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ANÁLISIS Y OPINIÓN

El Fuero Laboral, un dolor de cabeza para el Gobierno

La justicia del Trabajo ordenó este jueves reincorporar de manera definitiva a 68 de los 357 despedidos. Se suma a otros fallos en los que se le puso un freno al avance del Ejecutivo y los empresarios sobre el sector trabajador.

Pablo Maradei

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Este miércoles se cumplió un año de los 357 despidos en Télam, la agencia estatal de noticias, y al día siguiente la justicia del Trabajo ordenó la reincorporación definitiva de 68 de esos trabajadores desafectados; revés para el Gobierno que mantiene esta cruzada que se convirtió en un hito de su gestión. No obstante, se espera que Télam apele ante la Corte Suprema. A su vez, hay otro centenar de periodistas a los que se reincorporó de manera preventiva a raíz de medidas cautelares y que esperan sentencia definitiva. Dato: la Casa Rosada, ante las primeras sentencias favorables a los trabajadores ocurridas en agosto del año pasado, le inició juicio político a los camaristas Enrique Arias Gibert y Miguel Rodríguez Brunengo como un modo de disciplinamiento.

No es la primera vez que el fuero laboral falla en contra de los intereses del Ejecutivo: basta recordar la multa por 10.000 millones de pesos, que el entonces ministerio de Trabajo, bajo tutela de Jorge Triaca, le impuso a Camioneros; todo esto en ámbito administrativo. El sindicato recurrió a la Justicia y todo terminó en una sanción pecuniaria que le hizo cosquillas a la abultada cuenta corriente que tiene el gremio de los Moyano. Y un dato más: Trabajo tenía encarpetada una segunda multa, también por desacatar una conciliación obligatoria, pero para evitar el bochorno, hizo violín en bolsa y todo quedó a foja cero.

Último caso mediático: en febrero del año pasado, la Justicia le dio la razón a la Asociación Bancaria de aplicar la cláusula gatillo garantizada en el acuerdo paritario de 2017 cuando estaba empezando a discutir la paritaria de 2018.

Acaso el fuero laboral no escapa a las generales que imperan en el mundo judicial como es ser oficialista del Gobierno de turno -basta ver el accionar de muchos jueces federales de Comodoro Py-; lo que se traduce, por el clima de época imperante, inclinar la balanza en favor del Ejecutivo o las patronales en detrimento del sector trabajador. Sin embargo, en algunas salas de este fuero (principalmente la V) pareciera venir obrando un frontón de resistencia a los continuos embates por la libertad de acción que se les permite a las empresas por el nulo oficio de intermediario que debería ofrecer el actual ministerio de Producción y Trabajo a cargo de Dante Sica.

La balanza, claro está, debe impartir Justicia (con mayúscula) sea para el lado de los trabajadores o para el empresario siempre basándose los jueces en fundamentos jurídicos.

Una radiografía del fuero indica que coexisten los mismos 80 juzgados y las 10 salas de apelación desde hace 30 años con un crecimiento exponencial de la población: cobija a unos 2.000 trabajadores. Cada juzgado recibe $4.500 mensuales para cubrir gastos mientras que las salas perciben $4.000; lo que da en total $400.000 al mes. A esto se le suma, también en concepto de gastos, lo que reciben las intendencias; lo que no supera el millón y medio de pesos mensuales. El resto del presupuesto es salario, que alcanza el 90% del total.

Claro está, los juzgados están plagados de expedientes; muchos de ellos carcomidos por las ratas o corroídos por la humedad o el agua proveniente de las goteras.

Sobre este cuadro de situación, Gabriel Galeano, secretario adjunto de la comisión interna del Fuero del Trabajo-UEJN (Unión de Empleados de la Justicia de la Nación), detalla a Mundo Gremial: “Quien puede dudar que la Justicia del Trabajo no puede seguir con la actual estructura, tanto por la cantidad de juzgados como de personal en cada uno ellos. Deberíamos proponer mudar todo el Fuero del Trabajo al Palacio de Justicia. Tal vez de esa manera los señores ministros logren captar cual es el verdadero cuadro de situación y saldrían de sus posturas de monjes recoletos y apuntarían al mundo de la justicia real, la ordinaria como se dice, la de todos los días. Ellos se pueden gastar cientos de miles de pesos del presupuesto para realizar congresos, pero no para un fuero donde el medio ambiente es de caos”.

