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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Dinero por paz sindical: el Gobierno gira fondos para las obras sociales

Son millones de pesos que se destinan para cubrir el faltante que genera la atención de monotributistas y otro tanto para actualizar los montos para los tratamientos de alta complejidad.

Pablo Maradei

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¿Habrá un paro de la CGT de acá a octubre? Si fuera por el contexto económico, que nunca es alentador, la respuesta es obvia. Basta recordar que este miércoles pasado, después de 13 años, la desocupación volvió a los dos dígitos: 10,1%; lo que se traduce en casi 2 millones de personas sin trabajo. Pero también desde este sábado, con el cierre de listas con lo que implica la bandera de largada de campaña, la política empieza a colarse más fuerte en estos meses por venir y todo entra en terreno fangoso.

Atendiendo semejante olla a presión, el Gobierno decidió, como paliativo, inyectar plata a las obras sociales, reclamo sempiterno sindical. El 8 de abril Mauricio Macri había firmado un decreto en el que se comprometía a girar fondos a las prestadoras de salud; algo que esta vez sí se empezó a concretar ya que el firmado en 2017, para repartir 4,500 millones de pesos, nunca se concretó.

De fuentes de la Superintendencia de Servicios de Salud, “en el mes de mayo se distribuyeron entre las obras sociales sindicales 180 millones por marzo y otros 213 millones correspondientes al mes de abril. En tanto, en junio se pagarán 279 millones y se espera que esta semana que empieza se gire ese monto”, detallaron. Estos desembolsos son para cubrir el presupuesto para la atención de monotributistas. Para hacerlo, el Gobierno toma los intereses del Fondo de Emergencia y Asistencia (FEA) que son 11.200 millones de pesos que están en un plazo fijo.

Repaso: los monotributistas aportan al sistema de obras sociales 620 pesos mensuales lo que no alcanza para cubrir las prestaciones mínimas que se deben dar por el Programa Médico Obligatorio (PMO), que hoy ronda los $ 1.400 mensuales. Otro dato: según el último número conocido, en diciembre de 2018 eran 1.585.000 personas adheridas al régimen de monotributo.

En el caso de SUR, que es el programa para atender los casos de alta complejidad, se venía reintegrando un monto de 750 millones de pesos mensuales. “Desde abril se ascendió a 1.000 millones en mayo para pasar a 1.219 millones en junio. Este reintegro se hace en 2 o 3 pagos en el transcurso del mes”, explicaron desde la SSS.

Carlos Acuña, cosecretario de la conducción de la CGT, reconoció ante MG que “en efecto se están recibiendo algunas ampliaciones de fondos” pero planteó a modo de queja: “Son momentos en los que aflojan porque estamos en un proceso eleccionario”. Agregó: “La Superintendencia reparte la plata que le giran desde el ministerio de Desarrollo y Salud (a cargo de Carolina Stanley) y prácticamente no recibe nada por lo que es una decisión, la de asfixiarnos, que viene bien de arriba”.

En el siempre brumoso y discrecional manejo del dinero de las obras sociales, Mundo Gremial no pudo saber qué prestadoras habían sido beneficiadas en la repartida: no respondieron a las inquietudes ni sindicalistas que manejan las negociaciones en el complejo tema de la salud como así tampoco hizo eco el Gobierno.

Un director de una obra social de un gremio de servicios que prefirió el anonimato graficó: “El dinero que nos reparten es nuestro porque es el aporte de los trabajadores que luego el Gobierno redistribuye. Aclarado esto agrego: todos los meses nuestro sindicato le aporta a esta obra social 4,5 millones de pesos para cubrir solamente la atención de 4 afiliados que tienen problemas de salud y que deben ser tratados con tratamientos de alta complejidad”.

– ¿Pero este déficit prestacional debe venir de varios años atrás?, preguntó MG
– No más de cinco años, pero lo que pasaba antes es que los medicamentos no costaban un fortuna y se podía costear sin perder el equilibrio; hoy todo los precios, de cualquier rubro y los medicamentos en particular, están exorbitantemente altos.

