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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Fraude versus elecciones limpias

El caso de ATE Nacional esta semana reavivó el debate sobre las elecciones y la democratización en los sindicatos. Un debate que el sindicalismo viene ganando.

Pablo Maradei

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¿Qué tienen en común los sindicatos de Comercio, SOMU, de Personal de Seguridad, de Seguros y ATE? Estos seis gremios fueron a elecciones en los últimos meses o intentaron llevarlas adelante si es que la Justicia o el ministerio de Trabajo no frenó el proceso electoral a raíz de las denuncias.

En todos ellos hubo escándalo en la previa que incluyeron acusaciones por padrones adulterados, que incluían muertos o afiliados inventados. También corrieron demandas hacia quienes conformaban la Junta Electoral. Claro está, de superar estas cuestiones y avanzar en la elección de autoridades, correrían nuevas denuncias durante la votación.

Por ejemplo, el caso de ATE esta semana: la oposición a Hugo Godoy denunció metida de votos truchos en las urnas (aseguran tener videos), robo de urnas y amedrentamiento contra fiscales que no pudieron hacer su labor. Por si todo este rosario fuera poco, agregamos folklore peronista que solemos ver: piñas, empujones y plomo que dejan heridos y a veces muertos.

En cualquier caso y como vemos, no importa la envergadura del gremio, a todos les cabe por igual la situación. Comercio es el gremio de mayor cantidad de afiliados y el de Personal de Seguridad, es un sindicato chico con una cuota sindical baja por los empobrecidos salarios que cobran sus afiliados. Pero no importa.

Ahora bien, un proceso de confrontación en las urnas debería ser algo normal en cualquier institución democrática: se presentan listas, se vota y se elige o reelige conducción. Desde una dependencia del ministerio de Producción y Trabajo que siguen estas cuestiones muy de cerca apuntan: “Diríamos que en el 100% de los casos nadie quiere perder el poder y es por eso que son moneda corriente los casos de eternización”. Claro está, del otro lado cualquier dirigente dice la de manual: “Nosotros damos la cara todos los días frente a los afiliados y eso hace a nuestro trabajo; además, cada cuatro años nos sometemos a votación”.

Tomando como punto de partida que los sindicalistas son honestos, ¿quién quisiera volver al llano si dejara la representación gremial? ¿Tomar un colectivo para volver a someterse a un régimen laboral bajo patrón? Arropen al Caballo Suárez de marinero en vez de recordarlo en fotos envuelto en sus sacos blancos de etiqueta extranjera. O imaginen a un secretario general sin chofer. Placeres del poder y del dinero.

Ahora bien, ¿las votaciones en los sindicatos son representativas? Depende: si las listas opositoras son realmente opositoras veremos que todo termina en escándalo como contamos. En cambio, y como también ocurre en política, en muchos casos son los propios oficialismos los que inventan listas opositoras fantasma que hacen el juego de dar legitimidad a un proceso electoral que no lo tiene.

Pareciera que la única forma de traspaso de poder real en un sindicato es a rey muerto, rey puesto. Y que el rey puesto sea alguien del riñón para evitar la mancha de ese dirigente solo que post mortem. Y cuando hablo de “muerto” hablo literalmente de ceder el poder ante vejez senil o mortandad.

Volvamos al SOMU: cuando Jorge Triaca era ministro de Trabajo intentó llevar transparencia a los sindicatos proponiendo elecciones a lo largo de una semana y mediante voto electrónico. De hecho, sacó una resolución en la que invitaba al resto de los sindicatos a sumarse a este método: solo lo hizo Víctor Santa María en su sindicato (encargados de edificios). Recordar que la UIF había detectado movimientos bancarios, entre Suiza y Uruguay, vinculados a cuentas que el dirigente tendría (no a su nombre). Investiga (?) el juez Claudio Bonadio.

Paradojas de la berreta política local: el que terminó enchastrado y eyectado de su cargo fue Triaca porque puso como encargada de la delegación del SOMU de San Fernando a su sirvienta. En fin… ¿quién va a hacer caso a quien no cumple con lo que propone?

