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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Horacio Valdez: “Hay que recuperar la mística peronista”

El flamante secretario general de las 62 Organizaciones Peronistas habló con Mundo Gremial y detalló sus objetivos al frente de la histórica agrupación justicialista.

Mundo Gremial

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Horacio Valdez es un histórico dirigente del Sindicato del Vidrio, al frente del SOIVA desde hace más de 15 años. Hace horas inició uno de los desafíos más importantes en su vida político sindical: asumió como Secretario General de las 62 Organizaciones Peronistas.

Fue en Avellaneda luego de ser electo como líder de Consejo Directivo de las 62 en las elecciones normalizadoras de la organización, realizadas a mediados del mes de agosto con participación de congresales de medio centenar de gremios.

Se describe como un peronista de pura cepa. Es defensor acérrimo del modelo sindical justicialista y nunca estuvo de acuerdo con la idea de un triunvirato de conducción en la Confederación General del Trabajo (CGT).

Mundo Gremial: ¿Cómo te imaginás el nuevo período al frente de la 62?

Horacio Valdez: “Quizás sea uno de lo más importante que me toque. En lo personal seguro, y de los trabajadores peronistas, también. Creo que es un momento trascendente, importante. Generalmente la 62 aparece en los momentos de adversidad y cuando en todo el movimiento obrero no existe la unidad de criterio necesario para tener respuesta a los problemas de la gente.

“Tenemos que preparar al movimiento obrero para acompañar la decisión política”

El movimiento obrero tiene las reservas necesarias del peronismo como para salir a dar testimonios. Hay que recuperar la mística fundamentalmente peronista, que hay que aplicar las 20 Verdades. Escucho decir que hay que actualizar un montón de cosas, y yo no creo que tengamos que resetear al peronismo”.

MG: ¿Y qué debe hacer el peronismo hoy…?

HV: “El peronismo sigue teniendo la misma respuesta que tuvo en la década del 40 y 50, las tiene hoy y tiene respuestas al mundo que viene. Solamente hay que interpretar esta sinfonía y nosotros hemos tenidos compañeros que lamentablemente han estado en el poder en nombre del peronismo y que nunca ejecutaron políticas peronistas.

Así que hay que lograr movilizar desde abajo a la juventud fundamentalmente para que haya trasvasamiento generacional y que tengan una guía. No tengo ambiciones personales, ni me interesa la política, ni el modo de vida de los políticos, no tengo nada que ver con eso; así que si me decís si quiero ser diputado, no, no quiero ser diputado, no me interesa. Pero sí tomar esta posta que es necesaria porque el peronismo sino se va olvidando, me parece que hay que priorizar”.

Foto: Patricia González Photography ©

MG: ¿Cómo ves al peronismo desde lo electoral, pensando en el 2019?

HV: “No lo veo tan claro, como no lo ve la sociedad en su conjunto. Pero también quiero apostar a lo invisible a los ojos: tener confianza, tener fe, en que podemos cambiar, y en que no es necesario tener un candidato de recontra renombre; me parece que es necesario un candidato que interprete la necesidad de la gente y pueda conversar con el pueblo todos los días y me parece que ese candidato está dentro del peronismo.

Pero mientras tanto, no involucrarnos en las negociaciones que hacen los políticos del peronismo, yo creo que tenemos que preparar al movimiento obrero para acompañar la decisión política que tomen ellos en su momento, porque va a ser muy importante”.

MG: ¿Cuál es el papel de los sindicatos dentro del peronismo?

HV: “Tengo la certeza que la política la arreglan los políticos y las organizaciones sindicales, los dirigentes sindicales. No es incompatible, nosotros queremos participar del poder, fundamentalmente porque todos tenemos obra social, sabemos de qué se trata la salud, de qué se trata la construcción de estructuras que tengan que ver con la necesidad de la gente.

Vos tenés camping en todos lados, para que la gente pueda usarlo, vos tenés hotelería. Digo, vos sabés manejarte, cómo te tenés que manejar, sabés cuáles son las necesidades de la gente, tenés ayuda escolar dentro de los gremios, tenés vacaciones para los chicos, tenés un montón de cosas. Nosotros tenemos que participar de todo esto y ayudar a los políticos a que conozcan la necesidad de la gente.