El pico de demandas se produjo en el año 2016 alcanzando las 113.000; mientras que en 2018 rozaron las 80.000. La merma se explica porque desde 2017 empezó a regir una nueva reforma a la Ley de ART que obliga a todos aquellos trabajadores que se lesionan pasar por las comisiones médicas de su jurisdicción que son las encargadas de fijar el monto de resarcimiento al comprobar una incapacidad manifiesta y permanente ante un accidente de trabajo. Esta vía administrativa, que se puede apelar CON LIMITACIONES, logró lo que buscaba: desalentar iniciar acciones legales.

Para agosto de ese año, Mauricio Macri promovía esta normativa para erradicar “la mafia de los juicios laborales”. Decía el Presidente: “Son un grupo de estudios y jueces laboralistas conducidos por Héctor Recalde (abogado laboralista vinculado al sector sindical) que le han hecho mucho daño a la Argentina. Convencen a un pibe que le haga juicio a la empresa porque saben que ganan al tener todo armadito llevándose ellos la mayor parte dejando a otros siete en la calle porque la Pyme cierra”. Según Macri no toman personal porque el empresario “tiene miedo a estos comportamientos mafiosos”.

Las numerosas fuentes consultadas para este trabajo coinciden en que el presupuesto del fuero es insuficiente y lo vinculan a una intencionalidad política. Nahuel Altieri, abogado especialista en derecho del trabajo y presidente de la Asociación Abogados del Fuero que nuclea cientos de abogados del sector, comenta a Mundo Gremial: “Hace más de tres años y medio ya habíamos advertido a la Corte y al Consejo de la Magistratura de esta situación y parece ser que no es una prioridad de ellos asignar recursos para el buen funcionamiento de la justicia; este reclamo lo venimos sosteniendo abogados y sindicatos faltando que se expida la Asociación de Magistrados que afecta a miles de trabajadores”. Altieri fue el letrado patrocinante de un amparo por la crisis del Fuero que presentó junto a la agrupación política Encuentro de Abogados que encabeza Juan Pablo Godoy Vélez. Pese a que adhirieron 1.200 abogados a este amparo y todos los sindicatos del sector, la Justicia federal consideró que “no” se trataba de una “cuestión urgente”.

La falta de infraestructura se traduce en el estado de somnolencia en el que entran las causas. “Un trabajador que inicia una demanda debería tener sentencia al año o año y medio y hoy no baja de un promedio de entre 5 y 6 años”, detalla Altieri. Y agrega un dato que violenta aún más la situación. En su exposición en el 10° Congreso de la Sociedad Argentina de Derecho Laboral realizado en noviembre de 2018 detalló que las tasas que se aplican para ajustar los montos de sentencias definidas pierden contra distintos tipos de actualización.

Para ello tomó un caso real en el que una trabajadora fue despedida en agosto de 2013 y la Justicia dictó sentencia definitiva en octubre de 2018. La tasa de interés que se le aplicó fue del 183%.

Comparó con el IPC de CABA: fue del 421%.
Comparó contra la cotización del dólar: tuvo un alza del 748%.
Comparó con la evolución del RIPTE (índice vinculado a los riesgos del trabajo): alcanzó el 366%.

Una última conclusión que se desprende de este ejemplo real: al no aplicarse índices de actualización a los tiempos que corren la Justicia convalida un saqueo institucional a las clases trabajadoras.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Qué hay detrás de la presencia de Gustavo Béliz en la CGT

Llamativo, el ex funcionario de Néstor Kirchner acompañó al electo presidente a Azopardo. Alberto Fernández dio pistas de la discusión que se viene con el movimiento obrero y que encontraría a Béliz como su ejecutor.

