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ANÁLISIS Y OPINIÓN

La industria del reciclaje: trabajo, salud y negocio

Por Bianca Coleffi*

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Alrededor del sistema de recuperación de residuos existen 15 mil trabajadores ambientales registrados y 200 mil cartoneros y cartoneras aún sin empleo formal. La basura como sistema de inclusión social, y modelo laboral. Los Municipios al frente, y la inexistencia de un sistema a gran escala que logre ver una salida económica al reciclaje. 

¿Quiénes son los trabajadores ambientales?

Actualmente una persona genera más de un kilo de basura por día, y en total se descartan 50 mil toneladas de basura diariamente en Argentina. El 60% de eso va a rellenos sanitarios, el 30% a basurales a cielo abierto y el 10% se recupera.

Mientras que la basura en la calle es el fin de un ciclo para algunos, para otros es recién el comienzo. Hay 215 mil trabajadores involucrados en el circuito de recuperación de la basura: 15 mil están registrados y tienen empleo formal, 200 mil son cartoneros y cartoneras, sin empleo formal registrado. Aunque la mitad están agrupados bajo cooperativas que les permiten acceder a obra social, mutual, y otros beneficios.

Vídeo «Cartoneros y cartoneras; el valor social de la basura» 

El rubro del reciclaje es uno de los que más ha crecido en los últimos años y fue declarado como actividad esencial durante el 2020 por su aporte al sostenimiento de las ciudades.

Lo que se denomina como trabajo ambiental registrado es aquel que aporta a “disminuir la huella de carbono o ayuda al medio ambiente” y se dedica a las tareas en centros de disposición final; principalmente CEAMSE y basurales, pero también en plantas de trasferencia, separación mecánico-biológica, compostaje, u otras actividades como: elaboración de Biogás, fabricación de ecoladrillos, y recuperación de neumáticos.

“Este tipo de trabajo se pudo empezar a hacer en el 2005 cuando llegaron las primeras maquinarias a través del Protocolo de Kyoto, un financiamiento internacional público que otorgó las Naciones Unidas en el marco de un Programa Sobre Cambio Climático”, dijo Gerardo Juara, uno de los especialistas en la temática laboral ambiental en Argentina y representante de AGOEC en la Conferencia Internacional del Trabajo.

De manera paralela, miles de cartoneros y cartoneras por su cuenta recogen material seco por las calles de la ciudad, sin remuneración ni acceso a derechos laborales. Algo que habla de dos problemáticas: la basura que sobra y el empleo que falta.

Trabajadores del Medio Ambiente (AGOEC)

 El negocio de la basura: un terreno desconocido para el Estado

“El Estado Nacional a través del Ministerio de Desarrollo Social financia seis cooperativas de reciclaje”, afirmó el Dr. Juara. “Son la minoría”, agregó. El resto de las cooperativas se sostienen a través de organizaciones sociales o vecinales, y en algunos casos terminan siendo contratadas por municipios. Pero en el negocio de la basura, las empresas privadas son las que ganan por mayoría.

“No existe hoy una estructura nacional para el sostenimiento de un sistema de reciclaje y recuperación del material”, dice Juara. No hay inversión y, por ende, muchas veces resulta no redituable para el sector público, e incluso tampoco para el empresariado nacional.

“Al empresario le sale más barato importar la botella de vidrio que sostener todo este circuito de recuperación”, afirma el especialista. Los factores son muchos: el más importante tiene que ver con los costos logísticos y de transporte, “la desaparición de la red ferroviaria argentina, que pasó de carbón a gasoil fue uno”, dijo Juara.

Es por eso que los sistemas de recuperación y reciclado, en su mayoría, están en manos de multinacionales, como el caso de Smurfit Kappa, una de las empresas de papel y cartón “a la que se le vende mucho”, menciona Marisa Cantariño, referente del MTE y de la cooperativa de cartoneros “Recicladores Unidos”. La trasnacional está en más de 36 países con 533 plantas donde se reciclan 6,5 millones de toneladas anuales de papel recuperado.

Estas empresas son redistribuidoras que luego le venden a grandes marcas “como Coca Cola por ejemplo”, dijo Cantariño. “Es una gran industria la del reciclaje”, afirmó la referente social.

