Conéctate con nosotros

ANÁLISIS Y OPINIÓN

Cristian Jerónimo y el desafío de conducir una Juventud Sindical con el futuro como horizonte

Entrevista | Sus primeros meses al frente del SEIVARA, la actualidad de la industria del vidrio y el compromiso de liderar a los jóvenes dirigentes del país.

Mundo Gremial

Publicado

|

A días de ser elegido como el nuevo referente nacional de la Juventud Sindical, Cristian Jerónimo habló con Mundo Gremial y expresó sus primeras sensaciones en esta “enorme responsabilidad” que afronta.

Jerónimo es el Secretario General del Sindicato de Empleados de la Industria del Vidrio y Afines de la República Argentina (SEIVARA), elegido para el cargo hace cinco meses por el voto directo de los afiliados.

En su trayectoria como dirigente del vidrio, enfocó su mirada en la transformación de la industria del vidrio y en la capacitación profesional de los trabajadores para prepararlos para la denominada Cuarta Revolución Industrial.

SEIVARA se convirtió en la punta de lanza en la transformación de la industria del vidrio con un fuerte compromiso en preparar a sus representados para afrontar el nuevo mundo del trabajo.

Sobre su cargo al frente de la Juventud Sindical, Jerónimo aseguró que apuntarán a “una conducción horizontal” con participación de jóvenes dirigentes de todo el país.

Mundo Gremial: ¿Cómo transitás estos primeros días como nuevo referente de la Juventud Sindical?
Cristian Jerónimo: “Mis compañeros me otorgaron una enorme responsabilidad y voy a dar lo mejor de mí. La idea es integrar a todos los sectores para generar una mesa horizontal de conducción. Somos un grupo de compañeras y compañeros comprometidos con el futuro de los trabajadores y la sociedad en su conjunto”.

MG: En un mundo laboral en constante cambio, ¿qué rol debe tomar la Juventud?
CJ: “Hay que prepararse para lo que viene, que es muy difícil, que va a estar signado por la cuarta revolución industrial y la inteligencia artificial, que va a impactar de lleno en el trabajo, y de esa manera, en el modo de representación.

Por eso nos tenemos que preparar muchísimo para defender los derechos que hemos conseguido en todos estos años, y para pensar en lo que vamos a necesitar en el futuro. Tenemos la responsabilidad de ser protagonistas de lo que viene, pero ya tenemos un presente”.

MG: Asumiste la Secretaría General del SEIVARA hace cinco meses, ¿cuál es la primera evaluación al frente del sindicato?
CJ: “La realidad es que me tocó asumir esta responsabilidad, en un momento difícil de nuestro país, de la industria, pero bueno, haciéndonos cargo de esta situación. Siempre digo que nosotros tenemos que trabajar para sostener la industria de nuestro país, nosotros somos un país industrializado por más que mucha gente o mucho político o política del exterior no le interese que nosotros seamos un país que nos terminemos de transformar, nos terminemos de posicionar como un país industrializado.

Muchas veces a nosotros nos quieren poner en ese lugar de que nos convirtamos en un gran centro de distribución del mundo y me parece que no es la manera. Argentina, en su historia, ha demostrado que la industria argentina y la mano de obra calificada del trabajador argentino es muy buena, así que desde ese lugar vamos a defender la industria, ayudando desde el lugar que podemos, con las herramientas que tenemos a las pequeñas y medianas empresas que la están pasando mal.

Tenemos que estar muy cerca de los trabajadores. Nuestro sindicato tiene personería gremial a nivel nacional, representamos a lo ancho y a lo largo del país, y la realidad es que en las provincias del interior la crisis o este “parate” se siente mucho más que en Buenos Aires.

Nosotros, desde ahí, desde nuestro lugar fortaleciendo a las seccionales para que estén cerca de los trabajadores también. Entendemos que este momento de incertidumbre que se vive día a día, es muy complicado.

MG: Es fundamental el papel de las dirigencias sindicales…
CJ: “Hay que entender que no es momento de bajar los brazos, dar las discusiones que hay que dar y trabajar para una Argentina mejor, para una Argentina que vuelva a ser productiva, que las industrias vuelvan a crecer. Yo entiendo que en esta coyuntura política, algunas veces cuando se habla de tal o cual presidente, digo en muchas cosas pienso totalmente diferente o estratégicamente de como trabaja este Gobierno, pero ojalá le fuese bien a este Gobierno, la realidad es que nadie quiere que le vaya mal.