Y a propósito de discrecionalidad en el manejo del reparto otro presidente de una obra social de mediano porte confío a MG con sorna: “Se ve que no me tocó porque acá sigue todo igual”.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Lo que no te cuentan del sindicalismo

La función social de los gremios que muchos prefieren ocultar. El caso de Pasteleros y la operación de los hermanos siameses.

Mundo Gremial

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Los diarios de mayor tirada del país se hicieron eco de la noticia: 44 médicos realizaron una operación inédita de 9 horas para separar a dos hermanos siameses.

Se destacó el valor de los médicos, de los colaboradores y de todo el personal del establecimiento médico, como debe ser. Antecedentes, curiosidades e historia de vida, también formaron parte de las publicaciones.

Todo merecido y, sin dudas, para destacar con mayúsculas.

Pero en todos los artículos, gráficos, radiales y televisivos, obviaron un dato. Un datazo. La operación de Gianluca y Santino fue solventada económicamente por la obra social Elevar, del Sindicato de Trabajadores Pasteleros.

La omisión, tal vez sin intención, no generaría ruido si nuestro país en la actualidad no transitara momentos de tensión entre el gobierno y los grandes formadores de opinión, por un lado, y las organizaciones gremiales, por el otro.

En el último tiempo, los agravios a los sindicatos se convirtieron en eje de campaña del oficialismo, y van en escalada al ritmo del proceso electoral, sin distinguir figuras, sectores ni estructura sindical.

Se engloba, se generaliza y se ataca: el sindicalismo, el culpable de todos los males.

En el medio, Canal 13 estrena una serie televisiva protagonizada por Julio Chávez, estereotipada y plagada de clichés, sobre la vida de un sindicalista, sumando otra munición a la guerra ya desatada.

Así las cosas, la función social de los sindicatos nunca es tapa de diarios. Gestión de turismo, acceso a hotelería y un extenso abanico de servicios sociales ocupan la mayor parte del tiempo de la vida institucional de los gremios, acompañado por la gestión que realizan en las obras sociales.

Se estima que en el país las más de 200 obras sociales, de mayor o menor tamaño, prestan servicios de salud a casi un 60% de la población. Sin ellas, el sistema de salud nacional sería inviable.

Las obras sociales sindicales se dedican a organizar la prestación de servicios de salud y hoy representan el mayor servicio proveedor de cobertura médica del país.

La cobertura de Elevar – Pasteleros en la intervención de los hermanos siameses es apenas una de las innumerables prestaciones sociales y de salud que son posibles a través de la buena administración y gestión de los aportes de los trabajadores. Aunque muchos eligen no contarlo.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

Una marca registrada de Cambiemos: las intervenciones a sindicatos

El Gobierno no sólo intervino gremios, que suman más de una decena, sino que también hizo lo propio con las obras sociales: al día de hoy existen 17 entidades con autoridades flojas de papel.

Pablo Maradei

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La lógica de las intervenciones a los sindicatos fue, y acaso lo sigue siendo, una marca distintiva del gobierno de Cambiemos. Las más mediáticas fueron la del SOMU, que terminó con Omar “Caballo” Suárez preso, y la del SOEME, cuyo titular Marcelo Balcedo también terminó en prisión. En ambos casos quedaron a la vista la vida de bon vivant de estos dirigentes sindicales.

Se suman a la lista el Sivendia (Canillitas), UPSRA (Vigiladores), la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles y Puertos Argentinos (APDFA) y la Federación de Azucareros (FEIA).

Bajo la gestión de Dante Sica se intervino la Asociación Sindical de Trabajadores de Industrias químicas, petroquímicas y explosivas. Y hay más, aunque el Ministerio de Producción y Trabajo no lo quiera informar ante el pedido de Mundo Gremial.

También es triste y mezquino ver a dirigentes sindicales de peso y como aves de rapiña operando con el Gobierno para quedarse con la conducción y por ende la caja del gremio una vez concluida la intervención.

Desde la estrategia política, cada gobierno amplifica su poder teniendo enfrente un enemigo: en la era Cambiemos ese blanco fueron y son los trabajadores que ligan el tiro junto a quienes son sus representantes.