Más lejos en el tiempo hay que remontarse a la Ley Mucci, propuesta por ese funcionario durante el gobierno de Ricardo Alfonsín. La Argentina salía de la Dictadura y con ese envión, y como ordenamiento de la estructura sindical y para contener la inflación, el radicalismo propuso una mayor intervención del Estado en el movimiento obrero. Le fue muy mal porque nunca se convirtió en ley.

Escribe Pedro Massano en su tesis llamada “Reorganización del Movimiento Obrero Sindicalizado en la post dictadura argentina: El caso de la Ley Mucci”.

“La mayor parte de los puntos del plan de democratización eran conocidos por la dirigencia sindical. Estos apuntaban a la reproducción como conducción, como la duración de los mandatos, la incorporación de las minorías o las elecciones de base como paso previo a la renovación de las cúpulas, varios de estos aspectos ya los había enfrentado durante la revolución libertadora. Otros, en cambio, eran novedosos, como la fiscalización de las elecciones por parte de la justicia electoral. El conjunto de la literatura “alfonsinista” concuerda en que el proyecto buscaba romper con la “oligarquización” que se había dado dentro de los sindicatos. Pero este proceso es visto como si fuera un desvío del desarrollo normal de la representación gremial, dado por el modelo consolidado a partir del peronismo. Si bien este modelo es fundamental para entender las características del sindicalismo en la argentina, pareciera que se asumía que el movimiento obrero llega a 1983 exactamente igual a como estaba en 1976”.

Sigue el siga siga… para bien o para mal según quién lo diga.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

La Juventud marca la cancha y pide una CGT “con mística revolucionaria”

Los jóvenes dirigentes llamaron a la unidad del movimiento obrero para trabajar en el proceso de “reconstrucción” y alcanzar el “pleno empleo” y la erradicación del hambre.

Mundo Gremial

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La Juventud Sindical que conduce Cristian Jeronimo pidió por una “CGT participativa, propositiva y con mística revolucionaria” para enfrentar los desafíos de la post pandemia.

Los jóvenes dirigentes llamaron a la unidad del movimiento obrero para trabajar en el proceso de “reconstrucción” y alcanzar el “pleno empleo” y la erradicación del hambre.

En un contundente documento, la Juventud fijó postura y se metió de llenó en la disputa por la reconfiguración de la nueva conducción de la CGT, postergada para el próximo año como consecuencia de la pandemia.

Los dirigentes piden pista y anticipan que presentarán pelea en el rearmado cegetista. “No nos gusta mirar desde las alturas de ciertas cúpulas a nuestros pares. Les pedimos solo una cosa, no prendan la maquinaria de impedir. Soñamos con una CGT participativa, propositiva y con la mística revolucionaria que la comandanta Evita nos dejó como legado”.

“La nueva generación de dirigentes sindicales, marca con fuerza, solidaridad, organización e inteligencia la necesidad de caminar junto a sus pares haciéndose cargo del momento histórico que le toca conducir”, señalaron en un escrito titulado “Juventud Sindical Nacional: Somos presente construyendo futuro”.

Documento Juventud Sindical – La Unidad Del Movimiento Obrero by Mundo Gremial on Scribd

En ese marco, destacaron la necesidad de aunar esfuerzos “para recuperar la patria y el movimiento nacional” con un fuerte contenido de federal, según indicaron.

“Debemos darnos la tarea de convocar a los y las compañeras del todo el país a ser parte de esta patriada pensada a largo plazo y que llegue para quedarse. Desde Ushuaia a la Quiaca debemos pujar por el modelo nacional que saque a la argentina de las condiciones paupérrimas en las que muchos compatriotas viven. Sabemos que están ahí, esperando a ser convocados”, explicaron.

Y concluyeron: “Creemos tener la suficiente inteligencia, capacidad de organización, solidaridad y amor para trabajar y aportar a estos objetivos. La pasividad no será una posibilidad. La autodeterminación del rol no tiene freno. Sabemos quiénes somos, a dónde vamos y que es lo que queremos. Nada de personalismo, todo por la causa común, un proceso colectivo para las grandes mayorías”.