Pablo Maradei

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Los interrogantes son múltiples y las visiones optimistas se contraponen con las pesimistas. La digitalización de la economía, el proceso continuo de innovación tecnológica sumado al surgimiento de la economía de plataformas (en el país desde el 2016), el uso del Big Data, la bioeconomía, la inteligencia artificial, la robótica y las máquinas asistidas obligan a replantear el paradigma vigente de trabajo con la obligación de repensar el futuro del trabajo. Nada nuevo bajo el sol, pero cuando Alberto Fernández exhortó a los gremialistas desde las entrañas del movimiento obrero a que Azopardo “se convierta en un centro de educación tecnológica para capacitar a los trabajadores y los jóvenes” estaba explicando la presencia de Gustavo Béliz en ese lugar.

¿Por qué? Porque durante su camino por el desierto alejado del ruido político se dedicó a explorar el futuro del trabajo. El mes pasado, desde el Vaticano y en el seminario “Dignidad y el futuro del trabajo”, organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y que dirige el monseñor argentino Marcelo Sánchez Sorondo, Béliz tiró una frase: “Debemos ser conscientes de que hay un calentamiento global tecnológico sobre nosotros”. Y así otras vinculadas al destierro al que están y estarán obligados a ir millones y millones de trabajadores que se quedarán sin trabajo por el avance de la tecnología. Alberto Fernández les dijo a los muchachos elípticamente que en muchos casos habrá que barajar y dar de nuevo para encarar este momento crucial. Habilita y se anticipa de hecho a la discusión de convenios por sector (como para empezar por algo) y aggiornamiento de estructuras sindicales que ya huelen rancias.

Otra frase de Fernández marcando la cancha: “Nos vamos a sentar a diseñar las políticas del futuro, y lo vamos a hacer entre todos. Esas son las políticas que van a perdurar más allá de mi mandato”.

Paréntesis: el delegado papal Sánchez Sorondo tiene un vínculo muy aceitado con Hugo Moyano y Gustavo Vera, con quienes compartió varios escenarios por el proyecto camionero que se conoció como Multisecotrial 21F (el nombre viene por la fecha en que tuvo lugar, el 21 febrero de 2018, un acto monumental de Hugo Moyano en la 9 de Julio en el que se defendió de las causas judiciales). También compartieron un seminario antimafia. Una muestra del pensamiento de Sorondo: “Es providencial tener un Papa argentino y siendo nuestro gran líder tenemos que defender e impulsar su programa que es la defensa de la casa común, la madre tierra como llama San Francisco de Asís, y así luchar por la dignidad humana. Porque el capitalismo salvaje como lo llamaba San Juan Pablo II, pone el centro en el dinero, y no en el ser humano y su casa común”.

Abajo, a la derecha, Enrique Rodríguez, abogado de consulta de Camioneros, acompañando a Moyano en conferencia de prensa

Defender la casa común es preocuparse por el medio ambiente y promover la economía verde o circular: donde nada va a la basura sino que se recicla y reutiliza. Béliz escribió sobre esto.

Béliz, del que no hace falta mencionar su vínculo con la Iglesia por su pertenencia al Opus Dei, lleva escritos varios libros y dossiers indagando respecto a qué pasará con la cuarta revolución industrial que ya baña al mundo con su perfume de incertidumbre. A Béliz lo acerca al calor del presidente electo Enrique Rodríguez, el presidente de la obra social OSPOCE. Rodríguez es un abogado de consulta permanente del gremio Camioneros por las distintas causas judiciales que lo acechan: incluso se lo llegó a ver en la conferencia de prensa en la que este sindicato salió airoso de la multa, por 10.000 millones de pesos, que le había impuesto el gobierno de Cambiemos.