Más allá de la definición y por lo expuesto los sindicalistas no son Carmelitas Descalzas; pero en lo conceptual, los trabajadores sufren el desamparo del Estado y los sindicatos las amenazas de intervención. O como se sabe pero se dice poco: el armado de expedientes judiciales multimillonarios que involucran a un juez federal de Comodoro Py y a funcionarios del ministerio de Trabajo de la era de Jorge Triaca para extorsionar a los gremios.

En este cierre de ciclo del primer ciclo de Cambiemos, la lógica de las intervenciones incluyó el avance gubernamental sobre las obras sociales sindicales. Al día de hoy se encuentran sin sus “autoridades naturales” ocho obras sociales.

En detalle son:

La Obra Social del Personal de la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos. En iguales condiciones está la Obra social del Personal de Luz y Fuerza, de Córdoba y la Asociación Gualeguaychú de Obras Sociales. Siguen la Obra Social de Conductores de Remises y Autos al Instante y la Obra Social del Personal de la Industria Azucarera y el Instituto de Servicios Sociales Bancarios. Cierran OSDEPYM, que es la Obra Social de Empresarios, Profesionales y Monotributistas; y la Obra Social para los Trabajadores de la Educación Privada, OSTEP.

Haciendo un repaso ligero vemos al Correo: no hay que ser muy memorioso para recordar el affaire de la familia del Presidente con esa empresa. Carlos Menem lo privatizó en los noventa y el adjudicatario fue el Grupo Macri: no pagaban el canon como respuesta a que no les dejaban aumentar las tarifas. En 2001 fueron a concurso con una deuda de 300 millones de pesos/dólares y desde aquel año está intervenida la obra social. La propuesta del Grupo Macri fue de abonar aquel valor de manera nominal; es decir 300 millones de pesos sin contemplar ningún tipo de adicionales por inflación, intereses, etc. Actualmente está judicializado.

En cuanto a la obra social de la industria azucarera atrás de esta intervención, que data de noviembre de 2017, hay que poner el ojo en los intereses de la familia Blaquier. Carlos Pedro Blaquier y Alberto Lemos, respectivamente dueño y administrador del ingenio durante la dictadura, fueron procesados en noviembre de 2012 por privación ilegal de la libertad y por el secuestro de 29 trabajadores entre marzo y julio de 1976, en lo que se conoció como la “noche del apagón”. Estos procesamientos fueron confirmados en 2013 por la Cámara salteña mientras que en 2015 la Sala IV de la Cámara de Casación Penal dictó la falta de mérito y revocó los procesamientos. Los demandantes apelaron y ahora se espera la definición de la Corte Suprema de Justicia.

En tanto, el Instituto de Servicios Sociales Bancario se encuentra intervenido desde julio de 2018. Signo de pregunta: ¿Tendrá que ver con las posiciones políticas del secretario general de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo?

Finalmente la obra social del SOEME, la OSTEP. Hablar del SOEME es hablar de la opulencia y la desfachatez de quien fuera su secretario general, Marcelo Balcedo. A este sindicalista, hoy preso, se le incautaron autos de lujo en una chacra con zoológico propio en Uruguay.
A su vez, a junio de 2019 existen 9 obras sociales a las cuales la Superintendencia de Servicios de Salud no les reconoció las autoridades.

Ellas son:

1- Obra Social del Personal de la Cerámica, Sanitarios, Porcelana de Mesa y Afines.
2- Obra Social de los Supervisores de la Industria Metalmecánica de la República Argentina.
3- Obra Social para Pilotos de Líneas Aéreas Comerciales y Regulares.
4- Obra Social del Personal Aduanero de la República Argentina.
5- Obra Social para Directivos, Técnicos y Empleados de John Deere Argentina.
6- Obra Social Cooperativa de Asistencia Mutua y Turismo del Personal de las Sociedades Pirelli LTDA.
7- Obra Social de la Asociación del Personal de Dirección y Jerárquico de la Industria del Cigarrillo.
8- Obra Social del Personal de Dirección de las Empresas que Actúan en Frutos del País.
9- Asociación de Obras Sociales de Rosario.