Con citas a la CGT de los Argentinos, a la “comandanta Evita” y al expresidente Néstor Kirchner, la Juventud Sindical busca marcar el rumbo de una nueva época en el sindicalismo con el objetivo de reconstruir la matriz productiva nacional.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

¿Se va cerrando el cerco sobre las plataformas?

Con una rapidez innecesaria el país cuenta con ley para teletrabajar; sin embargo, sigue en el limbo el tema de la regulación de las plataformas. Ahora un nuevo proyecto se está gestando en la legislatura de la PBA.

Pablo Maradei

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Es raro el político el argentino: legisló a las apuradas una ley de teletrabajo que recién se aplicará a los 90 días de que se levante el aislamiento mientras que los repartidores de las aplicaciones siguen trabajando bajo condiciones de precariedad. En la comparativa es tener a un trabajador haciendo home office en el abrigo de su casa versus otro que, por ejemplo y pese a estar continuamente expuestos a sufrir accidentes en la calle, no tienen una cobertura de salud.

Máxime con el crecimiento exponencial durante la pandemia: la AFIP duplicó el registro de monotributistas inscriptos como “distribuidor” pasando de 12.000 a 24.000. ¿Afiliados al sindicato? Solo 1.600. Eso explica el nivel de precarización que existe en el sector.

Pero más allá de la ley necesaria para regular esta actividad nueva traída al ruedo por la tecnología, tanto conceptual como en la práctica al mensajero no le cambia en nada: solo el método en el que recibe la orden de trabajo. Antes era mediante un beeper, después fue por la radio del Nextel y finalmente ahora con una aplicación. Pero el laburante siempre se sigue subiendo a una moto a una bicicleta para repartir: ¿cuántos pueden pensar que estamos frente a un micro empresario autónomo? Pátinas de un relato.

Las empresas sostienen que, bajo el concepto de la libertad de economía del tiempo que da el emprendedurismo un repartidor no tiene obligación de conectarse y trabajar todos los días, sino cuando lo necesita para generar dinero. Ahora, de acuerdo a datos de la Asociación Sindical de Motovehículos y Mensajería (ASIMM) “solo el 10% de ese universo trabaja de esta manera intermitente, y lo que no queremos es que se legisle pensando en ese porcentaje y no en el 90% restante que lo tiene como trabajo diario y de hasta 10 horas por días, todos los días”.

En el despacho de un diputado bonaerense de La Cámpora se está tallando un proyecto de ley para estudiar la trazabilidad de la operatoria de las aplicaciones Glovo, Rappi, Pedidos Ya y Uber Eats. La intención es saber la operatoria completa de estas empresas, desde que suben el algoritmo a la red y contratan un trabajador para que reparta hasta el lugar donde levanta la mercadería hasta saber si ese negocio está habilitado y cuál es la comisión que le cobró. También si ese trabajador está bajo normas de seguridad y el derecho laboral correspondiente; y ver si esa plata ingresa a una cuenta local.

Esta semana hubo una avanzada si hablamos de controles: el Gobierno, a través de la secretaría de Comercio Interior, les exigió que informaran las comisiones cobradas al sector gastronómico. Desde la Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios (ASIMM) explican que “empiezan pidiendo un 10% de cada venta a todo comercio que se sume; y luego empiezan a subir ese porcentaje a medida que ese negocio queda atado exclusivamente a las aplicaciones ya que gran parte o toda la facturación se hace a través de la plataforma y más a causa de la pandemia. Llegan a porcentajes de hasta 40% de comisión”. Completan: “El problema es que no tienen tope a las comisiones porque no hay regulación y el negocio quedó cautivo de la plataforma”.

En paralelo, pero también en la búsqueda de la regular la actividad, Trabajo elabora un estatuto: frente a pedidos de modificatorias por parte de ASIMM sigue en discusión. Para Marcelo Pariente, secretario general de ASIMM “queremos uno que se ajuste a nuestra actividad sin perder derechos y que diga que estamos en este tipo de relación laboral frente a un contrato de trabajo”.