“El peronismo no te hace rico, te dignifica a través del trabajo”

Yo conozco todos los barrios pobres y carenciados que hay en Berazategui y los de otros lugares, porque no sé cuántas veces he recorrido todas la tercera sección electoral y hablando y pregonando siempre lo mismo, pero bueno, no me canso, creo que hay un tiempo, un antes y un después en esta etapa política y creo que el peronismo va a volver como Partido Justicialista”.

MG: Marcaste la necesidad de un proceso con participación de la juventud, ¿cómo se da eso dentro de la 62?

HV: “Quisiera que la mayoría de los dirigentes jóvenes interpreten bien de qué se trataba el peronismo, que no se equivoquen. Que me parece que La Cámpora ha sido un gran grupo político pero no ha tenido el sentimiento de peronista, Cámpora fue el primer traidor a Perón así que, muchachos desde el nombre arrancaron mal.

Yo creo en un peronismo mucho más real, más verdadero. El peronismo que está en la calle, viste, no importa si de la mañana a la noche lo tengo que preparar a mi vecino y ponerle la marcha peronista todos los días, pero quiero hacerlo de esta manera, o sea, y recuperar mi bandera, mi bandera en la calle. El que va a golpear a cada una de la casa de los vecinos y dar testimonio de esto, son los peronistas.
Ahora apareció el trimbreo… una cosa de locos, me parece una barbaridad. Me parece que los tienen que orquestar, los tienen que armar con anterioridad, decirle ‘señora, ¿puedo ir a su casa?’. No, nosotros vamos de frente mar, salen los perros, nos ladran, pero siempre vamos a llevar una respuesta. Así que me parece que de esto se trata, y sí se quiere adoctrinarlo, porque el peronismo es el único que tiene doctrina”.

Foto: Patricia González Photography ©

MG: ¿Cuál tu análisis de la situación económica actual, en tu actividad y los industriales?

HV: “Lo veo totalmente difícil, así que esto es lo que nos potencia de alguna manera a armar alguna estructura política que tengan que ver con la necesidad de nosotros. Cuando alguien no cumple con su rol, tenés que agarrar a tus compañeros de base y decirles ‘bueno, vamos en busca de esto’, y esto es nada más y nada menos que la posibilidad de tener un salario digno. El peronismo no te hace rico, el peronismo te dignifica a través del trabajo, pero claro, tiene que ser un trabajo bien remunerado, o de acuerdo a la economía que tiene tu país.

Si te llega una boleta de 10.000 pesos de luz, de 12.000 pesos de luz y el gas es exactamente igual, se supone que tenés que tener un salario superior al de 40.000 mil pesos o 50.000 mil pesos para poder vivir en la Argentina. Entonces me parece que de esto se trata, pero hay veces, que la política es tan mala, tan mala desde el punto de vista de la economía, que no podés ni parar, porque ya está parada la industria, porque tenés la capacidad instalada funcionando en un 30%, 40% y digo, me parece que de ahí no salimos. Entonces hasta que no tengas pleno empleo… esto es lo que hay que ordenar en este país.

Que le avisen al Presidente que los trabajadores necesitamos que termine la exportación indiscriminada y que se termine el dumping, que nos dé la posibilidad de ser competitivos con otros países del mundo, que la alta carga tributaria no nos deja hacer este tipo de cosas y los trabajadores entramos en un estado de desesperación”.

MG: Se percibe un malestar entre los trabajadores…

HV: “No sabemos lo que es la sonrisa de la gente ya, todo el mundo está angustiado, nadie puede pagar su alquiler, nadie puede mandar a sus chicos a un colegio privado, hay un montón de cosas que se cortaron, y bueno, está bien entender a la macro economía como un resultado, pero este resultado no es bueno para el Gobierno.