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ANÁLISIS Y OPINIÓN

El Desafío Palazzo

Por Gerardo Juara – Columnista de Mundo Gremial

Mundo Gremial

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El secretario general de la Asociación Bancaria (AB), Sergio Palazzo, acaba de lanzar un desafío a la empresa Mercado Libre, entre otras, anunciando que se sube al ring de los servicios digitales en busca de los afiliados que su estatuto y su convenio comprenden.

En ese desafío confrontará con la Federación de Empleados de Comercio, con la Unión Informática, con los trabajadores postales, los de estaciones de servicios, los empleados de farmacia, etc.

El premio de quien gane esta contienda es un colectivo de 6500 trabajadores “de plataforma”, y a nosotros nos da la oportunidad de plantear algunas opiniones sobre lo que vendrá.

La Asociación Bancaria va en busca de lo nuevo con la armadura de las viejas herramientas. Toma casi todo lo que el modelo sindical le provee y se dispone a la batalla “por la buenas o las malas”.

Voy a dedicarme a lo que ese reportaje dejó para el debate.

Con las herramientas del modelo, contra el modelo

La Asociación Bancaria (AB) plantea que los trabajadores de plataforma (TP) que realizan actividades bancarias y financieras les pertenecen por encontrarse alcanzados por su estatuto y su convenio.

Sostiene que la descripción de tareas tanto de uno como de otro le habilitan jurídicamente a solicitar se aplique a esos trabajadores su representación.

Comete, a la luz del modelo sindical, algunos errores:

– Primer error: el encuadre sindical

La representación gremial de un colectivo de trabajadores en una empresa determinada (y este será otro punto a debatir) se resuelve por la mayor o mejor correspondencia de la descripción contenida en la personería gremial, con la actividad principal realizada en la empresa o en el establecimiento.

Cuando se trata de sindicatos de actividad (y La Bancaria lo es en tanto agrupa, sin distinción de tareas, sean los que atiende la caja, cuentan el dinero, limpian los pisos o disparan ballestas a las palomas, a los trabajadores de bancos y financiaras) es la actividad del empleador la que define el encuadre, no la voluntad actual del sindicato (su voluntad está “congelada” en su personería de 1947) ni la del trabajador.

Ese encuadre gremial es lo que le permite al sindicato sentarse en la mesa de la negociación paritaria: el sindicato representado a TODOS los trabajadores de la actividad bancaria y financiera, y del otro lado de la mesa, las entidades que tienen como principal actividad la bancaria y la financiera.

Aquí radica el primer problema del “Desafio Palazzo”. Ni las farmacias, ni las estaciones de servicio, ni los mercados, ni los quioscos que prestan o reciben dinero y pagos, tienen como principal actividad la bancaria ni la financiera.

Las cámaras que los representan en sus paritarias, tampoco.

Conviene aquí hacer una aclaración: No importa que la AB tenga a la categoría que pretende representar en su estatuto: el estatuto es una regla interna, el modo en que los trabajadores (los bancarios, en este caso) deciden organizarse, formular sus planes de acción e invitar a otros trabajadores a sumarse a un proyecto. Pero no es el documento que nuestro sistema legal tiene en cuenta para definir la representatividad.

Si eso fuera posible, bastaría que alguno de los otros sindicatos “amenazados por el ‘Desafío Palazzo’” incorporen una cláusula que dijese algo así como “este sindicato ejerce la representación de todos los trabajadores de apellido Palazzo, los que estarán encuadrados en los convenios que esta organización suscriba” (si alguno lo hace, no se olviden de enviar los honorarios al domicilio habitual)

– Segundo error: (o problema) el criterio de la especialidad

La AE aspira, según su secretario general, a ser el Moyano del sector. Intenta replicar el proceso de expansión de la actividad de representación convencional que el sindicato de choferes de camiones llevó adelante en el periodo 2005-2015.

Es importante resaltar lo dinámico de ese período: por sobre la clásica respuesta del encuadramiento gremial (establecer el sindicato más representativo a través de la correspondencia de la personería), el contenido del acto administrativo que la otorga confrontado con el acto administrativo de la habilitación de la empresa o de aprobación de su objeto social estatutario, o la descripción de tareas obrante en el acta de inspección, los conflictos de encuadramiento, en un importante sector de la economía, empezaron a resolverse por el criterio de la especialidad, en dos variantes:

1) la especialidad del establecimiento, operando de forma independiente de la actividad principal (centro de distribución logístico en un establecimiento distinto al de la empresa principal, por ejemplo, una embotelladora de gaseosas, o un hipermercado).
2) la especialidad de la tarea, aún dentro del establecimiento: (por ejemplo, los tiradores de ballestas antes mencionados).