Nosotros como herramienta transformadora, digo de los trabajadores y de las organizaciones gremiales, no le queremos hacer la guerra al Gobierno, sino todo lo contrario, pero hubo muchas muestras significativas de que el movimiento obrero acompañó y sigue acompañando, pero muchas veces te termina empujando el clamor o esa inestabilidad o esa incertidumbre que sienten los trabajadores día a día , que te terminan empujando a generar los reclamos genuinos.

Todos los días lamentablemente se pierden fuentes de trabajo, la realidad es que el salario por más de que uno no pueda estar discutiendo una paritaria, el porcentaje que uno saque no alcanza, esta realidad inflacionaria, esta bomba de tiempo en la que estamos sentados muchas veces termina perjudicando al trabajador.

Y bueno desde que asumí me tocó ese momento pero tampoco es algo que me preocupa, sino que me ocupa, porque uno esta acá para esas cosas. Para tener ese tipo de responsabilidades, y hacerse cargo de la situación en la que vivimos en este momento”.

MG: ¿Y en ese contexto, cuál es la realidad salarial y paritaria de la industria del vidrio?
CJ: “Nuestro gremio tradicionalmente firmó de manera semestral la paritaria, pero estamos peticionado que sean trimestrales para este año. Nuestras paritarias vencieron en marzo, a partir de abril empezamos a discutir y la realidad es que ya estamos ahí en tratativa de tener algún acuerdo cerrado y la idea es que sea de abril a junio trimestral.

Y este año, queremos que los cuatro trimestres estemos discutiendo, porque la realidad es que la realidad inflacionaria que estamos viviendo hoy la tenemos que ir llevando de esa manera, más con la actualidad de lo que le está sucediendo a la industria con un 10% de caída continua, que no levanta. No solo las diferentes ramas que representa la actividad, una de las ramas que más perjudicada hoy tenemos es la rama automotriz.

MG: ¿Por qué esta tan perjudicada la industria del vidrio?
CJ: “Porque se cayó la venta de lo automotriz y las terminales no están vendiendo y por ende a nosotros nos perjudica directamente, todo lo que es la producción de vidrios para los autos. No hay proyectos nuevos, mucho de los proyectos que estaban para hacerse acá se cayeron.

Hace pocos días que salió que el proyecto de Merdeces Benz, la Pick Up, que iba a ser en Córdoba, lo tiraron para atrás y ahora están viendo donde llevársela. Hacerla en otro país Brasil o México, es una locura, perder esas cosas para la Argentina estratégicamente es una locura”.

Somos una agencia de noticias sindicales. Nuestra misión es dar un espacio de encuentro e información a todos los sectores de la actividad, sin discriminar su capacidad y potencial

Seguir Leyendo

ANÁLISIS Y OPINIÓN

“La idea de que los trabajadores deban ceder derechos para obtener un empleo resulta insostenible”

ENTREVISTA | Para Pedro Américo Furtado la informalidad es uno de los grandes problemas que tiene la Argentina por resolver. El 2018 cerró, según el INDEC, con 20,4 millones de trabajadores de los cuales 4,9 millones no están registrados mientras que otros 4,9 son cuentapropistas.

Pablo Maradei

Publicado

|

Foto: MundoGremial.com ©

A horas de subirse a un avión con destino a Ginebra para participar desde el lunes en la la 108° Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, Pedro Américo Furtado, titular de la OIT, se prestó a un extenso diálogo con Mundo Gremial. La reforma laboral, algo que el Gobierno intentó llevar adelante desde que asumió en diciembre de 2015, aunque ahora frizada por el calendario electoral imperante, Furtado sostiene que “el desempleo tiene múltiples causas pero difícilmente pueda argumentarse que el rol del sector sindical es una de ellas”. Este lunes también estará en Suiza Dante Sica, el ministro de Producción y Trabajo.