Pero tampoco es bueno para nosotros, yo antes de escuchar hace 3 años de achicar el déficit fiscal, me hubiera gustado escuchar una Argentina pujante, llena de productividad y que salgamos a competir al mundo, y que tengamos la posibilidad de pagar las deudas que tenemos con otros, esta era la salida, no alcanza con pedir plata. Vos necesitás empresas y yo tengo empresas, tengo un trabajador y si tengo trabajador, tengo salario, y si tengo salario, tengo consumo y empieza la ronda nuevamente. Este es el deseo nuestro”.

Foto: Patricia González Photography ©

MG: La CGT llamó a un paro para el 25 de septiembre, ¿qué resultados puede tener la medida?

HV: “Lo primero que tengo que decirte, es que tenemos que adherirnos al paro, provenga de donde provenga, lo que podemos discutir son las formas y los tiempos, pero sí todo el mundo necesita desahogarse de esta presión que tiene tremenda. Y de alguna manera castigar.

“En la CGT, si alguno se cae de su ego se mata”

Es un paro que sirve para descomprimir un malestar social nada más, pero no para reivindicar nada. Los paros para reivindicar políticas, para reivindicar salarios, para reivindicar convenios colectivos, tiene que tener otras fuerzas, tiene que tener otras ganas, tiene que tener un criterio mas unificado de todo el movimiento obrero”.

MG: ¿Qué es la CGT hoy y que opinás de la fragmentación en las organizaciones sindicales?

HV: “Me parece que la CGT tiene que defender los intereses profesionales de todos los trabajadores de la República, de los chiquitos, los grandes, los medianos, de todas las actividades y creo que esto no ha sucedido. Tenemos años de discutir salarios a la baja, me parece que el salario mínimo vital y móvil no alcanza a cubrir el 50% de la canasta básica y me parece que por estas cosas debería pelear la CGT.

Me parece que hay que terminar con los egos, si uno se pone a mirar de ese lado, alguno se cae de su ego y se mata, dentro de la CGT. Entonces todos están peleando un lugar, y me parece que lo que hay que pelear es por cosas que te dejen la historia a partir de un tremendo sacrificio personal en favor de los que menos tienen.

O sea, si vos vas solo para tener un lugar, muchachos esto es muy circunstancial, nadie se acordará de vos en el tiempo y vos tenés que venir a resolver cuestiones, si tenés miedo quedate en tu casa o quedate en tu gremio. Porque las decisiones son muy importantes y todos los días tienen que tomar una decisión, no alcanza con sacar un comunicado, a veces los comunicados son medios tontos, vos tenés que pensar como piensa un trabajador y los trabajadores en la base, están muy enojados, pero no solamente están enojados con su Gobierno, sus políticas y su economía, también están enojados con su representante, porque creen que tienen que dar mucho más de lo que están dando.

Foto: Patricia González Photography ©

Esto es lo que está sucediendo, todos somos gremios confederados, todos tenemos que acatar las decisiones que tome la CGT, pero también la CGT debería mirar para adentro y decir: ‘muchachos, ¿yo soy legal aquí?’. ¿El triunvirato es legal? ¿Marcan los estatutos que tiene que ir de esta manera?, ¿o tiene que haber un unicato que nos represente a todos? Con alguien que tome verdaderas decisiones. Aquí hay decisiones, desencontradas, no sé cómo decirlo, pero cada uno de los 3 secretarios piensa totalmente distinto, esto lo podés ver en cualquier nota”.

Somos una agencia de noticias sindicales. Nuestra misión es dar un espacio de encuentro e información a todos los sectores de la actividad, sin discriminar su capacidad y potencial

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Municipales apuran a Genta y piden paritarias y un bono de 15.000 pesos

Tras denunciar la “tibieza” del oficialismo, Carlos Elías y Ricardo Gilli, de la Agrupación Celeste del SUTECBA, exigieron la reapertura de paritarias y un plus salarial extraordinario.

Mundo Gremial

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Los municipales porteños reclaman al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta la “urgente” aplicación de la cláusula de revisión y el pago de un bono de 15.000 pesos.

