que la mayoría de los casos de pobreza no responden a la pérdida del empleo sino a la insuficiencia de éste para proveer los recursos para salir de ella.

Despejado el 10,6% de desempleo y presumiendo que esas personas no perciben 33.013 pesos mensuales, la tasa de pobreza por ingresos resultante es la de las personas ocupadas con ingresos insuficientes, lo que nos da deja un 24,8% de pobres.

Según la misma fuente, el 11,7% (2.300.000 personas) de esa población es subocupada horaria, es decir personas que trabajan pero con una jornada menor a 35 horas (media jornada, franqueros, etc.), la que podemos estimar permite ingresos inferiores a la canasta básica.

Nos queda un 13,1% con jornada de trabajo normal e ingresos que no le permiten salir de la pobreza.

¿Quiénes integran esos pobres que trabajan? Un 4,7% son trabajadores registrados, es decir, alcanzados por contratos formales y posiblemente, por convenios colectivos.

Como ejemplo, un salario mínimo convencional de maestranza (Comercio) es de 24.708 pesos, es decir, un 75% de la canasta básica.
Si se toma la escala del sindicato de maestranza para el mismo período, nos da un sueldo de bolsillo de 19735 pesos equivalente a un 60% de la canasta.
En el caso de vigiladores, el sueldo básico es de 14.256 pesos, cubriendo el 44%.
Un ayudante de la construcción alcanza a un salario (200 horas) de pesos 15.645 igual a un 48%.
En sanidad, una enfermera de piso percibe de bolsillo 20.655 pesos cubriendo un 63% de la canasta.
Si tomamos un salario de bolsillo básico del peón rural de 19.500 pesos veremos que cubre el 60%.

Nos queda un 8,4% de personas que trabajan y no superan la canasta de pobreza, cumpliendo una jornada normal de trabajo.

Este grupo está compuesto por trabajadores de jornada completa sin aportes, a los que a los fines de este ejercicio les aplicaremos como valor de referencia el salario mínimo vital y móvil que el Consejo del Salario estableció (aunque no acordó) lo que implica asignarles 15.600 pesos, es decir, algo menos del 50%.

Así que tenemos los siguientes grupos de pobres:

A) Los desempleados (10,6%)
B) Los subocupados horarios (11,7%)
C) Ocupados plenos registrados (4,7%)
D) Ocupados plenos no registrados (8,4%)

Ahí están las cuatro maneras principales de ser pobre entre aquellos que quieren tener trabajo.

Si quisiéramos reducir la pobreza en base a estos datos, la respuesta obvia sería proceder a mejorar los ingresos de cada sector según su tipo de problema, los que nos lleva a pensar, sin que sean mejor que otras propuestas, en cuatro proposiciones:

El caso D) es el de los trabajadores que tienen un empleo a tiempo completo pero no registrado, lo que requiere de un programa de fiscalización serio e integral que en primer lugar incorpore a ese universo al trabajo registrado. Resulta llamativo que los reclamos empresarios para mejorar la competitividad nunca menciona el trabajo en negro que es una forma de disminuir el “costo laboral” violando la ley.

El “empleo en negro” es una forma irregular de financiamiento de la actividad económica, ya que de cada 100 pesos de salario 34 van al fisco. Esa evasión financia al evasor en detrimento del empresario que se somete al cumplimiento de la ley.

Si se combatiera el empleo irregular, el grupo D) se distribuirá en los otros tres grupos y en muchos casos, en razón de la aplicación de los convenios colectivos, los pondrá en niveles salariales superiores a la canasta básica, lo que nos permiten suponer de por sí un descenso del índice. Cualquiera sea la opción elegida, este problema de pobreza requiere previamente dar la pelea contra la informalidad -hacer visible lo invisibilizando- y luego resolverlos dentro del campo de las otras clasificaciones.

El grupo C) es resultado de una insuficiente ejercicio negocial: en muchos supuestos, si al salario básico se le suman adicionales (presentismo, antigüedad, puntualidad, etc.) y los rubros “no remunerativos” nos acercarán al nivel de la canasta básica. (pero ya no sería un salario mínimo como exige la ley…)

Si en un programa de emergencia de los tantos que los gobiernos son afines a aplicar parches eximiendo a los empleadores de sus aportes tuvieran igual conducta con los salarios iniciales de las escalas convencionales, este grupo saldría del cálculo de la pobreza casi íntegramente al sumar esa retención (17%) a su bolsillo.