– Se cumplen 100 años de la OIT. ¿Qué hito histórico laboral fue lo que impulsó a su creación? 
En términos históricos, la referencia inmediata para contextualizar la creación de la OIT es, desde luego, el final de la Primera Guerra Mundial, la Conferencia de Paz París en 1919 y lo que luego fuera el Tratado de Versalles y la Liga de las Naciones. Son hitos estrechamente conectados con la OIT, que además de ser la agencia más antigua de las Naciones Unidas, es la única cuyos mandantes son representantes de gobiernos, organizadores de empleadores y trabajadores. Si bien la guerra dejó países literalmente en ruinas, economías devastadas, familias desplazadas y toda una nueva geografía, las transformaciones en el mundo del trabajo habían comenzado mucho antes como resultado de procesos de industrialización, tanto en Europa como en Estados Unidos. Entonces, por un lado, los trabajadores ya organizados exigían condiciones más equitativas y seguras. Por otro lado, los gobiernos y los empleadores aceptaban la necesidad de colaborar y acordar normas para regular el trabajo, pero pensando más allá de la rentabilidad, sino en que hubiera justicia social. Ahí mismo se advirtió cuán relevante es el diálogo como herramienta de construcción colectiva. En este contexto nació la OIT y, precisamente, desde el preámbulo de su constitución, asumió una misión asociada a la paz universal y duradera.

Foto: MundoGremial.com ©

– Nos podría dar una síntesis de los problemas que se erradicaron en estos 100 años y cuáles son los desafíos que se presentan ahora?
El centenario de la OIT permitió hacer, como organización pero también de manera individual, un ejercicio retrospectivo muy interesante: identificar algunas cosas naturalizadas en torno al mundo del trabajo, como si hubieran sido siempre así, pero que en realidad son logros relativamente recientes. Piense en la jornada de ocho horas de trabajo, los fines de semana, la seguridad social, la protección de la maternidad, la inclusión de personas con discapacidad, el principio de igual remuneración por trabajo de igual valor y podríamos seguir. Hay una serie larga de derechos de los trabajadores que fueron conquistados a lo largo del tiempo y, en cada una de esas conquistas, la OIT estuvo presente. El análisis de los convenios, las normas y las recomendaciones que la OIT fue dando a lo largo de cien años muestra que, además de acompañar y guiar esa conquistas, también tuvo una visión que le permitió anticiparse a temas clave, como el caso de la migración laboral o la equidad de género. Existen flagelos como el trabajo forzoso o el trabajo infantil en los que se registraron avances muy notables, pero desde luego esos problemas todavía persisten. En el mundo son más de 152 millones las víctimas del trabajo infantil. En Argentina, son uno de cada diez niños y niñas de entre cinco y quince años. Aún hay inmigrantes que trabajan en condiciones de hacinamiento, con jornadas de trabajo extensas y alta precariedad, hay altos índices de accidentes y muertes en el lugar de trabajo, el desempleo juvenil es tres veces más alto que para el resto de la población. Pero el trabajo de la OIT realmente puede observase en mejoras concretas en la vida de todas las personas. Además de las deudas pendientes, también hay nuevas complejidades: los cambios demográficos, tecnológicos y climáticos impactan de manera transversal en todas las áreas del mundo del trabajo. Desde la posición de la OIT, si hay una respuesta común para hacer frente a estos desafíos, es el diálogo social: la herramienta más potente para que los gobiernos, sindicatos y empresas puedan revitalizar el contrato social poniendo a a las personas en el centro del debate.