El pedido es impulsado por los integrantes de la Agrupación Celeste del Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA).

Se trata del agrupamiento opositor a la gestión del actual secretario general del SUTECBA, Amadeo Genta, fuertemente criticado por un amplio sector de afiliados por la “tibieza” en la defensa del salario municipal.

En diálogo con Mundo Gremial, los referentes de la Agrupación Celeste, Carlos Elías y Ricardo Gilli, manifestaron su descontento con la conducción de Genta y explicaron las problemáticas de los trabajadores.

¿Cuáles son los principales problemas que denuncian los municipales?
-Elías: “Desde hace varios años venimos visibilizando los reclamos y diversas problemáticas de las diferentes reparticiones del sector. Nosotros somos trabajadores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que exigimos nada más y nada menos que mejoras económicas postergadas por el Ejecutivo de la Ciudad producto de las continuas y sistemáticas “paritarias a la baja” acordadas por nuestro sindicato y los dirigentes gremiales paritaristas, señores Genaro Trovato y Enrique Pistoletti, quienes a nuestro entender, negocian con mucha tibieza ante el Ejecutivo y los funcionarios designados por Horacio Rodríguez Larreta en tal sentido”.

¿En qué puntos entienden que el gremio debería actuar con más firmeza?
-Elías: “Nosotros estamos reclamando la urgente aplicación de la cláusula de revisión (gatillo), un aumento remunerativo, y además un bono extraordinario de fin de año de 15.000 pesos, que amortigüe de alguna manera las pérdidas reales del poder adquisitivo de todos los trabajadores municipales, que sufrimos las consecuencias de no ver mejorada nuestra calidad de vida y la de nuestras familias, y donde muchos compañeros y compañeras se ven obligados a endeudarse en préstamos o créditos a tasas insostenibles en el tiempo para poder subsistir y no caer bajo la línea de pobreza”.

Es una realidad insostenible en el tiempo…
-Gilli: “La situación que nos relatan muchos compañeros es muy grave y es por eso que en nombre de los muchos trabajadores que visitamos día a día, a quienes deseamos proteger y por eso debemos preservar sus identidades, para que no sean sometidos a persecuciones, acosos y hostigamientos laborales, por eso, es que nos hacemos cargo de plantearlo nosotros”.

¿Cómo impactó en los trabajadores el triunfo del oficialismo en la Ciudad?
-Elías: “Que el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y Juntos por el Cambio haya ganado las elecciones, no significa que los trabajadores resignemos derechos, es por eso que seguiremos luchando por nuevas reivindicaciones desde nuestro espacio y en ese sentido”.

-Gilli: “A las autoridades gremiales les pedimos más sentido común y mayor responsabilidad y compromiso y que estén más cerca de la realidad que vivimos y entiendan que la plata no alcanza, y cada vez más nos cuesta llegar a fin de mes”.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Pensar la escuela como espacio de transformación en contextos de desigualdad

Por Prof. Laura Martire – Consejo Directivo Sadop

Mundo Gremial

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La avanzada neoliberal que vivimos en la actualidad, tiene su correlato en diversos campos, el campo de la educación es uno de ellos. En el sistema educativo podemos palpar de manera fehaciente cómo las lógicas de reproducción de la cultura dominante intentan penetrar en cada uno de los rincones de la escuela. La pobreza, la discriminación, la violencia, la injusticia, se pueden ver a diario en las instituciones escolares; todas consecuencias de la desigualdad, fruto de los valores del libre mercado que promueven el individualismo, la competición, el consumismo, como parámetros del éxito. Estos valores a su vez, fueron promovidos por políticas sociales y económicas concretas que impulsaron gobiernos cuya idea es achicar lo más posible el Estado, para dejar en manos del mercado lo referido al bien común. Si el Estado se achica, su presencia como gran regulador de las relaciones sociales se va diluyendo, y con él, la posibilidad de acortar la brecha entre los sectores más ricos de la población y aquellos que desde el vamos están conminados a llevar las de perder en el juego de distribución de riquezas que propone el libre mercado. La concentración de los recursos en pequeños sectores es cada vez mayor, es decir, la desigualdad en la que vivimos se va agrandando día a día. La escuela, como dijimos, no está exenta de esto. No sólo hay desigualdad entre las escuelas a las que acuden los sectores más ricos o los populares, sino que dentro de las mismas escuelas se producen prácticas y se reproducen contenidos que en general tienden a acentuar esta desigualdad. Se hace imperioso en este contexto (re) pensar la escuela, entendida como un espacio transformador, capaz de formar ciudadanos críticos, albergando la esperanza de un futuro mejor pero que se comienza a construir en el presente. Aquí es donde la escuela cobra importancia como espacio que tiene la posibilidad de promover la justicia social.