Otro dirigente complementó con otra visión política: “El metamensaje de revivirlo a Béliz es para que se sepa que la política va a estar por encima de los servicios; algo que Alberto quiere replantear y que lo dijo en público”. Refiere a que justamente Néstor Kirchner, quien fue jefe de Alberto y de Gustavo, eligió echar del gobierno a este último en 2004 cuando mostró la foto de Jaime Stiuso en la tele. Otros tiempos.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Moyano juega en solitario frente a la unidad que pide el albertismo

Desde el sector tradicional le enrostran cortarse solo “por sentirse el ombligo del mundo”; los camioneros contestan que estuvieron desde la primera hora con el futuro gobierno.

Pablo Maradei

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En la historia del movimiento obrero podemos definir un primer y gran espacio temporal que tuvo lugar desde que el coronel Juan Domingo Perón, al frente de la vicepresidencia y de la secretaria de Trabajo y Previsión y ministro de Guerra del gobierno militar de Edelmiro Farrell, empezó a consolidar lo que sería su base de sustento político apoyándose en las masas populares. Floreció el modelo sindical peronista, con gremios por rama de actividad y firmas de convenios colectivos, entre otros menesteres. Con zizagueos en su influencia sobre el poder, entre gobiernos democráticos y de facto, el segundo momento en que esas bases crujieron fue durante el menemismo. La propuesta del riojano era el apartamiento del Estado como garante de todas aquellas conquistas para dar lugar a que el mercado sea el regulador natural de las tensiones económicas. Está claro que hubo quiebre entre los sectores tradicionales del sindicalismo que apoyaron este cambio de paradigma y el moyanismo que se abrió y fundó el MTA, de extracción combativa a lo que fue el gobierno neoliberal.

De ese entonces, y como acostumbra nuestro país, entre estos dos modelos hubo grieta: los 12 años del kirchnerismo revalorizaron el peso del Estado, se abrieron las discusiones paritarias y el Salario Mínimo Vital y Móvil volvió a tener pulso. El macrismo aplicó receta menemista. Y acá estamos de nuevo con Alberto Fernández, tratando de equilibrar un mix; aunque, claro está, siendo un gobierno peronista la balanza está inclinada hacia el lado que todos esperan. Y además porque el movimiento obrero le dio el respaldo que el futuro presidente necesita. Se lo dieron todos los sectores: CGT, CTA y el moyanismo.

Del armado y de lo que podrá pasar allí se habló este jueves en la sede de UPCN: hasta allá fueron los dirigentes cegetistas de la mesa chica junto a dirigentes de la Corriente Federal, que lidera Sergio Palazzo, y del MASA, que conduce Omar Viviani. Una foto reducida, pero de cada uno de los sectores que estuvieron en Tucumán en la asunción de Juan Manzur en su segundo mandato al frente de esa provincia.

El mismo dirigente se ocupó de trazar el escenario: “Podemos tener tres imágenes: la del cierre de campaña en Mar del Plata, la del búnker en Chacarita y la de Tucumán. En las tres estuvo el peronismo y el gran ausente fue Moyano. Se cree que es imprescindible y el ombligo del mundo. Esa no es una actitud nuestra sino que es suya”. El “nuestra” para este dirigente es todo el movimiento obrero versus Moyano.

Desde el campamento Camionero respondieron a la consulta de Mundo Gremial por el faltazo de los Moyano o de algún delegado del gremio a cualquiera de esos tres actos. Y la respuesta no fue decorosa: “Nosotros tuvimos que estar cuando tuvimos que estar que es desde hace tiempo y en contra de este gobierno de ricos: frenamos la reforma laboral cuando ellos, oficialistas de todos los gobiernos, daban el aval al macrismo para esa ley. Pero va más allá de Macri: ellos están siempre con el gobierno de turno y ahora hicieron lo de siempre: sumarse al triunfador”. Y tiraron una reflexión respecto al bancario: “Está jugando más a hacer política que hacer gremialismo que es lo que tenemos que ser como dirigentes sindicales”.