– Comenzó la 108° Conferencia Internacional en Ginebra y el futuro del Trabajo será la cuestión medular a tratar. Da la impresión de que por esta reconversión son más los trabajos que se pierden que los que se generan nuevos. Podría darnos un paneo de la situación en Argentina y en el resto del mundo.
Aunque ese tema a menudo genera inquietudes y cierto grado de pesimismo, los desafíos son también oportunidades y el futuro no está escrito. A fin de cuentas, será lo que nosotros, como sociedad, seamos capaces de construir. Por un lado, los diagnósticos ya se conocen y son muy claros. ¿Se perderán puestos de trabajo? Sí, como ha sucedido siempre ante cada transformación socioeconómica y tecnológica de gran escala. Pero, ¿se crearán nuevas formas de empleo? ¡Sin dudas! Le doy un ejemplo: se calcula que la aplicación del Programa de París sobre el Clima causará la pérdida total de unos 6 millones de empleos, pero a su vez se estima que va a generar 24 millones de nuevos empleos. Una de las metas que perseguimos, en línea con los Objetivo de Desarrollos Sustentables (ODS), es crear (antes de 2030) 344 millones de empleos. Se necesitan 190 millones de empleos más para poner fin al desempleo actual. Y si bien las tendencias y los desafíos son mundiales, cada nación tiene sus particularidades específicas y la expresión de estos problemas se da siempre de maneras diferentes. En Argentina, existen oportunidades para generar trabajo decente en actividades con sostenibilidad ambiental en toda su estructura productiva y para una importante variedad de perfiles de trabajadores. La economía verde, la economía rural y la economía de cuidados son sectores estratégicos para sustituir la pérdida de empleos en las actividades intensivas y, además, para avanzar hacia una garantía laboral universal. Otro aspecto fundamental para pensar el futuro del trabajo es el derecho al aprendizaje permanente como método efectivo de contención social y reconversión de los puestos laborales perdidos.

Foto: MundoGremial.com ©

– Atado un poco a los debates sobre el futuro del trabajo, en nuestro país, los sindicatos explotan su protagonismo mediático cuando es época de discusión paritaria debido a los altos niveles de inflación que pesan desde hace años sobre nuestra economía; luego pareciera que no participaran en otras discusiones o debates respecto, por ejemplo, al futuro laboral. ¿Es tan así o es algo que queda relegado? En otros países sin inflación, ¿por dónde pasan las discusiones sindicales?
En primer lugar, la coyuntura macroeconómica de un país siempre va a impactar de manera directa en la realidad de los trabajadores, pero no es la única variable. Hay también aspectos estructurales de los mercados de trabajo, como la informalidad o la seguridad social, que tienen un peso muy significativo en la calidad del empleo y por extensión en el bienestar de la sociedad. Los sindicatos son un actor fundamental, como contraparte del sector empresarial y gubernamental, para discutir los procesos productivos y asegurar los derechos de los trabajadores y mejorar las condiciones laborales en sentido amplio. En Argentina, el sector sindical tiene una actividad muy intensa que trasciende y por mucho a las discusiones paritarias, independientemente del protagonismo mediático que puedan tener. Hay una tarea minuciosa y continuada del sector sindical argentino que no llega a verse reflejada en los medios, tal vez porque apunta a objetivos de mediano y largo plazo que implican procesos de investigación, discusión y consenso que sobrepasan los tiempos de la noticia. Todas las actividades, proyectos, estudios, investigaciones que se realizan desde la OIT cuentan con participación gremial en mayor o menor medida, con referentes que se destacan por una formación técnicamente muy sólida y que además inciden y acompañan en los procesos de cambio. En este momento, por ejemplo, solamente considerando proyectos de la OIT que involucran directamente a distintos referentes sindicales, los debates están pasando por la seguridad y la salud en el trabajo, la economía verde, la economía de plataformas, la violencia y el acoso laboral, las brechas de género, la inspección laboral, la erradicación del trabajo infantil y forzoso, la mayor representación de la mujer en el ámbito empresarial, el trabajo doméstico, las estrategias de formación profesional y desde luego la libertad sindical. Las organizaciones de trabajadores argentinas son muy diferentes a las de otros países de la región y del mundo, por su historia, su impronta, su formación y el impacto que generan. Todos los actores del ámbito laboral tienen que poder adaptar, a sus prácticas, estructuras para dar respuesta a los nuevos desafíos y creo que el sector sindical argentino avanza en esa dirección.