Para poder avanzar en este sentido, es necesario en primer lugar comprender de qué hablamos cuando nos referimos a la igualdad, la desigualdad o la justicia social. François Dubet, sociólogo francés, propone repensar la idea de justicia social en relación a los conceptos de igualdad/desigualdad, contra el mito de la igualdad de oportunidades. Según el autor, existen en la actualidad dos grandes corrientes para pensar en la justicia social: la igualdad de oportunidades y la igualdad de posiciones (distribución de la riqueza). La primera, que es la que viene predominando en materia de puesta en práctica de políticas públicas, oculta la desigualdad de origen. Si todos tuviéramos las mismas oportunidades, no existirían las diferencias de clases sociales y en toda sociedad se hace efectiva esa desigualdad, e inconscientemente en la vida cotidiana llevamos adelante desigualdades que creemos justas que nos hacen diferenciarnos de los otros, en el sentido de la necesidad de una propia superación para estar mejor posicionado económica y socialmente, “los individuos no buscan las desigualdades, pero sus elecciones las engendran”. Como vemos, la “desigualdad es una cuestión innegablemente empírica” (Galli). La igualdad de oportunidades descansa sobre la ficción de que los diferentes individuos se distribuyen proporcionalmente en los diferentes niveles socioeconómicos de la estructura social, pero la realidad es que esto no sucede. Desde esta perspectiva no se tiene en cuenta los orígenes o las condiciones iniciales de los actores, como tampoco se pone en cuestión la brecha entre posiciones. La lucha por la igualdad se enmarca, dentro de esta corriente, en ofrecer a todos la posibilidad de ocupar las mejores posiciones en función de un principio meritocrático. Las políticas públicas se vuelcan a realizar una “discriminación positiva” para facilitar la movilidad social de los actores. Las inequidades son vistas como obstáculos que se oponen a una competencia equitativa. Lo que hace la diferencia, el éxito, es el esfuerzo que cada sujeto imprime en sus prácticas en función de las oportunidades que se le ofrecen, entrando así en una lógica de competencia que pone el acento en el propio sujeto como responsable de su éxito o fracaso, ignorando las condiciones iniciales y rompiendo los lazos de solidaridad en pos del avance individual en esta competencia. Para que haya igualdad de oportunidades tiene que haber igualdad en los puntos de partida. El modelo de igualdad de posiciones, a diferencia del anterior, se centra en los lugares que organizan la estructura social. Busca hacer que las diferentes posiciones estén más próximas unas con otras, es decir, que la búsqueda de la igualdad va a consistir en reducir la brecha entre los ingresos, las condiciones de vida, el acceso a los servicios, etc., en otras palabras, apunta a una mayor equidad en la distribución de la riqueza. Si bien para esta última mirada de búsqueda de la justicia social la movilidad deja de ser una prioridad (ya que al achicar la brecha inicial se minimiza el sentimiento de competencia continua para lograr una mejor posición), no anula por completo la desigualdad entre las posiciones ya que se entiende que son una característica constitutiva de toda sociedad. Lo que viene a aportar la corriente de igualdad de posiciones es que se propone como el modelo a través del cual la igualdad de oportunidades pueda ser realmente posible en la búsqueda de la justicia social. En síntesis, no se trata de dos corrientes opuestas, sino que deberíamos pensar en ambas para lograr sociedades más justas e igualitarias.