“Las empresas deberían hacerse cargo de los costos cuando ponen en el mercado un producto”, dijo la promotora ambiental del MTE. “La responsabilidad social empresaria es algo que trata de materializar el proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Gestión Ambiental de Envases”, una iniciativa impulsada por la organización.

 

La basura en (manos de) los municipios

A pesar de algunos ejemplos de composteras comunitarias, “hasta ahora no hay una tecnología que permita valorizar los residuos húmedos a gran escala”, dijo Juan Ignacio Moreno, abogado ambientalista. Por lo que generalmente se dirigen a basurales, rellenos sanitarios, o complejos del CEAMSE. La famosa bolsa verde tiene otro destino: una planta municipal, una cooperativa de trabajo o una empresa privada.

La decisión es municipal, dada la actual ley 13.592 que indica que éstos tienen la obligación de gestionar los residuos, y la provincia a través del Ministerio de Ambiente de controlar dicha gestión – antes OPDS- “En el artículo 9 de dicha ley indica que, tanto los puntos de rojo o basurales tienen que ser saneados por el municipio”, aclara el abogado.

Los municipios de la provincia de Buenos Aires que se encargan de recuperar, separar, enfardar y vender los residuos sólidos son Alberti, Chivilcoy, Laprida, Monte Hermoso, Sascallares, Nueve de Julio, Salto, Bella Vista, San Antonio de Areco, y Tres Arroyos.

Otro gran grueso contrata cooperativas de trabajo como es el caso de la mayoría de la ciudad de Buenos Aires y localidades del conurbano. Algunas existen hace más de 15 años y se han logrado consolidar como trabajo estable para varios cartoneros y cartoneras, y ex desocupados, como la cooperativa “Creando Conciencia” de Tigre, “El Alamo” de Villa Pueyrredón, “El Amanecer” de Almagro, o la “Juana Azurduy” de Florencio Varela.

“En la ciudad de Buenos Aires hay seis mil cooperativistas que perciben menos de 50 mil pesos cada uno por hacer dicho empleo”, asegura Juara, “y de esta forma el gobierno precariza un servicio que tendría que brindar”, agrega. “Nos hemos acostumbrado a que esto siempre recae sobre el cartonero a bajo costos”, afirma el Dr.

“Hay que incorporar al Estado esas cooperativas”, menciona Juara. Aunque remarca la insuficiencia del sistema. Algo que lo ubica en el mismo lugar, sin encontrar una salida posible.

Cooperativa de Tigre “Creando conciencia”

En el sur de la provincia de Buenos Aires, en la localidad de Monte Hermoso, el sistema de recuperación de residuos es municipal. Da empleo a 30 personas que se encargan de la recolección, transporte y separación del material. “El residuo llega ya separado de grandes generadores o domicilios”, dijo Laura Garmendia, Jefa del departamento de Residuos Sólidos Urbanos de la ciudad.

“Todo lo que se gana en la venta del material, se vuelve a invertir en el servicio”, dijo Cora Puleston, secretaria de Gestión ambiental del municipio.

Los vecinos se organizan con puntos verdes, que están alrededor de la ciudad, estaciones ambientales y días programados donde los trabajadores municipales encargados de la recolección pasan a buscar los residuos secos en camiones.

Todo el material con posibilidad de recuperación se dirige a la planta. “Por imposibilidades de espacio, no tenemos lugar propio de acopio así que no lo vendemos directamente a la industria, sino a redistribuidoras como Ecoreciclar y Qrecicla -radicadas en Bahía Blanca- o en el caso del vidrio a “Transporte Francisco” -un revendedor que lo lleva a empresas de San Juan y Mendoza- El material que no sirve se entrega a Reciclados del Sur- en Punta Alta- o se enfarda y manda al relleno sanitario. “Lo que no sirve es lo que no tiene valor comercial o viene mal segregado de origen”, dijo Garmendia.

 

Mapa interactivo de basurales a cielo abierto  (Realizado por Escritura Crónica)

 

* Bianca Coleffi es periodista nacida en el sur, criada en Bahía Blanca y ensamblada en la capital bonaerense. Es fundadora del multimedio Desde la Raíz, dónde cuenta historias sobre el ambiente, el trabajo y el alimento. Se especializa en política ambiental: temas marítimos, pesca artesanal, agricultura familiar y economía popular.

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