– La falta de derechos laborales y justicia social alcanza a diferentes países: en Argentina esta informalidad se da por los altos costos laborales según sostiene el Gobierno y los empresarios. En el resto de los países que padecen altos porcentajes que es lo que la determina?
La informalidad laboral es uno de los grandes desafíos que tiene por delante Argentina. En algunos segmentos críticos el empleo no registrado tiene niveles de precariedad que deben abordarse con urgencia y de manera integral, buscando generar empleos de mayor calidad, políticas productivas y empresas sostenibles. El rol de la inspección laboral en este aspecto es central. Valoramos los incentivos y las estrategias para facilitar una transición justa hacia la formalidad, con acuerdos sectoriales dirigidos al empleo rural y que mejoren también el acceso a la protección social. Pero en el país casi el 50 por ciento de la población empleada continua en la informalidad. En toda la región de América Latina y el Caribe se observan altos índices de informalidad. En países fuertemente competitivos y con economías desarrolladas, como Suecia, Alemania y Suiza, los costos laborales son muy altos y prácticamente no se registra informalidad. El informe de la comisión global sobre el futuro del trabajo que ahora se discute en Ginebra tiene una recomendación específica para abordar este problema, con una reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.

Foto: MundoGremial.com ©

– Desde que asumió Cambiemos se puso como uno de los focos del estancamiento económico laboral del país las fuertes estructuras sindicales que no permiten agilizar la toma de personal al no ceder derechos. Usted, ¿qué lectura tiene al respecto?
El desempleo tiene múltiples causas pero difícilmente pueda argumentarse que el rol del sector sindical es una de ellas. La OIT publicó su informe sobre las perspectivas sociales y del empleo en el mundo a comienzos de este año, y ya entonces se prevía la continuidad de la recesión económica y un incremento en el nivel del desempleo del 9,5 al 10 por ciento. En esta dinámica macroeconómica, los representantes de los trabajadores no han tenido una responsabilidad particular. En parte, pienso que la madurez del diálogo social entre los representantes tripartitos conduce necesariamente a relaciones caracterizadas por un menor antagonismo y una mayor negociación, en las que el concepto del trabajo decente se impone por su propio peso y, en ese contexto, la idea de que los trabajadores deban ceder derechos para obtener un empleo resulta insostenible.

– Siguiendo la línea de análisis por la que venimos, cuál es el grado de sindicalización de la Argentina respecto a la región y a otros países con fuertes sindicatos como puede ser Europa.
Si se cuentan los trabajadores formales y los no registrados, aproximadamente un 40 por ciento de la fuerza laboral está sindicalizada en Argentina; es decir cuatro de cada diez. En la mirada regional, esto significa que es el segundo país con mayor sindicalización, detrás de Uruguay, que de hecho cuenta con una de las tasas de afiliación sindical más altas del mundo. En los dos casos, y también considerando a Brasil, se observan porcentajes similares a los que tienen países de ingresos altos, pero todavía lejos de las naciones del norte europeo y los países escandinavos. Dinamarca y Finlandia, por ejemplo, tiene una tasa de sindicalización cercana al 70 por ciento.

Seguir Leyendo

ANÁLISIS Y OPINIÓN

El trabajo no es cosa de chicos

Por Raúl Ferrara, columnista de Mundo Gremial

Mundo Gremial

Publicado

|

Desde hace 17 años, a instancia de la Organización Internacional del Trabajo todos los 12 de Junio se conmemora en el mundo el Dia Internacional contra el Trabajo Infantil con el objeto de concientizar acerca de la magnitud de este problema y aunar esfuerzos para erradicarlo. En Argentina, el trabajo de menores de 16 años no solo está prohibido por ley, sino que desde el año 2008, a partir de la sanción de la Ley 26390, es considerado un delito con el que se penaliza a los empleadores que se aprovechan económicamente del trabajo de niños.

Sin embargo, lo que ya bien entrado el siglo XXI no debería ser materia de cuestionamiento, desde algunos sectores es visto con buenos ojos, destacando las bondades del trabajo temprano “para forjar el espíritu” o incluso señalando que “mejor que trabaje antes de que robe o se drogue”.

Ese mensaje reaccionario proviene incluso de cierta dirigencia política cercana o afín al gobierno. Recordemos el elocuente discurso del Senador por Entre Rios, Alfredo De Angeli, en el año 2014 pidiendo la legalización del trabajo infantil rural, o la nunca desmentida ni aclarada autorización de trabajo infantil a 45 chicos del recientemente reelecto Gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, en el año 2018.

Lo cierto es esta mirada omite considerar o, lo que es peor, oculta deliberadamente lo evidente: la pobreza que obliga a un niño a trabajar cuando debería estar disfrutando su niñez.