De la escuela meritocrática a la escuela transformadora

En el ámbito escolar se puede observar claramente el triunfo de la perspectiva de la igualdad de oportunidades en términos generales. La escuela se sostiene en el mérito. La meritocracia destaca el valor del esfuerzo individual casi como variable única para definir el éxito o fracaso de alguien, para la institución los alumnos exitosos son aquellos que hacen uso responsable de las oportunidades que se les ofrece, son a quienes la escuela recompensa ignorando las desigualdades de origen. No se puede evaluar poniendo en el mismo nivel el esfuerzo que hace un estudiante, que tal vez camina kilómetros por calles en mal estado para llegar a la escuela, muchas veces sin alimentarse correctamente, teniendo que trabajar, donde su situación de origen es muy dispar a la de un estudiante de clase media/alta, quien tiene resueltas estas problemáticas. A partir de estas prácticas que surgen de un supuesto de homogeneidad de los sujetos que participan de la vida escolar, la escuela se constituye en un dispositivo más afín a garantizar la reproducción del orden social establecido (el aparato ideológico del Estado por excelencia, en sentido althusseriano) que en un espacio para transformar la realidad.

Pues bien, ¿qué nos llevaría entonces a pensar la escuela como posibilidad de transformación? ¿Existe algún intersticio por donde poder realizar una intervención desde una mirada diferente a la establecida y esperada? Para salir de la trampa de pensar a la escuela como lugar de mera reproducción, Pierre Bourdieu nos acerca algunos conceptos introduciendo en el análisis la dimensión de la cultura como variable que si bien interviene en este proceso de reproducción, no necesariamente la determina.

El concepto de habitus se sitúa entre las teorías que plantean la determinación de la estructura y aquellas que postulan la existencia de un sujeto trascendental más allá de las estructuras sociales. “Es el conjunto de modos de ver, sentir y actuar que, aunque parezcan naturales, son sociales. Es decir: están moldeados por las estructuras sociales, se aprenden (…).-Hablar de habitus es colocar lo personal como colectivo. El habitus es una subjetividad socializada-, define Bourdieu” . Es decir, los habitus son comportamientos individuales construidos socialmente. Es aquello que nos hace actuar de una determinada manera y no de otra, se trata de una subjetividad adquirida inconscientemente. Si el habitus se construye, entonces también cabe la posibilidad de deconstruirlo, cambiarlo, pero para esto primero hay que hacerlo consciente, es decir, desnaturalizarlo y darle el lugar de construcción social. Aquí es donde podemos pensar en la escuela como escenario donde tienen lugar prácticas que apuntan a modificar habitus, pero antes, se hace necesario introducir otros conceptos de Bourdieu que complejizan la visión de la escuela como dispositivo capaz de producir tales cambios.

Otro concepto importante con que trabaja este pensador es el de capital simbólico. Si bien el autor toma en cuenta los distintos tipos de capitales (económico, social, cultural) que intervienen en el campo para moldear el habitus, es a partir de la posesión del capital simbólico que se logra la perpetuidad del orden existente. El capital simbólico es aquel que tiene “la capacidad para anular el carácter arbitrario de la distribución del capital haciéndolo pasar como natural”. Es decir, los habitus son comportamientos individuales construidos socialmente. Es aquello que nos hace actuar de una determinada manera y no de otra, se trata de una subjetividad adquirida inconscientemente. Si el habitus se construye, entonces también cabe la posibilidad de deconstruirlo, cambiarlo, pero para esto primero hay que hacerlo consciente, es decir, desnaturalizarlo y darle el lugar de construcción social. Aquí es donde podemos pensar en la escuela como escenario donde tienen lugar prácticas que apuntan a modificar habitus, pero antes, se hace necesario introducir otros conceptos de Bourdieu que complejizan la visión de la escuela como dispositivo capaz de producir tales cambios.