En definitiva, en tres frentes el Gobierno y los legisladores buscan cómo ponerle el cascabel al gato. Pero acaso el debate sea más profundo y es saber qué país queremos tener respecto al mundo laboral en una Argentina devastada, pobre y con millones de excluidos. Es la discusión del mantero que se pone delante de un negocio que tiene que pagar hasta el último impuesto sino le clausuran. Los comerciantes, claro está, denuncian competencia desleal. Y acá también estamos frente a una deslealtad competitiva: por citar a una empresa tenemos al Correo Argentino que le paga a sus trabajadores todos los tributos para cumplir con la ley, no es posible que de la mano de enfrene tengamos a una empresa, bajo la excusa de que son los nuevos tiempos de la tecnología, quede exenta de todo. Lo mismo pasa con los taxis.

Para esta nota se pidió testimonio a dos empresas del sector, pero no hubo respuesta.

Cómo funciona el negocio de las plataformas de delivery

Resumiendo, el negocio de las aplicaciones necesita de un shock de inversión inicial para desarrollar la aplicación. Si tomamos las de Delivery se arranca en el negocio de la logística uniendo dos necesidades: la del que necesita vender y la del consumidor.

De esta manera, el comerciante, a cambio de sumarse a la plataforma pagando una comisión por cada venta que reparte el trabajador de aplicación, se evita mantener al empleado que tenía para repartir.

La pandemia generó que el servicio de delivery sea esencial por lo que los comercios terminaron siendo cautivos de las plataformas y las comisiones se dispararon.

Pero no termina ahí el pulpo expansivo del negocio: Pariente detalla: “Luego de que levantamos la toma que hicimos durante cuatro meses al galpón que la empresa Pedidos Ya tiene en Palermo, al tiempo convirtió ese lugar en un gran depósito tipo supermercado que no abre al público, pero sí abastece a sus usuarios de productos evitando que los ryders vayan al supermercado a buscar los productos, sino que los vende directo la plataforma”. Sigue: “Lo mismo pasa cuando alquilan lugares e instalan cocinas clandestinas que no cumplen con ninguna regulación y contratan chefs precarizados para elaborar ellos mismos las comidas”. Enumera: “Cambian la forma en que se relacionan los negocios, bajo la excusa de la información de mercado que les da la tecnología se meten en la logística, en el servicio de correo, gastronomía, supermercadismo y dentro de poco empezarán ellos mismo a producir; siempre el mismo formato de precariedad”.

Y así seguirá expandiéndose, y se recrudecerán las peleas gremios empresas, cuando hagan repartos para Mercado Libre, o bien para productos que se promocionan por Instagram o Facebook.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

El lado grasa del Teletrabajo: Edenor vende sillas a sus empleados y el oficialismo vota sin la búsqueda de consensos

Una vez más los ciudadanos somos espectadores del berretismo dirigencial.

Pablo Maradei

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Esta semana nos enteramos que, como parte de un proceso de reestructuración laboral, Edenor puso en venta sus sillas ergonómicas a precio de remate (¿?) para sus empleados: por medio de un mail de comunicación interna les ofrece a sus trabajadores comprar por 7.000 pesos sillas que se venden en el mercado a $17.500 o a $13.500. Hablamos de una empresa que tiene que manejar una parva de billetes para suministrar, mínimamente, la electricidad a media Ciudad de Buenos Aires: humillante para una empresa de esa envergadura. Lo cierto es que en algún punto están pensando en desprenderse de oficinas ya que sus asalariados se mantendrán teletrabajando. A propósito: ¿la ley que se votó en el Senado esta semana revertirá la idea?

Paréntesis: este berretismo empresarial se da en plena discusión de sacarle la concesión a Edesur, que recibió al igual que Edenor, aumentos siderales de tarifa durante la era Cambiemos y según el ENRE no hizo inversiones. Algo que también sostiene Carlos Minucci, secretario general de los jerárquicos de la energía: “Las inversiones datan de la época de Segba”, dijo a Mundo Gremial. Viaje al pasado: Segba era la empresa estatal de energía.

