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ANÁLISIS Y OPINIÓN

El silencio que aturde

La CGT también perdió. Incertidumbre total y el corolario de una etapa oscura. La nueva central en el gobierno de Milei.

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Paralizada por el resultado electoral, la CGT quedó en silencio. Después de sacar rápidamente comunicados en repudio a dichos de la diputada electa Lilia Lemoine y a favor de Israel en la guerra contra Hamas, a horas del cierre de esta columna la central sindical no se expresó sobre el triunfo libertario y las definiciones de Javier Milei.

El impacto fue mayúsculo. Un puñado de dirigentes cegetistas estuvo presente anoche en el búnker oficialista tras una jornada de elecciones que pone al sindicalismo ante un escenario de incertidumbre.

A la sede de UxP anoche llegaron Pablo Moyano, Héctor Daer, Gerardo Martínez y Jorge Sola, entre otros.

De los cotitulares de la central, Daer fue el único que subió (o lo hizo subir Malena Galmarini) al escenario donde Sergio Massa reconoció la derrota (lo ubicaron detrás del tigrense). La crítica de sectores cegetistas es que en todo este tiempo jugó muy “la personal” y generó un fuerte alejamiento de sus históricos aliados.

Pablo Moyano reflejó rostro de desconcierto en huestes oficialistas, preocupado por temas personales, entre la interna familiar y lo simbólico de las causas judiciales.

Y Carlos Acuña, y su referente Luis Barrionuevo, tendrán un capítulo aparte en el camino oficialista que anunciaron.

La CGT en la era Milei

Con este panorama, la actual CGT tiene los días contados, donde abundarán las críticas y los pases de cuenta. El acompañamiento gregario hacia un oficialismo no tuvo agenda propia durante todo el gobierno de Alberto Fernández. ¿Cuál será la agenda durante el gobierno de Milei? La pregunta del millón.

Es indudable que en el mundo del trabajo el escenario será de conflictividad: reforma laboral, juicios laborales, privatizaciones de empresas públicas, cambios en política aduanera, y cosas que no imaginamos (o no queremos imaginar). Vamos a un impacto fuerte en el mundo del trabajo donde los dirigentes tendrán otros desafíos, que hace 25/30 años no los tienen en esta dimensión. ¿Como están de músculos? Hay que estar en forma para esta carrera.

En esa línea, anoche Milei envió un mensaje, no exclusivo, pero que impacta al sector sindical: «A todos ellos quiero decirles lo siguiente, dentro de la ley todo, fuera de la ley nada. En esta nueva Argentina no hay lugar para los violentos y los que violan la ley para sostener sus privilegios. Vamos a ser implacables con aquellos que quieran usar la fuerza para defender sus privilegios».

El presidente electo adelantó cuál será la respuesta a las muestras de resistencia que el sindicalismo puede dar en la calle. Aún la CGT no se refirió. Tampoco lo hizo ante las definiciones de Milei de este lunes sobre la confirmación de las privatizaciones de medios públicos, empresas del Estado e YPF.

Con una representación gremial alicaída en el Congreso, Mario «Paco» Manrique será diputado de un sector, con un perfil que tendrá muchas contradicciones con su sindicato y su actividad. La industria automotriz necesita y se regula por políticas estatales. Es una definición política y tendrá que hamacarse con esos intereses. ¿Se pondrá a la cabeza de los reclamos del resto de los sectores? Es el actual secretario gremial de la CGT.

El movimiento obrero empieza a transitar un momento crítico que tendrá, o una fragmentación con espacios más combativos y otros de diálogo, o irá a un gran debate con una agenda clara y de unidad. Pero quedarían pocas dudas de que se genere un escenario para un Ubaldini o un MTA moyanista. Muchos piensan y quieren ese escenario, los más combativos.

Un elemento central y que hoy genera un problema táctico es la falta de referencia política dentro del peronismo. Algunos empujan por el liderazo de Massa. Hasta que no lo resuelva el PJ, el sindicalismo tendrá una brújula titubeante.

La mesa de decisión de la CGT se reúnirá en los próximo días para evaluar los resultados y los pasos a seguir.

El área de Trabajo en el gobierno de Milei

El presidente electo Javier Milei ya anunció que reducirá la cartera laboral a una secretaría nacional que dependerá del nuevo Ministerio de Capital Humano. Gustavo Morón sería el hombre designado para el área, de experiencia en el macrismo y con paso en la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

Morón mantiene vínculos con Jorge Triaca, ex ministro de Trabajo de Mauricio Macri y hombre de diálogo con el sindicalismo, que se transformaría en uno de los vínculos con los gremios. En ese escenario, dirigentes reflotaron algunas conversaciones rápidamente con el ex funcionario. Muchos volverán a buscar lazos con esos sectores. Pero es un nuevo oficialismo que impondrá una agenda que comprometerá de una manera diferente a la dirigencia sindical.

Los gremios industriales y los estatales serán, atentos a los primeros anuncios, quienes tendrán una fuerte presión social. Esto impactará sin dudas en nuevos desafíos y en internas que en este tipo de escenario salen a la superficie. Muchos dirigentes están grandes y un escenario así los ponen en un lugar muy incómodo.

Clara está la decisión del trabajador argentino. La mayoritaria masa de trabajadores optó por un modelo que Milei se encargó de explicitar en los últimos dos años. En término de pulseada de poder, lo hizo sin territorio. Asumirá la presencia sin intendentes ni gobernadores propios. Ganó la presidencia sin el tradicional aparato, una situación que subvierte la disputa en las estructuras y que de manera colateral transmite un mensaje y un cambio de época también en la actividad sindical.

Juan Manuel Morena, director de Mundo Gremial.

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