Otro concepto importante con que trabaja este pensador es el de capital simbólico. Si bien el autor toma en cuenta los distintos tipos de capitales (económico, social, cultural) que intervienen en el campo para moldear el habitus, es a partir de la posesión del capital simbólico que se logra la perpetuidad del orden existente. El capital simbólico es aquel que tiene “la capacidad para anular el carácter arbitrario de la distribución del capital haciéndolo pasar como natural”. Quien posee el capital simbólico tiene el poder de nominar, de imponer una determinada visión del mundo. Lo que hace a la hegemonía de la clase dominante entonces, además del dominio económico, es el manejo de este capital que se ejerce a través de la violencia simbólica. Esta violencia simbólica así entendida, es una forma de dominación que se ejerce sobre un otro pero con la anuencia de este. El ejercicio de la violencia simbólica es el principal mecanismo de la reproducción social, y esta se sustenta en la acción pedagógica. En este sentido, la escuela en general, apunta a reproducir el sistema en tanto quiere imponer un recorte cultural arbitrario: la cultura de la clase dominante. El capital cultural que se busca para tener éxito en el sistema educativo se encuentra más fácilmente en la población de alumnos provenientes de clase media/alta ya que éstos comparten ciertos códigos con lo que allí se enseña. De ahí, que quienes no comparten esos códigos los alumnos provenientes de clases populares, presenten dificultades en sus trayectorias o estén prácticamente destinados al fracaso. La escuela contribuye a la reproducción del orden social existente en tanto no reconoce la diferencia social previa de los estudiantes y legitima así las relaciones de poder.

Conocer el funcionamiento de estas lógicas y poder dar cuenta de ellas trae aparejada la posibilidad de modificar esta acción reproductora de la institución educativa. Volviendo a la idea que habíamos comenzado a desarrollar podemos observar que la escuela es un lugar desde donde se puede pensar la transformación de habitus teniendo en cuenta que para poder lograr esta tarea es necesario comprender que estamos hablando de un proceso largo, complejo y que involucra de manera activa al colectivo de sujetos de la educación. La deconstrucción y transformación de habitus implica desnaturalizar las prácticas cotidianas y los discursos que subyacen en ellas para tornarlas en prácticas emancipadoras.

Es en este punto donde cobra importancia el aporte de la teoría crítica que plantea develar los conflictos sociales y las relaciones de poder que están implícitos en todos los procesos, las representaciones y los contenidos que enseñamos en la escuela. Reforzar los lazos de solidaridad entre los niños y jóvenes, promover oportunidades de encuentro con el otro, visibilizar los intereses que subyacen en los discursos mediáticos y en las prácticas cotidianas tanto en el ámbito escolar como fuera de él que impiden la igualdad de oportunidades son tareas y desafíos que nos atraviesan a profesoras y profesores. La escuela no es un ámbito neutral, donde sólo hay lugar para la transmisión de cierto conjunto de conocimientos establecidos. Por el contrario, en palabras de Gustavo Galli: “la escuela tiene que ser un espacio de verificación de la igualdad, debe ser espacio para esa práctica, no únicamente espacio de discurso y enunciado (que no deben estar ausentes); debe ser posibilitadora de que algo en torno a la igualdad suceda y pueda ser comprobado.

Sin dudas, comprobar la igualdad en relación con las condiciones materiales queda por fuera de las posibilidades de la escuela, pero bien puede hacerse la verificación de la igualdad como distribución de conocimientos y de palabra entre semejantes, de acceso al capital cultural y simbólico, entre otros. También es parte de la escuela dar cuenta de las verificaciones de desigualdad y denunciarlas”.

La importancia de considerar el posicionamiento político- pedagógico del educador es lo que va a dar lugar a la formación de estudiantes para ser ciudadanos activos y críticos. Así, Giroux afirma que “un componente central de la categoría de intelectual transformativo es la necesidad de conseguir que lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico”. Es decir, hacer visible que la educación supone un proyecto político- pedagógico en el cual la reflexión y las acciones críticas son fundamentales para que los estudiantes puedan dar cuenta de las injusticias económicas, políticas y sociales que forman parte de la realidad y puedan luchar por superarlas, y al mismo tiempo, construir prácticas de enseñanza que den sustento a este proyecto.