Volviendo al teletrabajo: a priori esa ley dejó muchos huecos sin cubrir de los que hemos hablado en este portal porque los senadores oficialistas decidieron no escuchar a nadie; por lo menos en el debate durante el recinto. Puertas afuera, y como según le comentó la senadora Gladys González a Mundo Gremial, la predisposición era otra: “Habíamos conversado con legisladores oficialistas y la predisposición era otra; de hecho tenían otros proyectos con otra mirada más moderna; pero lo que va ganando terreno es la posición del kirchnerismo a no escuchar”. Basta mirar el contexto político de la cooperativa gobernante para ver lo expuesta que están esas tensiones internas. Y va ganando, por poder, el ala dura.

Si a la oposición y al sector empresario no lo escucharon, ¿qué tenían los dirigentes sindicales para decir? Por lo que más se preocupó Héctor Daer fue en decir que “estamos ante una modalidad de trabajo y no una actividad” para mantener la paz interna y evitar reyertas por encuadramientos.

Sesión pública especial remota del Honorable Senado de la Nación, en la que se trataron los proyectos de ley de Teletrabajo y de sostenibilidad de la deuda, en Buenos Aires, Argentina; el 30 de Julio de 2020. Foto: CELESTE SALGUERO / COMUNICACIÓN SENADO.

Mundo Gremial le preguntó a la senadora González respecto al nivel de conocimiento de los dirigentes sindicales que fueron a exponer a la Comisión de Trabajo del Senado: “Me esperaba otra cosa, al Senado vinieron a exponer Daer y Yasky; y otros fueron a Diputados, pero tuvieron una mirada que atrasa. Incluso hasta el senador que conduce la Comisión, Daniel Lovera, tiene la misma mirada que ellos”. Sigue: “Tienen una resistencia al cambio sin entender que esto ha venido para quedarse. De hecho Lovera en su discurso habla de la pandemia y esto trasciende a la pandemia ya que nadie está 24 horas en su casa en tiempos normales”. Completa: “Si quiero diferenciar a muchos jóvenes sindicalistas que mandaron sus observaciones y la verdad que esa mirada era totalmente diferente”.

En efecto el teletrabajo es algo que en el mundo juvenil se impone: el no trasladarse al centro para tener más tiempo y acaso gozar de la posibilidad de estudiar en sus barrios de origen vuelve a quedar jaqueado por una ley incompleta. Pero también pueden ver perder su oportunidad de entrar al mercado laboral miles de personas con discapacidad que podrían trabajar desde su casa porque es muy hostil para ellos moverse en esta ciudad tan poco amigable a los más vulnerables. Ni hablar de oficinas que no están preparadas para recibirlos.

Es cierto que se aprobó una ley chueca que desincentiva el teletrabajo, pero aún falta la reglamentación por parte del ministerio de Trabajo que podría subsanar algunos agujeros negros como los que planteó Tomás Karagozian, presidente de UIA Joven, en una extensa entrevista que concedió a este portal.

Ahora bien, más allá de que la ley salió de prepo ¿se animará el ministro Claudio Moroni a enderezar el junco? Final abierto, pero con la certeza de que no es un funcionario del lado político irracional. Luego vendrán las discusiones colectivas entre sindicatos y empresas para ayudar a hacer la normativa más aplicable.

También es cierto que Argentina se vanagloria de tener leyes del primer mundo; aunque siempre estudiamos cómo eludirlas: es parte del gen argentino no cumplir las normas. Pero no solo pasa con la legislación local: el convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue ratificado por el Congreso de nuestro país con fuerza de ley en julio de 2001. Someramente: este convenio constituye la herramienta jurídica más importante para la defensa de los Derechos Indígenas. Luego de que denunciaran el asesinato y persecución de varios integrantes de la comunidad La Primavera por parte del gobierno formoseño, el cacique Félix Díaz -con huelga de hambre incluida- y su gente acamparon durante casi todo 2015 en plena 9 de Julio y Avenida de Mayo. Levantaron el campamento con el cambio de Gobierno y ante promesas de campaña de Mauricio Macri que quedaron a mitad de camino. Y ni siquiera estaba Edenor para venderle sillas para que no sufrieran de la espalda.

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