Promediando los salarios de convenio sin retenciones, el aporte necesario para salir de la pobreza se acerca bastante al “bono” propuesto por el gobierno (cerca de 6000 pesos).

Hasta aquí y casi exclusivamente, una de las herramientas de reducción de la pobreza está en manos de las organizaciones sindicales y del Poder de policía del Estado: fiscalizar y negociar.

En este segundo ítem (grupo C) es necesario repensar la práctica de la negociación colectiva en el país: no es por falta de ejercicio (se celebraron en promedio 3 acuerdos por día durante el año anterior y el ritmo se cuadruplicó durante este primer semestre según el observatorio de la negociación colectiva) sino – probablemente- por la calidad de la información -no es habitual la exigencia del balance social como habilita la ley 25.877- y por el parámetro para fijar salarios: el ajuste por inflación corre siempre detrás del perjuicio y es un indicador que “repara” pero que no “distribuye”. Me explico: en épocas de vacas flacas, el ajuste por inflación repara la pérdida, pero en momentos de vacas gordas, te deja fuera del crecimiento del mercado y de la productividad.

Nos quedaría un 22% de pobreza, de la cual la mitad es empleo pobre por subocupación horaria. (B)

De esa mitad, 3.5% no demanda mayor tiempo de trabajo, probablemente por ser casos de tareas complementarias del grupo familiar, estudiantes, pasantes, etc. a los fines de este trabajo, bajo a excluirla del ejercicio, y entonces calcularemos el grupo B que nos quedaría en 8,2%.

Si tomamos como hipótesis que la subocupación es la jornada inferior a 35 horas semanales, un subsidio horario que complete el ingreso hasta 48 horas (8.600 pesos) podría satisfacer las necesidades de ambas partes de la relación laboral.

¿El costo? 60.000 millones de pesos anuales (9,41% del presupuesto que se destina a planes sociales).

El caso crítico es el que se nos impone en el grupo A, desempleados, 10,6%. O en números, 1.900.000 personas.

Permítanme aquí volver al tema del salario mínimo vital y móvil: la ley 24.013 establece, a partir de su título IV (arts. 111 y ss.) un “sistema integral de prestaciones por desempleo” y establece un monto de la prestación por desempleo fijada por el Consejo del Salario (art.118 y 135 inciso b de la ley 24.013).

Para el mismo período considerado en el informe, la prestación por desempleo es de 12.500 pesos. Hablamos de 288.000 millones anuales (el 45 % del monto dedicado a los planes sociales) .

Un capítulo aparte debería ser el análisis de los planes sociales: siguiendo el informe publicado por IDESA, se puede afirmar que la falta de recursos no debería ser un factor causal de las altas tasas de pobreza que posee el país.

• Solo con las transferencias provenientes del Ministerio de Salud y Desarrollo Social destinadas a los programas de Apoyo al Empleo, Políticas Alimentarias, Proyectos Productivos Comunitarios y Asignaciones Familiares, las familias podrían alcanzar a cubrir el ingreso monetario mensual necesario para salir de la pobreza.
• Si se agregan las transferencias provinciales destinadas a promoción y asistencia social la brecha se reduce aún más.
• La pobreza por ingresos insuficientes derivada de la asistencia social (nacional, provincial, municipal) no se debe a una falta de recursos sino a una mala distribución y focalización de los mismos.