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Bono flexible: Así fue el tratamiento de la asignación de $5.000

Se estableció por decreto presidencial a fines de septiembre y terminará de pagarse, en sectores, en marzo de 2020.

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En la última semana de septiembre, el gobierno nacional oficializó por decreto el pago de un monto no remunerativo para todos los empleados del ámbito privado.

La suma establecida fue de 5.000 pesos, tras consenso alcanzado entre los autoridades de la CGT y el empresariado argentino.

¿El objetivo? Compensar a través de un monto fijo y por única vez parte de la pérdida de poder adquisitivo del salario producida por la fuerte devaluación de la moneda y la inflación incontrolable.

Si bien el Decreto 665/2019 estableció el carácter de obligatoriedad del bono, cada actividad fijó las modalidades de hacer frente al pago de acuerdo a sus posibilidades económicas.

Así lo permitía el artículo primero del decreto: podrá pagarse “en los plazos, cuotas o condiciones que establezcan las partes signatarias de los convenios colectivos”.

El bono, y más aún la flexibilidad para pagarlo, funcionó como puente o vía de desahogo en medio de negociaciones tensas y con gremios presionados por sus bases ante la caótica situación económica.

En sectores fue una herramienta de negociación, adaptable y manuable, para reorganizar los números de un año paritario inusual con cierres periódicos, en algunos casos con revisiones mensuales de los acuerdos.

Pocos fueron los sectores que afrontaron el pago de los 5.000 pesos en un solo tramo: farmacia -lo abona en enero 2020-, ferroviarios, molineros, petroleros, un sector del vidrio y un ámbito de la seguridad, según las presentaciones oficializas ante el ministerio de Producción y Trabajo.

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En la mayoría de los convenios colectivos se optó por un pago escalonado, y en numerosos casos, el monto a abonar compensó futuros aumentos salariales, como en la construcción, que utilizó los incrementos acordados en la paritaria de octubre para adaptarse a la asignación no remunerativa decretada.
Dos, tres, cuatro y hasta cinco fueron las cuotas a las que debieron acudir algunas economías, las más afectadas por la situación general del país.

Según el decreto, la fecha inicial de pago era el mes de octubre, pero al existir la posibilidad de hacerlo efectivo en tramos, la gran mayoría de los trabajadores terminarán de cobraron recién en 2020.

Será en los casos de comercio, botoneros, aduana, indumentaria, madera, mosaistas, panaderos, perfumistas, papeleros, publicidad, vidrio, taxistas, tintoreros, textiles, maestranza, caucho, viajantes y seguridad, entre otros.

Algunos dirigentes lo describieron como “un respiro para descomprimir” y llevar un manto de tranquilidad ante la demanda constante de mejoras salariales y las escasas posibilidades de algunos sectores de la economía de dar señales positivas ante un panorama desalentador.

Por estas semanas, los sindicatos iniciaron- en aquellos sector que lo soporten- la negociación para el pago de un bono de fin de año, que como en camioneros, bancarios o aceiteros -solo para nombrar algunos- forma parte de un “derecho adquirido” por los trabajadores, como acostumbra a declarar Pablo Moyano.

No habrá un pedido de la CGT para exigir un bono generalizado, por eso serán las organizaciones gremiales las que negociarán en el interior de cada convenio, como sucede todos los años.

Las sumas acordadas son disímiles, según las posibilidades de cada actividad: arrancan en 7.000 y llegan a 34.000 pesos con el caso del gremio del gas.

El caso que más atención despierta es el de camioneros, que todos los fines de año entrega un capítulo de fuerte disputa con la FADEEAC, la cámara empresaria de la actividad.

Este 2019, la solicitud camioneros fue de 20.000 pesos, y ante la negativa de la federación, el gremio comenzó a realizar convenios empresa por empresa, llegando a celebrar acuerdos con el 80% de las firmas, según informó el sindicato de los Moyano.

Por estas horas podría quedar concretado al acuerdo con la totalidad de las empresas, por un monto que terminaría de pagarse en los primeros meses del próximo año.

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