Pero incluso a quienes realizan ese análisis sesgado y simplista de las bondades del trabajo infantil se les dificulta sostenerlo frente a algunos interrogantes.

A quienes le otorgan un rol formador habría que preguntarles ¿Cómo inciden las labores desde la edad temprana en la educación del niño? En los casos en que el niño esta escolarizado ¿tiene el mismo rendimiento ese niño que trabaja? ¿tendrá las mismas oportunidades formativas un niño que trabaja respecto del que no lo hace? ¿Cuál es el nivel de terminalidad escolar de un niño que trabaja?A quienes le reconocen una función colaborativa con la economía familiar habría que preguntarles: ¿Por qué no se contrata a un adulto para realizar esa tarea? ¿se le paga el mismo salario al niño que trabaja que a un adulto? ¿Por qué no se le paga un mayor salario u horas suplementarias al padre para que ese niño no tenga que trabajar?

Las respuestas a todos estos interrogantes nos llevan nuevamente al lugar donde empezamos: la pobreza. Pobreza que encuentra como aliado de su perpetuación al trabajo infantil.

Aun las mejores herramientas de gestión dirigidas a combatir este flagelo caen en saco roto cuando no existe una política de gobierno direccionada a la eliminación de la pobreza. Si analizamos aquella promesa de campaña del Presidente Mauricio Macri denominada “POBREZA CERO” y los resultados de una gestión que ha llevado el desempleo a dos dígitos, ha subsumido a un tercio de los argentinos y a más de la mitad de los pibes en la pobreza, es evidente que hemos transitado el camino inverso al de una lucha real contra el trabajo infantil.

Seguir Leyendo

ANÁLISIS Y OPINIÓN

Argentina aplazada en luchar contra el trabajo infantil

Según la encuesta anual del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (del Observatorio de la Deuda Social de la UCA) el trabajo infantil aumentó 3,5% en los dos últimos años.

Pablo Maradei

Publicado

|

Rufina es una mujer de cabellos oscuros, andar cansado y mirada triste. Su documento acredita 51 años, pero sobre su cuerpo gastado por la faena prematura, y sus amargos recuerdos, parecen muchos más. Es de Neuquén donde siempre trabajó, porque lo de ella fue acatar órdenes desde niña y servir a otros.

“A los 8 empecé a trabajar con una familia puertas adentro. Fue decisión de mis padres que trabajara en una casa de familia. Empezaba a las 8 de la mañana y recuerdo que lo primero que hacía era llevar un cajoncito para subirme a él, prender la hornalla y calentar el desayuno. Terminaba a las 9 de la noche excepto que la familia tuviera invitados por lo que tenía que servir el café. A la escuela no fui nunca; nunca tuve niñez ni adolescencia: siempre fue trabajar. Recuerdo que no tuve nunca un juguete”.

Pasaron 43 años de este relato y, con cifras que indignan, la Argentina continúa perdiendo por varios cuerpos su lucha contra la erradicación del trabajo infantil. Es más, dolorosamente, en los últimos años el porcentaje creció: el último informe del equipo del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (del Observatorio de la Deuda Social de la UCA) dado a conocer el jueves pasado, da cuenta de que el 12% de los chicos de 5 a 17 años que trabajaba en 2017 pasó a 15,5% en 2018.

Otra forma de decirlo: hoy en la Argentina 763.500 niños y niñas de entre 5 y 15 años realizan actividades productivas, según los datos de la Encuesta de actividades de niñas, niños y adolescentes (EANNA).

Este miércoles es el Día Mundial contra el trabajo infantil, y el de Rufina es un caso en miles, una diminuta y filosa muestra de una estadística abrumadora. Por ello, la OIT decidió su conmemoración arropando la estadística con realidad, y a la frialdad numérica la acobijó con las calorías que da el sentimiento del relato: compiló bajo la campaña “100 años, 100 voces” testimonios de cien conciudadanos de cada una de nuestras 24 provincias.

El trabajo de campo, estará acompañado de obras originales referidas al trabajo infantil realizadas por el artista plástico Felipe González, llevó más de dos meses de ejecución y se puede ver en www.ilo.org/100voces.

