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INTERNACIONAL

Boric y el desafío de restablecer un modelo de protección social en Chile

Por Leopoldo Sosa , columnista de Internacionales

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Foto: Twitter @fotoencampana

Gabriel Boric en su primer discurso ante más de 100 mil personas apeló a dos formas muy particulares. Dijo que «hablaba para todos los pueblos que habitan ese lugar llamado Chile», y frente «a los ojos de Chile y el mundo» como testigos.

Vamos a partir de estas referencias a la escala de los desafíos asumidos por la alianza ganadora ya que este domingo quedaron planteados los desafíos y las expectativas a cubrir

En la escala local, al hablar de «todos los pueblos…»‘ además de atender las demandas de los pueblos originarios y de diversos grupos que viven en Chile debemos pensar en los ganadores y perdedores del actual sistema. Aquí hablamos en buena medida de los que llevaron adelante el estallido de 2019 y que serán los más duros de conformar

Las demandas de todo el espectro votante y el proceso político que se viene desarrollando debería desembocar en un gobierno liberal en lo político y de izquierda en los económico a la manera de la socialdemocracia europea.

En cuanto a lo nuevo rol social del Estado lo podríamos llamar rol de «protección social» para no ser tan ambiciosos de pensar en una vuelta al Estado de Bienestar en estas épocas.

Las demandas de este modelo serán la instalación de una red de seguridad social que comprenda en primer término una reforma integral régimen de pensiones por uno público, autónomo y sin fines de lucro.

Los diferentes retiros que fueron haciendo los trabajadores de sus cuentas personales para afrontar el aislamiento durante la pandemia han dejado al sistema de capitalización individual al borde de la quiebra.

Ya desde antes de la pandemia y los retiros las administradores de fondos de pensión venían fracasado a la hora de resguardar el interés superior de los beneficiarios y habían cosechado muchos al repartir sus ganancias entre ellos.

Uno de los puntos de conflicto que tendrá lugar, es si se intenta homologar el sistema de pensión de las fuerzas armadas y de seguridad con un nuevo sistema previsional. Los retirados de ambas fuerzas no querrán perder beneficios o compartir riesgos en un sistema solidario. Al establecer un subsistema diferenciado para estos sectores Pinochet colocó un candado difícil de abrir.

Volviendo sobre los retiros efectuados de los fondos individuales puede llegar el día en qué las actuales administradoras utilicen esos retiros para justificar el fracaso del sistema y evadir la responsabilidad que les hubiera cabido por su actuar.

En segundo orden se debería esperar cambios en la normativa laboral. La nueva Constitución debería aceptar abiertamente el derecho a huelga sin cortapisas. En materia de derecho colectivos se deberán ampliar a los convenios por actividad y no por empresas que es cuando los grupos pierden capacidad para negociar.

En tercer orden todo lo relativo a los seguros y sistemas de protección a la salud de los trabajadores. Estos deberían estar en manos de fondos mutuales u obras sociales propias fundadas en motivos más solidarios que lucrativos.

En cuarto lugar deberían revisarse los regímenes laborales. Durante la pandemia hubo rubros sobre exigidos al igual que en todo Latinoamérica. En el caso de la minería hubo mucha presión para no descontinuar el trabajo.

En relación al empleo y el salario un texto de campaña prometía «condiciones laborales y trabajo decente», reducción de jornada laboral a 40 horas, salario mínimo de 500.000 (620 dólares) al final del Gobierno, potenciar la seguridad en relación a las cesantía, y recuperar la participación femenina perdida en los años de pandemia

En el quinto lugar se deben esperar cambios en materia de acceso y permanencia en la educación superior. Esto representa un bien público para la clase trabajadora. Aquí juegan mucho los proyectos familiares a largo plazo.

Por último y muy importante es un nuevo sistema de salud que achique la diferencia entre la salud pública y la privada. Boric había propuesto crear un Fondo Universal de Salud (FUS) encargado de administrar los fondos que aportan los trabajadores y los recursos que aporta el Estado.

Dentro de los objetivos propuestos se pretende reducir los tiempos de espera para acceder a especialistas y cirugías. A esto se llegaría con un aumento progresivo del gasto fiscal en salud.

Los desafíos

¿Cómo se financiará todo esto? En principio con un aumento de las regalías mineras y el impuesto sobre el patrimonio que promueva el crecimiento inclusivo. Una economía de mercado con protección social protección social.

En los últimos días se aseguró a los empresarios que los cambios serán paulatinos y terminó dando señales al mercado con la frase que aseguraba que buscará «expandir los derechos sociales» con «responsabilidad fiscal». Lo cierto es que las intenciones se ven bien pero se ve poco financiamiento real.

El Estado neoliberal implantado por la dictadura de Pinochet se encuentra agotado pese a los buenos resultados alcanzados en materia económica. El experimento neoliberal chileno terminó, los primeros resultados sirvieron para desactivar la bomba colectivista de Allende y probar las teorías de Milton Fridman pero en Chile ya no tiene lugar.

Por estas horas «lo viejo no termina de morir y lo nuevo de nacer». Boric tiene ideas y demandas de un nuevo régimen pero deberá afrontar buena parte del primer año con un aparato estatal del viejo régimen, sin mayorías parlamentarias y buena parte del electorado en su contra.

Desde hace meses sesiona una Convención Constituyente que debe ofrecer una nueva Constitución que será plebiscitada en el segundo semestre por «sí o no» en 2022. Si Boric hace bien las cosas los primeros diez meses se asegurará cruzar el umbral al nuevo régimen para recién comenzar su gobierno.

Orbit e Orbis

En la primera parte del texto habíamos entrecomillado la invocación de «a los ojos de Chile y el mundo» como testigos. Con esto hacíamos referencia a la segunda escala. La regional y global. Así como caracterizamos la implantación del neoliberalismo como un experimento a cielo abierto, su salida también y los ojos del mundo estarán prestando atención al fenómeno.

Si bien el camino que debe enfrentar Chile es único y lo debe hacer solo, es bueno tener la compañía y el respaldo de otros países si las cosas se ponen feas. Lo cierto es que el continente está dividido entre países gobernados por la derecha -como Brasil, Colombia, Uruguay, Paraguay y Ecuador- y los de izquierda -como México, Argentina, Perú, Bolivia, Venezuela, Nicaragua. Sin lugar para grises.

En las monarquías europeas se acuñó la frase «El rey ha muerto, viva el rey» que además de despedir al rey saliente y recibir al entrante servía para alejar la situación de acefalía o interregno. Hasta que sea aprobada la nueva Constitución, se podría decir que el antiguo y nuevo régimen no tienen ganada ni pérdida la partida y esto sin dudas puede ser peligroso.

La buena noticia viene de la mano del apoyo que este proceso recibirá de la mano de los trabajadores que en buena medida son quienes ocuparon la calle en octubre del 2019 y dieron lugar a estos cambios.

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