Entonces, recapitulando:

1.- Crear empleo por sí mismo no necesariamente combate la pobreza. Se puede tener empleo y seguir siendo pobre indefinidamente.
2.- La negociación colectiva, que debería ser el principal mecanismo de distribución de la riqueza, no opera automáticamente, y requiere en alguno de sus segmentos un cambio de enfoque, un giro de calidad en su contenido.
3.- La persistencia en el tiempo del empleo en negro explica una gran parte de la pobreza, y en ese caso, la inspección y la policía del trabajo puede ser una herramienta eficaz.
4.- El Consejo del Salario puede -y debería ser- una herramienta de trabajo contra la pobreza básicamente en tres de sus funciones: fijar un salario mínimo (¿o varios? ) que esté en línea con la canasta de pobreza, formular una canasta de pobreza (¿o varias?) y un subsidio de desempleo (¿un pichón de salario universal?) que complete las herramientas que repasamos -muy al vuelo- en este informe.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

La vuelta de la CTA a la CGT: entre la mística y la alquimia

Pablo Maradei

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Son más los problemas a enumerar que los puntos de convergencia: las diferencias políticas en la concepción de hacer sindicalismo son abismales entre la actual conducción de la CTA y la CGT. Por ejemplo, la CTA no duda en llevar adelante paros que se mastican sin muchas vueltas; casi podríamos decir que es la medida automática y resolutiva que adoptan sus dirigentes al tener un conflicto. Principalmente porque las CTA les paran al Estado al que es más sencillo combatir con medidas de fuerza. ¿Cuántas cabezas, en cantidad pero no en efectividad, le sacan los “paros generales” de la CTA a los de la CGT? Muchas.

Hagamos un ejercicio: ¿Qué pasaría si los gremios del transporte, alineados en la CGT, pedirían pasarse a la CTA? Las CTA les pondría alfombra roja. ¿De quién serían los paros exitosos y por lo tanto en manos de quién estaría la representación formal de los trabajadores a la hora de negociar con el gobierno de turno? Mientras eso no pase muchachos, el pie es la CGT. Con un agravante: los que tienen la llave para abrir la puerta de Azopardo son, hoy por hoy, los mismos dirigentes que la tenían cuando la CTA se alejó de la Central allá por 1991. Es más: los dirigentes cegetistas que se sumaron a la mesa chica de la Central son del sector, ¡ohh casualidad…! del Transporte.

No hace falta remontarse a 30 años: Juan Carlos Schmid, ex triunviro cegetista, sigue promoviendo a los movimientos sociales como parte relevante en el tejido obrero porque son los que reciben a los caídos del sistema formal que a esta altura son muchos. Los quiso adentro de la CGT con poder de decisión. Por más que lo intentó junto a Juan Grabois que viene con bendición papal incluida no lograron franquear la barrera del sindicalismo ortodoxo. Y eso que por el Vaticano desfilan muchos sindicalistas que escuchan (?) al Papa Francisco.

El problema es la política y por lo tanto de poder. En definitiva y en criollo es preguntarse ¿quién tiene la manija? y el mundo sindical lejos está de ser un Soviet, o una cooperativa en términos vernáculos.

Entrevistado por Mundo Gremial, Roberto Baradel apuntó al bronce: que la unidad obrera permitirá ponerle freno a la ola que generaron poderes reales en el gobierno macrista de seguir avanzando sobre los trabajadores en un futuro gobierno de los Fernández. “La propuesta es interesante” apuntó un dirigente importante de la CGT a este medio que no está en el Consejo Directivo pero tampoco en el moyanismo ni en la Corriente Federal de Sergio Palazzo; ambos sectores claros gestores de la vuelta de la CTA.

Pero para lograr ese golpe de timón en la conducción hay que modificar, por ejemplo, cómo se eligen las autoridades de la CGT. Hoy es por congresales que están atados a la voluntad de su gremio y no por voto directo de cada uno de los trabajadores. Si pasara esto, como mínimo hablamos de un final abierto. En Azopardo por ahora nadie habla de cambiar esto. Entonces final cantado. Recordemos que en agosto del año próximo vencen los mandatos del actual binomio conductor, Héctor Daer y Carlos Acuña.

En esos términos saben del lado ceteista, pero también en el búnker de México que están frente a un proceso de maceración y no bajan las expectativas de lograrlo.

Un detalle: presos de la negación de la realidad, cada vez que alguna facción del movimiento obrero realiza una manifestación en contra del gobierno de turno, los participantes terminan cantando “unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode, se jode, se jode”. Justamente a los que no les gusta la unidad es al movimiento obrero.

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