“Hablar de trabajo infantil es hablar de una vulneración masiva de derechos; entre otras cosas, el trabajo infantil te formatea porque te hace sentir responsable del sostén económico familiar”, repasa el recorrido para Mundo Gremial, Gustavo Ponce, psicólogo y funcionario de la OIT especializado en la lucha contra este flagelo mundial.

Sigue: “El aporte de esta campaña de que el trabajo infantil no es producto de la situación actual te invita a pensar el tema desde una perspectiva histórica. Basta con leer a José Ingenieros, en sus escritos de 1919, para entender que el trabajo infantil es algo que persiste. De algún modo debemos promover una pregunta en la gente que cree que no está tan mal. Esa certeza es la que nos impide ver los daños que provoca el trabajo infantil. Eso es lo que debemos romper”.

La génesis de la campaña la cuenta Ponce: “Pensamos en 100 pensando en tener 100 voces; y de ahí surgió 100 años de que se creó la OIT, 100 voces. Desechamos pensar en una consultora que contratara a alguien que tocara el timbre casa por casa por todo el país y recurrimos a personas que conocen el territorio. Fue así que hicimos una red en la que trabajó el Gobieno nacional, provinciales, sindicatos como UATRE, CTERA que aportó con maestros rurales, de Trabajadoras de Casas particulares y Ladrilleros. También ayudaron otros aliados como el INTA y empresas citrícolas, como en el caso de Tucumán. ONG´s y personas que están involucradas con esta temática”.

La tristeza contenida, la carencia de juego y las lágrimas de estos 100 protagonistas al recordar aquella niñez paradójicamente huérfana de infancia y de recreos fueron un denominador común en todos ellos.

He aquí otros relatos..

“No conocí el jugar, nunca jugué. A los seis años ya me ocupaba de buscar leña y agua en el río”, dice Hugo, salteño y ahora cercano a los 40 años. A los 15, junto a sus hermanos, comenzó a trabajar en el tabaco.

Alicia, boliviana, afincada en Buenos Aires, cuenta con la voz quebrada: “A los 9 años trabajé; ayudé a mi madre; a los 12 años trabajé por la necesidad. Terminé la escuela y luego me fui a trabajar de empleadita; lejos de mis padres y aunque me trataban bien era muy triste. Solo era trabajar de doméstica y acá en Argentina empecé a trabajar con la verdura. Yo hubiera querido ser doctora; ahora le digo a mis nenas que estudien y no que sean como yo. Ahora estamos en Argentina y también es triste estar en otro país”.

Teófilo Cruz (70), de Jujuy, aporta su testimonio: “Limpiaba acequias cuando debía tener 15 años. Me crié con mi tía abuela Margarita Cruz de González, en Pampa Blanca. Con el tiempo me llevan a Salta para luego volver a mi pueblo: hice un poco de secundario pero no sé si terminé y mi padre me dijo que para comprar cosas necesitaba que yo trabajara; por lo que terminé haciendo limpieza”.

Con fortaleza de haber atravesado una vida dura, Antonela, de Mendoza, comparte: “Empecé a vivir con mi abuela a los 9 años y las dos fuimos las primeras en trabajar en el basural. El basural creció y empezamos a trabajar juntando cartón, ropa y vidrio y todo material que pudiéramos vender a Mendoza. Recuerdo que lo hacíamos todo el tiempo, ya sea en invierno o verano”.

Con su historia, Enrique, de Misiones, nos acerca el dolor de haber perdido su niñez: “Mi papá araba y a los 7 años empecé a sacar los yuyos que el arado dejaba. Desde aquel día y hasta el día de hoy seguí trabajando. Se juntaba algodón y si no había se juntaba maíz y cuando no había esos trabajos carpíamos. Mi papá era pobre y él salía a hacer changas y nosotros trabajábamos. A los 8 años carpiendo el tábajo me picó una yarará y casi muero porque no había médico en el pueblo. En caballo fuimos a la casa del viejito que era conocedor y me salvó; ya había salvado muchas vidas. A los 10 años empecé a arar yo”.

Seguir Leyendo
Aviso

LAS MÁS LEIDAS

Copyright © 2018 MUNDO GREMAIL. Desing by | dosveintiuno