Esta forma de encuadre tienen en cuenta al sujeto (al trabajador) y no a la actividad del empleador para definir cuál es el sindicato más representativo. En algún supuesto puede ser una buena respuesta, ya que se apoya en la identidad que el trabajador tiene con la organización sindical (el tirador de ballesta que trabaja en el banco se sentirá más cercano en su identidad con el Sindicato de Tiradores de ballestas, arquería y afines, antes que con el empleado bancario que concilia cuentas) haciendo más eficaz la relación intrasindical.

Pero… en la medida en que la especialidad permite tomar como unidad de referencia al sujeto antes que a la empresa, habrá más sindicatos por unidad de explotación y esto dividirá la fuerza sindical y en la experiencia a la que se remite el “Desafio Palazzo” el impacto de la negociación colectiva en los trabajadores así “reencuadrados” ha ocurrido de modo indirecto.

Bancos eran los de antes.

El “Desafío Palazzo” tiene dos virtudes: la primera, es que pone bien en claro que la cuarta revolución industrial es un problema que las organizaciones sindicales deben resolver lo antes posible. La segunda, es que el sindicalismo argentino, cuando ocurrió la tercera, pidió que le tacharan la doble.

Todos sabemos que los sindicatos son hijos del sistema productivo capitalista industrial y su modo de organización, su dinámica, y su actuación, son la forma en que el movimiento obrero se planta frente a ese modelo.

Esa tercera revolución, ocurrida a fines de los 90, compañera de ruta de la “sociedad de la información” dio por tierra con el modo de producción fordista-taylorista y empezó a perfilar otro tipo de empresas. Otra forma de organizar la producción, en sentido amplio. Mientras eso ocurrió, las formas de organización sindical poco cambiaron.

Si esa tercera revolución cambió el modo material de producir (descentralización, deslocalización, “just in time”), la cuarta, desmaterialización de la producción. Si antes alcanzaba ver cada acto físico, ahora hay que buscar en cada uno de ellos un “acto digital” para entender la escena completa.

Así como las empresas de energía fósil (las petroleras) tienen destino de recuerdo, y serán reemplazadas por múltiples fuentes y empresas de producción de energía renovable (incluso auto producción) y los sindicatos del sector (gas, petróleo, luz y fuerza) empiezan a confluir en una organización de grado superior “de la energía” (porque ahí se encuentra el elemento común), el sector de la producción de servicios empieza a padecer esa desmaterialización y los empleos que antes estaban en los sólidos bancos ahora están en la evanescente nube.

El “Desafío Palazzo” dará una batalla contra molinos de la economía industrial (bancos, estaciones de servicios, supermercados) que también están huyendo hacia las nuevas formas de la economía 4.0. puede que tenga algunos éxitos, más “por las malas” -no será la primera vez que un encuadre en la sede administrativa o judicial sea más parecido a las piruetas del Cirque du Soleil que a una conclusión razonada del derecho vigente- pero ambos, el perseguidor y el perseguido, muy probablemente terminen con poco entre sus manos.

La economía 4.0 es la que está “moviendo” esos trabajos de los bancos a las farmacias, pero no físicamente, sino digitalmente. Esos cambios ocurren en otro ámbito, donde las formas de organización sindical no llegan porque no se han adaptado.

Un sindicalismo eficaz en “la nube” deberá aceptar un modelo de sindicato colaborativo. No se asusten, no es con la patronal, sino entre organizaciones: evitar entrar en el desplazamiento de personerías sino avanzar en la formación de coaliciones sindicales que permitan ampliar el espacio representativo en las negociaciones. Aceptar acuerdos o convenios de actividad, empresa, proyecto, etc. Animarse a actuar en espejo con la economía 4.0.

Porque, como decía el viejo Carlos, con la nueva economía, todo lo sólido se desvanece en el aire.

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