Con este escenario -de unidad a medias como marca registrada del movimiento obrero- el viernes que viene Alberto Fernández irá a la CGT al Plenario de Secretarios Generales: una foto simbólica pero de importancia. “El viernes que viene se le dará el respaldo orgánico al futuro presidente” contó un secretario general del sector de los Gordos a Mundo Gremial.

En el medio de este caldero, la CGT solicitó a la Iglesia, a través del cardenal Mario Poli, que inicie el proceso de beatificación de Eva Perón; algo difícil de que prospere. Se sabe que para llegar a esa instancia se le deben validar dos milagros en vida a quien fuera la mujer del General Perón. Curioso: el matrimonio, ni siquiera en esos años de bonanza peronista, pudo hacer el milagro de unir al movimiento obrero durante sus mandatos.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Con Alberto sí; con Macri, no: el problema de las promesas de campaña

En el Pacto Social que promueve el candidato del kirchnerismo muchos gremialistas están dispuestos a poner en discusión los convenios colectivos; pero si ganara el macrismo: ¿qué pasaría?

Pablo Maradei

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En el gobierno de Cambiemos por ahora todo es cautela; aunque se la matiza con sesgos de esperanza: las plazas del “Sí se puede” han logrado darle oxígeno al oficialismo luego de la sepultura que le propinaron las Primarias el ya lejano 11 de agosto. Si hay vida después de este domingo y el 24 de noviembre llevara al triunfo a Mauricio Macri, ¿los gremialistas estarían tan dispuestos a sentarse para encarar el tema de discutir convenios como se comprometieron con Alberto Fernández? Nadie en el mundo gremial se imagina -o prefiere no hacerlo- con ese escenario en el que habrán quedado en offside. Cuando se los consulta, refutan la suposición con gestos o con silencios. “Esperemos a ver qué dice la gente; aunque sabemos que no se pueden equivocar otra vez”, dicen fijando posición.

En cualquier caso, una fuente híper calificada del mundo laboral del búnker de Juntos por el Cambio comentó a Mundo Gremial en la previa al acto de cierre de este jueves: “Si la ciudadanía nos da otros cuatro años, la propuesta será lo que están habilitando a discutir los propios gremios que es poner a debate los convenios. Si se lo habilitan a Alberto Fernández, el piso será ese”. Pone un reparo ante la incertidumbre de las alianzas que se vayan a tejer en un nuevo mandato de Macri. Completa que “la forma de construcción de acuerdos posibles definirá la acción de política posterior”. Es decir, acuerdos con la oposición no kirchnerista para amalgamar fuerzas en el Congreso y poder avanzar en otras cuestiones.

Hablamos que “si el piso son los convenios” lo que vendrá será un revival de una reforma laboral. Dice la misma fuente: “El sector empresario le viene pidiendo a Fernández definiciones pro empresa por lo que no veo muy descolocado pensar en que tomen nuestro proyecto de reforma laboral que tenía el aval de la CGT para avanzar en algo remozado”. A propósito de reforma laboral: ¿qué rol jugará Miguel Ángel Pichetto que era el garante, cuando encarnaba la oposición peronista a Cambiemos, de “que nada que no tenga el visto bueno de la CGT avanzará en el Senado”? Pero la reforma laboral sería solo una solapa de la avanzada.

Ya sin especular con quien será el próximo presidente apunta este dirigente del PRO: “El que venga, sea Mauricio o Alberto, tiene por delante recomponer el salario real de manera inteligente atado a productividad, y eso no es otra cosa que discutir convenios. Se lo piden a Alberto como se lo piden a este Gobierno”. Analiza: “Los índices de productividad están a la baja y hay que lograr inversión productiva que genere trabajo”. Y por último apunta: “El tema que no se puede eludir más es la discusión del sistema de seguridad social: como está planteado es insostenible. En esto juegan las economías de plataforma que no debería ser lo que es hoy en cuanto a su marco regulatorio pero tampoco podemos mirar para otro lado a un sistema que abre puestos de trabajo. Hay que encontrar un mix que haga esto viable”

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